TREINTA Y seis años después de tomar por asalto a Panamá y llevarse detenido a su hombre fuerte, el Comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa, Manuel Antonio Noriega Moreno, Estados Unidos invadió por segunda ocasión a una nación latinoamericana, en este caso Venezuela, llevándose detenido a su Presidente Nicolás Maduro Moros, de 63 años, y a su esposa Cilia Adela Flores de Maduro, de 69, ambos acusados por un Fiscal de Nueva York por conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para introducir cocaína en EU y otros delitos relacionados con armas, dejando en el aire veladas amenazas contra el Presidente de Colombia, Gustavo Petro y sus allegados, a los que acusa de tener vínculos con el narcotráfico y de facilitar el tráfico de drogas hacia la Nación del Norte; a Cuba por la dictadura que se ejerce ahí desde hace muchas décadas, y de refilón a México a cuya Presidenta Claudia Sheinbaum definió como una “amiga” y “una buena mujer”, pero “los cárteles gobiernan México; ella no gobierna”, y en ese contexto dejó en claro que le ha ofrecido “muchas veces” la posibilidad de que el Ejército estadounidense acabe con el narcotráfico mexicano, pero la presidenta le ha pedido no hacerlo. Trump asume que cientos de miles de personas mueren en Estados Unidos por culpa de las drogas que, dice, en su mayoría entran por la frontera con México: “Por si no lo saben, entran por la frontera sur. Habrá que hacer algo con México”. Lo curioso es que, en la captura de Maduro, pese a encontrarse en un bunker muy resguardado, no hubo resistencia militar. Más bien parecería que su propia gente a los guardias cubanos que usaba como guardaespaldas, simple y llanamente lo entregaron, pues el dictador, pese a que algunos mexicanos condenaron su detención, los venezolanos en el exterior lo repudiaban, incluso al interior del País que sometió y en el que persiguió a la oposición, amén de haber mandado a asesinar a cientos de personas y otros tantos encarcelarlos.
AUN SE recuerda cuando Estados Unidos capturó a Manuel Antonio Noriega, el poderoso gobernante de facto de Panamá, aquel 3 de enero de 1990 (hace exactamente 36 años), tras la invasión estadounidense conocida como "Operación Causa Justa" que comenzó el 20 de diciembre de 1989 con el objetivo principal de derrocar a Noriega, quien había sido acusado por tribunales estadounidenses de narcotráfico (al igual que Maduro y su esposa), blanqueo de capitales e instauración de una dictadura, por lo que el objetivo de la invasión era restaurar la democracia en ese país. Tras intensos combates, Noriega logró evadir la captura inicial y se refugió en la Nunciatura Apostólica (embajada del Vaticano) en la Ciudad de Panamá, un lugar protegido por el derecho internacional, pero las fuerzas estadounidenses rodearon la Nunciatura y emplearon tácticas de presión psicológica, incluyendo música rock a alto volumen durante varios días. Finalmente, Noriega se entregó voluntariamente el 3 de enero de 1990, siendo trasladado a Miami, Florida, donde fue juzgado y condenado por narcotráfico, extorsión y blanqueo de capitales. Recibió una sentencia de 40 años de prisión, que luego fue reducida a 20 años por buena conducta, y tras cumplir su condena en Estados Unidos y Francia a donde fue extraditado, Noriega fue entregado a Panamá en 2011, donde murió en 2017 mientras cumplía condena por crímenes cometidos durante su régimen militar, algo que seguramente le espera al arrogante Maduro, un sujeto que como el Pez cayó por la boca, pues en un arranque de machismo absurdo, llamó cobarde al Presidente Donald Trump y lo incitó a que fuera por él al palacio de Miraflores, en Venezuela, donde lo estaría esperando, lo que finalmente le cumplieron el pasado sábado 3 de Enero, 36 años después de la captura de Noriega.
QUIZA POR ello, porque sabe que con Donald Trump no se juega, el ex Presidente Andrés Manuel López Obrador –en cuyo periodo se acrecentó el narcotráfico por su política de abrazos no balazos-, abandono su claustro o autoexilio en su rancho “la chingada”, para reaparecer con un mensaje público en el que condena el ataque de Estados Unidos contra Venezuela, la captura del presidente Nicolás Maduro y el anuncio de Donald Trump de que su gobierno administrará a aquel País dominado por la milicia bolivariana que, por lo visto prefiere mantener la calma, como la mantuvo durante la invasión estadounidense, pues no hubo ni siquiera intentos de seguir al buque anfibio en el que fue trasladado Maduro a la prisión de Guantánamo, en Cuba, para luego ser llevado por aire a Nueva York donde será juzgado. AMLO le dice a Trump que ni Simón Bolívar ni Abraham Lincoln aceptarían que Estados Unidos actuara como una “tiranía mundial”, y afirmó que sus convicciones libertarias le impiden guardar silencio ante lo que calificó como un atentado a la soberanía venezolana (olvidando que ya EU invadió en 1989 Panamá e hizo lo mismo con Noriega). Por lo pronto expresó su total apoyo a la presidenta Claudia Sheinbaum, al subrayar su identidad latinoamericana y su respaldo al gobierno mexicano. “Soy mexicano con mucho orgullo, pero también latinoamericano. Apoyo incondicionalmente a mi presidenta Claudia Sheinbaum”, por lo que pidió al estadounidense actuar con prudencia y no dejarse llevar por sectores belicistas dentro de su propio país. “Presidente Trump: no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico”, señaló en su mensaje, al tiempo que le advirtió que lo que hoy puede presentarse como un triunfo político o militar puede convertirse en una derrota de largo alcance. “No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición”, y calificó de “secuestro” la detención de Maduro recordándole que ‘el respeto al derecho ajeno es la paz’, como enseñó Benito Juárez en el siglo XIX”. Ya para terminar añadió: “Por ahora no le mando un abrazo”, lo que debe tener preocupadísimo a Mr Trump.
*****
HABLANDO DE detenciones arbitrarias, la perpetrada en Coatzacoalcos contra el periodista de nota roja, Rafael León Segovia, conocido como Lafita León fue, no solo indignante, sino improcedente e ilegal, pues el único delito cometido por el comunicador es llegar antes que la policía al lugar de los hechos que son noticia, en suma, la Fiscalía Estatal que buscó endilgarle el cargo de terrorista que en México no se le aplica ni al narco, provocó malestar y condenas, lo que hizo que la fiscala carnala Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, reculara o como dice la canción, le diera “de reversa mami”, luego de que la Presidenta Claudia Sheinbaum llamó la atención a las autoridades veracruzanas. Ahora que, el caso es serio para los periodistas, pues tal parece que con el caso Lafita León se pretende obligar a comunicadores a revelar sus fuentes –aunque es simple, señores autoridades: las fuentes emergen de los propios órganos de Gobierno hartas del maltrato-. Olvida la titular de la FGE que la fuente del periodista es sagrada, ya que significa proteger su identidad. Se trata de un principio ético y legal fundamental del periodismo, crucial para la libertad de prensa y el derecho a la información, permitiendo denunciar abusos que, por supuesto, deben corroborarse. Así las cosas.
*****
UN MUY feliz año nuevo a los lectores y no lectores. Se trata de ver la vida con optimismo, trabajar mucho para vivir mejor y no olvidar que la humildad es el nutriente del alma. Que todos los anhelos se cumplan con la guía certera del Creador Supremo. OPINA carjesus30@hotmail.com
|
|