La crisis existencial del Partido Revolucionario Institucional coincidió con eventos relativos a lo electoral, concretamente cuando en 1987 se produjo su primera ruptura con la expulsión y salida de sus filas de Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, entre otros priistas que en 1988 le presentaron oposición electoral. Esa fue la primera cuenta del rosario a la que han seguido otras muchas, profundizándose a partir de la inusitada llegada de “Alito” Moreno a la dirigencia nacional, lo cual aceleró su tránsito hacia el abismo político, al parecer en un camino sin retroceso. Ya para 2018 el PRI gobernaba solo en 12 entidades federativas, aunque conservaba el estado de México, la primera fuerza electoral del país, solo que en la elección de 2021 su patrimonio federativo se redujo a solo cuatro entidades y en 2023 perdió su ultimo bastión, la entidad mexiquense. Actualmente, el PRI solo gobierna en Durango y Coahuila, de importancia electoral bastante reducida, es decir, el PRI se ha minimizado como fuerza electoral efectiva, si bien en la elección del domingo próximo pudiera resultar victorioso en Coahuila, nada para el optimismo.
En ese escenario nacional figura la entidad veracruzana, donde a partir de 2016 el PRI pasó a ser oposición tras ser vencido por la alianza PAN-PRD que postuló a Miguel Ángel Yunes Linares, por cierto, uno de sus expresidentes de Comité Directivo. En 1995 el Partido Revolucionario Institucional veracruzano recibió la ya nada sorpresiva renuncia de Dante Delgado Rannauro, quien había gobernado la entidad en calidad de gobernador interino de 1988 a 1992, renunció al PRI en 1995, justo diez años después de haberse desempeñado como presidente de su Comité Directivo Estatal, en 1985, y como tal coordinó la campaña de Agustín Acosta Lagunes a gobernador de Veracruz en 1986. Diez años después, en 2005, otro expresidente estatal del PRI veracruzano, Miguel Ángel Yunes Linares, renunció a su militancia priista para incorporarse de lleno al PAN, donde virtualmente militaba desde que en 2010 apoyó la candidatura panista de Gerardo Buganza al gobierno estatal, en contra de Duarte de Ochoa. Hace un mes conocimos de la renuncia del diputado Héctor Yunes Landa a su militancia priista, también expresidente del CDE de ese partido, y ahora es Américo Zúñoga quien renuncia a permanecer como priista. Según se observa, el denominador común de estas renuncias es haber sido dirigente estatal priista, la diferencia en cada caso estriba en sus motivaciones, pero nada para reclamar porque en política rige la consigna de que nada es para siempre y predomina el interés personal en torno de una trayectoria política. Obviamente, no es posible culpar a Alejandro Moreno porque excepto las renuncias de Héctor y Américo las otras no fueron de su tiempo. Respecto del PRI, habiendo dejado de ser hegemónico ha perdido el encanto de antaño, de los tiempos en que renunciar a sus filas era una temeridad política, ahora ni cacha ni picha, calidad inherente a MORENA, el panal con mucha miel. |
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