Ya lo hemos asentado en este espacio: el arranque del gobierno de Rocío Nahle ha sido complicado, en parte porque recibió un pesado legado de Cuitláhuac García, y acaso porque como no hay escuela para gobernadores la curva de aprendizaje ha cobrado intereses. Tiene enfrente la gobernadora de Veracruz una gran presión social revestida de rezagos en todos los ordenes de la vida cotidiana de esta entidad, que exige atención y respuesta pronta. En su primer año, el 2025, Rocío Nahle hizo anuncios promisorios, lo del puente de Coatzacoalcos, el proyecto del puente sobre el rio Jamapa, la pavimentación de la carretera Isla-Santiago Tuxtla, la Martínez-Tlapacoyan, el acueducto de Xalapa, todas aun en proceso pese a ser tramos cortos cuya conclusión requiere de pocos meses. Pero en nuestro caso es asunto de eficiencia (porque dinero hay, según se dice). También en Sector Salud se evidencia ausencia de coordinación en los mandos internos, que dejan mal parada a la gobernadora, ese expediente es consecuencia de un mando bicéfalo porque quien maneja el recurso financiero no obedece al mando sectorial sino a su normativa en finanzas. Esa duplicidad de mandos impide una coordinación eficiente, de allí el empantanamiento en el pago de las prestaciones al personal de Salud. Quien paga los platos rotos es la gobernadora, quien recibe los justos reclamos.
Pero también se avizora una ausencia de sensibilidad social por parte de quienes se encargan del diseño y aprobación de leyes, en este caso la propuesta de modificar la Ley del Impuesto al hospedaje, que pretende dejar al margen de su aplicación a prestadores de servicios turísticos. Este impuesto, al igual que el impuesto a la nómina, surgió en tiempos del gobernador Miguel Alemán con propósitos muy específicos y daba oportunidad a los respectivos sectores a opinar sobre el destino del recurso recabado. Aprobar una reforma como la propuesta, marginando a quienes son la fuente del recurso, o sea los hoteleros, expresa, por lo menos, un menosprecio a sector tan importante, de allí a las muestras de inconformidad solo hay un paso. Recién tomó posesión de su cargo, el gobernador Herrera Beltrán contaba que Manuel Barttlet le recomendó iniciar su gobierno con paso redoblado “porque cuando menos te lo piensas ya estás en el sexto año preparando la sucesión”. Beatriz Paredes llegó muy joven al gobierno de Tlaxcala, ya en su condición de exmandataria declaró que le hubiera gustado haber llegado con más experiencia al cargo de gobernadora. La única forma de superar ese síndrome se cristaliza con acciones de gobierno que dejen profunda y diversa huella física de su paso. Ojalá así sea en Veracruz. |
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