“Veracruz es un cementerio de migrantes más grande de México”, fue la tronante declaración del sacerdote Alejandro Solalinde, en tiempos de Fidel Herrera Beltrán, justo cuando se dieron los hechos violentos en Villarín, en marzo de 2007. Esta entidad comenzaba su dramática Vía Crucis de hechos violentos, secuestros y desaparecidos. El asombro social se colmó cuando en septiembre de 2011 en Boca del Rio, justo enfrente del World Trade Center donde se celebraba el Encuentro Nacional de presidentes de Tribunales Superiores y Procuradores de Justicia, nadie vio cuando se esparcieron 35 cadáveres en vía pública. Hay en el registro histórico de los veracruzanos información con datos duros acerca de cómo Coatzacoalcos se convirtió en un foco de violencia viralizada durante el gobierno de Duarte de Ochoa, impotente para detenerla. En Acultzingo se descubrió un Centro de Adiestramiento, fosas clandestinas fueron nuestras horrorosas de cuanto allí sucedía. En Lomas de Sante Fe, al norte de la ciudad de Veracruz fue localizada una fosa clandestina con decenas de cadáveres, todo un escenario que habitantes de Poza Rica, Pánuco, Arbolillo, etc., pueden atestiguar como una “normalidad” ya enquistada en nuestro territorio.
Ahora, la nota del momento se refiere a una fosa clandestina donde hay 17 cadáveres, según la activista Lenit Enríquez, ese nuevo hallazgo en el entorno veracruzano confirma el fracaso de políticas de seguridad implementadas en el desgobierno de Cuitláhuac García, fiel émulo de su mentor nacional en la estrategia de los abrazos sin balazos. Pero el gobierno de Rocío Nahle ya cursa su segundo año, las culpas del pasado allá quedan, porque a la población veracruzana le importa recuperar la paz y la tranquilidad perdidas. Las luces de la retórica ya no alcanzan, han perdido intensidad frente a la ola de violencia que se adueña del territorio veracruzano. La seguridad pública es una función de Estado, dice nuestro texto constitucional, pero está comprobado que ni las entidades federativas ni los municipios han alcanzado la capacitación necesaria para enfrentar el acoso de la delincuencia organizada, y la federación, sola, no puede atender al unísono el enorme reto que representa devolverle al Estado Mexicano el territorio bajo los designios de la delincuencia. |
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