Temprano, cuando el sueño se va y comienza uno al despierte, dirían en Tierra Blanca, llegó un temblor y con el temblor que cosas suceden, diría Yuri. 7:58 los teléfonos celulares comenzaron a sonar feo y fuerte, la alerta sísmica se activó, las lámparas se movían, al principio yo mero pensé que era mi vértigo, el que me acompaña todo el año, pero no, vi balancearse a las lámparas pues fue un temblor oscilatorio y, como vivimos en zona sísmica, había que pararse y buscar la salida, pero fue rápido, no hubo necesidad de salir. En Guerrero, que es la zona donde tiembla, fue el epicentro.
Me acordé de una amigan santanderina, María Elena Ugarte, que alguna vez de hace años me dijo quería venir a México, porque nunca en su vida había sentido un temblor, y Orizaba es zona de temblores, aquí nos han pegado algunos duros.
En seguida por los WhatsApps todos nos preguntábamos cómo nos había ido ¿Lo sentiste?, era la pregunta indispensable. Luego, a prender la tele y ver los canales informando lo mismo, sin daños y el epicentro fue en tal lado.
Bueno es el primer temblor del año y ojalá los futuros lleguen así, quedito y bamboleando.
En esas estaba leyendo EL TIEMPO, del gran Vicent. Lo comparto.
EL TIEMPO
Manuel Vicent Diario El País.
El tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada. Después de Reyes, un día notarás que la luz dorada de la tarde se demora en la pared de enfrente y apenas te des cuenta será primavera. Ajenos a ti en algunos valles florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates. Una mañana radiante, camino del trabajo, puede que sientas una pulsión en la sangre cuando te cruces en la acera con un cuerpo juvenil que estalla por las costuras, y un atardecer con olor a paja quemada oirás que canta el cuclillo y a las fruterías habrán llegado las cerezas, las fresas y los melocotones y sin saber por qué ya será verano. De pronto te sorprenderás a ti mismo rodeado de niños cargando la sombrilla, el flotador y las sillas plegables en el coche para cumplir con el rito de olvidarte del jefe y de los compañeros de la oficina, pero el gran atasco de regreso a la ciudad será la señal de que las vacaciones han terminado y de la playa te llevarás el recuerdo de un sol que no podrás distinguir del sol del año pasado. El bronceado permanecerá un mes en tu piel y una tarde descubrirás que la pared de enfrente oscurece antes de hora. Enseguida volverán los anuncios de turrones, sonará el primer villancico y será otra vez Navidad. La monotonía hace que los días resbalen sobre la vida a una velocidad increíble sin dejar una huella. Los inviernos de la niñez, los veranos de la adolescencia eran largos e intensos porque cada día había sensaciones nuevas y con ellas te abrías camino en la vida cuesta arriba contra el tiempo. En forma de miedo o de aventura estrenabas el mundo cada mañana al levantarte de la cama. No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.
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