“Homo homini lupus”, “el hombre es el lobo del hombre”, es frase escrita por Plauto un comediógrafo romano de entre los años 254-184 a.C. En el aiglo XVII, en el Leviatán, Thomas Hobbes retoma la idea para expresar que la condición humana en estado de naturaleza, sin leyes ni control alguno sobre su conducta adopta actitudes violentas en contra del otro, generando un escenario donde la violencia y el conflicto son una constante. De allí la imperiosa necesidad de crear una entidad colectiva superior que imponga normas de conducta al hombre en sociedad, que regularice su convivencia, usos y costumbres para dar paz y tranquilidad a la convivencia humana. La historia del hombre y de las naciones ha demostrado que pese a normas de conducta establecidas para ordenar la vida del hombre y de las naciones, desde que el hombre es hombre la constante es su actitud beligerante en contra del vecino o del de más allá. No ha habido una civilización en la cual no se hayan registrado conflictos a su interior o entre naciones. Creso invadió suelo persa y desató la gran avalancha persa sobre suelo europeo; la reversa la dio Alejandro Magno quien dominó gran parte del mundo conocido de su tiempo. Grecia y Esparta fueron mundos en conflicto; Roma extendió su imperio a Las Galas, al mundo Escita y a Bretaña. Y como todo por servir se acaba, todo el poderío manifestado en guerras de invasión, ocupación y colonización, de todos los imperios, ha desaparecido. España colonizadora sufrió su correspondiente decadencia. Napoleón llevó a Francia a su cumbre histórica, aunque también sangre y sufrimiento a su pueblo. Las dos “guerras mundiales” del siglo XX, además de miles de muertos dejaron enseñanzas, que para nada han servido porque luego vinieron Vietnam, las dos Coreas y el interminable conflicto con el mundo árabe.
Y en eso estamos en estos días, cuando observamos el materializado poderío del imperialismo yanqui utilizando su enorme maquinaria bélica para dominar al mundo sin importar colocar a la humanidad al borde de un conflicto generalizado en cuyo final solo podrá haber terror, temor y muerte, porque el supuesto vencedor recogerá cenizas tras su implacable muestra de poderío militar. No que Irán en este caso sea un santo de la caridad, emplear poderío económico para usar como ariete humano agentes terroristas no es ejemplo de vanguardia pacifista, la cuestión radica en si la única manera de agrietarlo es la eliminación por guerra. Presenciamos la lucha de dos visiones contrastantes, y la respuesta a ese conflicto, la más pesimista, ¿realista? pudiera ser que el hombre es el lobo del hombre. |
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