Era un día como aquel viejo cuento que dos jarochos se encontraban en Londres y la neblina aparecía y uno de ellos le decía al otro: ‘Carajo, manito, debe estar haciendo Norte en Veracruz’. Así es con nosotros en Orizaba. Cada que pega un jarocho Norte fuerte, al otro día recibimos la embestida del mal tiempo, cuando la neblina se posa sobre las altas montañas, y el chipi chipi primero llega y quizá un poco más tarde la lluvia pertinaz, como aquel gran poema de Federico García Lorca: “La lluvia tiene un vago secreto de ternura, algo de soñolencia resignada y amable, una música humilde se despierta con ella que hace vibrar el alma dormida del paisaje. Es un besar azul que recibe la Tierra, el mito primitivo que vuelve a realizarse. El contacto ya frío de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecer constante. Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores y nos unge de espíritu santo de los mares. La que derrama vida sobre las sementeras y en el alma tristeza de lo que no se sabe”.
Mañana fría, con amanecer de 12 grados y con la lluvia que cae poco a poco y un frio que cala, pero hay que salir a caminar y hacer la calle en un domingo de futbol americano de eliminatorias. Anoche mismo recibí llamada de Othón González Ruiz, aquel famoso personaje que un tiempo llegó a Veracruz y hacia funciones a tres gobernadores, Miguel, Fidel y Javier. Luego partió a Quintana Roo a asesorar a otro más. Venía con su familia, esposa y sus hijos y para no hacerla muy cansada nos fuimos, con mi hija Marymar, a desayunar a Corazón de Amaranto, un lugar de restauranteria del Polifórum.
Othón ponderaba la ciudad, me decía lo limpia que la veía y lo exitosa que estaba en turismo. Si, le dije que era trabajo de muchos años donde el emperador fue y jugó papel relevante, pero que debía continuar el empuje de esta Orizaba, pues Hugo Chahin Kuri viene con todas las ganas del mundo y tomó buena experiencia en cuatro años en el DIF. Desayunamos rico y partió hacia Puebla, tierra donde ahora acampa
SIGUE CUBA
En el tapete electoral del nuevo emperador del mundo, alguien llamado Donald Trump, después de presumir el apañe del dictador Maduro y poner a temblar a México por estar regalando petróleo a los cubanos, grita a los cuatro vientos, como aquella rola: “Quiero gritar a los cuatro vientos…”, que sigue Cuba. Y junto a su segundo de abordo, Marco Rubio, un hombre nacido cubano quien mejor conoce la vida de miseria que vive Cuba, están preparando o la invasión o negociación, al estilo de Maduro, aunque Díaz Canel no es lo mismo. Al tomar Venezuela se encontraron con la sorpresa de que 30 y pico de los abatidos eran cubanos, la guardia pretoriana de Maduro. Todos cayeron, porque contra ese Ejército americano de los Deal o Rangers, o cómo se llamen, poco se puede hacer. La tecnología y el tiro certero de esos soldados no la tiene nadie en el mundo. Lo vimos en la película que se hizo cuando en tiempo de Obama liquidaron a Osama Bin Laden.
Es tiempo de liberar a Cuba, ese pueblo no se merece el sufrimiento de la pobreza de su gente, como ellos han sido grandes que la nueva Miami la formaron y forjaron con el empuje de muchísimos cubanos, que llegaron exiliados, entre ellos los padres de Marco Rubio, que un día huyeron de la Isla de Fidel Castro y llegaron a lavar platos a Miami.
Venga, pues.
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