“El ejercicio del poder desgasta a quien lo ejerce”, es un axioma empíricamente comprobado y tendríamos que agregar que la temporalidad de ese poder no determina el desgaste, según es posible observarlo en nuestra realidad política. En el caso del PRI su larga permanencia en el poder lo llevó al apogeo total, pero simultáneamente su estructura y militancia estaban siendo carcomidos a la par que el país evolucionaba y maduraba su participación política impulsada por el libre juego de la competencia partidista. También por los señalamientos de sus opositores que le atribuían las culpas inherentes al sistema político y de las crisis económicas propias del modelo adoptado para el crecimiento y desarrollo social. La corrupción, una lacra social históricamente engendrada en nuestro devenir como nación, fue otro de los expedientes adjuntados al PRI, en grado tal que las nuevas generaciones lo identifican como su fuente de origen. Pero gobernar ininterrumpidamente un país desde 1946 al año 2000 cuando perdió la presidencia, con un interregno de 2012 a 2018, sirviendo de mecanismo electoral para transiciones pacificas del poder es todo un récord histórico, y a la vez queda demostrada la sabiduría política de quienes encausaron esa evolución política del pueblo mexicano. Que pudo ser mejor, ni duda cabe, pero gracias a la apertura democrática de la que el PRI fue impulsor importante el Partido opositor por antonomasia, el PAN, logró el triunfo electoral en 2000 y 2006, y no fue por generación espontánea del espíritu democrático que en 2018 un partido de nueva creación ganara la presidencia de la república con Andrés Manuel López Obrador al frente.
MORENA gobierna este país desde hace siete años, territorialmente en 24 entidades de la federación, caso insólito. Pero si el PRI se fue demeritando durante los 60 años que gobernó este país, en solo siete años MORENA está sufriendo los síntomas de un desgaste acelerado. Si al PRI se le acusa de corrupto, a MORENA el sambenito de narco partido lo está carcomiendo desde sus inicios. Al PRI lo impulsó toda una clase política emergida del Movimiento Revolucionario de 2010, la Revolución “se bajó del caballo” en la transición de Ávila Camacho a Miguel Alemán Valdés, fue “la familia revolucionaria” cada seis años renovada. El expresidente Emilio Portes Gil hizo una autocritica fulminante cuando expresó que “cada seis años salía una comalada de nuevos ricos”, hubo corrupción en el PRI, si, por supuesto. Pero MORENA solo lleva siete años en el ejercicio del poder, su impulso fue el liderazgo carismático de un solo hombre, López Obrador, de allí su vulnerabilidad extrema, sin dejar a un lado que la corrupción permea en todas sus filas, Segalmex, Huachicol, Birmex, etc. Y lo peor, muchos en su cúpula están temerosos de ser llamados a cuenta en cualquier momento. Sus gobernadores no son la mejor muestra para el buen gobierno, Cuitláhuac García, Cuauhtémoc Blanco, Evelyn Salgado, Layda Sansores, Armenta, Rocha Moya y muchos más son remoras que vienen afectando a Morena, diputadas detenidas por transportar cantidades de dinero de origen desconocido, la alcaldesa de Acapulco emproblemada por exhibir un collar de más de 200 mil pesos y sin poder explicar el destino de 900 millones de pesos. Y para acabarla, el líder. Andrés Manuel López Obrador, se encuentra en el comentario generalizado con la captura de Maduro. Si, el ejercicio del poder desgasta. |
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