El sábado 30 de mayo, en Chihuahua se celebró multitudinario evento en respaldo a la gobernadora Maru Campos, a causa de la persecución política orquestada por autoridades federales en su contra, supuestamente por colaborar con el gobierno estadunidense al margen del marco normativo vigente. Acompañaron a la gobernadora los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, ambos se expresaron con la correspondiente carga política: “Morena es la nueva dictadura perfecta”, «El populismo está pasando a la historia por inútil. La democracia no es ciega», «Estos tipejos llevan 90 cambios constitucionales sólo para volverse autocráticos, sólo para volverse la dictadura perfecta», dijo Fox. Por su parte, Calderón expresó: «Lo que México exige son más Marus Campos y menos Rochas Moyas»; «En México se está construyendo un Estado autoritario que sólo podrá detenerse con la fuerza organizada de los ciudadanos. ¡Vamos a detenerlo antes de que sea tarde!»; «México necesita que dejemos de confundir ‘Nación’ con ‘facción’, ‘justicia’ con ‘venganza y persecución’, ‘soberanía’ por ‘impunidad”. A todas luces, ese discurso es fiel reflejo de dos visiones sobre México mutuamente embestidas.
Porque, a su vez, el oficialismo, la presidenta dijo ayer en el Monumento a la Revolución: “La verdadera obra cumbre (de Fox), fue el fraude electoral del 2006 que llevó a la presidencia al espurio de Felipe Calderón, que llenó al país de muerte, de sangre, con la fallida guerra contra el narco, en la que la alianza con un cártel de la droga fue demostrada con creces. Ese fue el narcogobierno”. Y en medio de esa pugnaz confrontación de retorica encendida está el pueblo de México, los abandonados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y muchos más del territorio nacional. Según la OCDE, uno de cada cinco jóvenes mexicanos se encuentra fuera del sistema educativo y sin empleo. La economía nacional no crece desde hace siete años, el 56 por ciento de los empleos son informales, el déficit fiscal es muy elevado, la extorsión sigue en apogeo, la violencia no cesa. Entre esa vorágine de discursos que polarizan se escucha la voz del obispo de Chiapas: “Chiapas como el resto del país, hace tiempo que perdió la paz”, “no queremos más mentiras, no más violencia ni dolor. Queremos una nación donde podamos vivir como hermanos”. Pero esa homilía, como están las cosas en nuestro país, queda en el remanso de un sueño de verano inmerso en una confrontación política que escala a niveles peligrosos. |
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