No es el presidente Trump quien por vez primera asegura que en México gobiernan los cárteles de la delincuencia, antes, en marzo de 2021, el general Glen VanHerck comandante del Comando Norte, declaró que “entre el 30 y 35 % del territorio mexicano es controlado por organizaciones criminales”, Trump ahora lo recicla y en respuesta la presidenta Sheinbaum responde: “es absolutamente falso que los cárteles gobiernen en México”. Lamentablemente, la terca realidad mexicana confirma el argumento del gobierno estadounidense. Cualquier mexicano bien nacido tiende a rechazar la injerencia de otro gobierno en nuestros asuntos internos, sin embargo, en este caso específico es difícil disentir del aserto sobre el fuerte posicionamiento de la delincuencia organizada en los diferentes niveles de la estructura política de nuestro país.
En el proceso electoral de 2021 se eligió más de la mitad de las gubernaturas estaduales y un grueso número de ayuntamientos, un somero repaso de aquel proceso nos permite recordar la escandalosa intromisión del crimen organizado en Sinaloa, Colima, Nayarit, Michoacán, Baja California, etc. La “Operación Enjambre” implementada por el actual gobierno federal en el Estado de México reveló la forma en cómo están infiltrados algunos gobiernos municipales y como resultado varios alcaldes ya pagan condenas carcelarias. El entredicho en que se encuentra la gobernadora de Baja California es fiel reflejo de aquella elección, el caso de Adán Augusto López, que siendo gobernador de Tabasco encargó la seguridad de sus gobernados al líder de “La Barredora”, es elocuente, incuestionable constancia de la inaceptable componenda entre políticos y delincuentes, el Mayo Zambada delató sus vínculos con el gobernador de Sinaloa, Rocha Moya. El asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, confirma la profunda penetración de la delincuencia en mandos políticos de Michoacán, y para enfatizar esa dramática realidad la reciente detención del alcalde de Tequila pone, otra vez, al descubierto la infiltración del crimen organizado en estructuras políticas de este país. Ante estos hechos es difícil coincidir, como quisiéramos, con la presidenta Sheinbaum cuando niega la fuerte presencia delincuencial en la esfera política nacional. Menos aun cuando insiste en que en México gobierna el pueblo, porque la población, el pueblo, vive temerosa de su seguridad, buscando la subsistencia diaria o el empleo y difícilmente tiene acceso a los pasillos del poder. |
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