La muy discutida reinauguración del estadio Azteca, ahora denominado Banorte, se apareja con expectativas vinculadas a la política, toda vez que hace 8 años el gobierno de la república se comprometió a organizar, junto con Estados Unidos y Canadá, el mundial de futbol. Con ese compromiso también asumió la responsabilidad de ajustar la infraestructura urbana en las tres sedes autorizadas para México: la CDMX, Guadalajara y Monterrey. El evento del sábado pasado en el estadio Banorte reveló retrasos en la infraestructura comprometida, no hubo estacionamiento libre, las vías de acceso continúan inconclusas y quienes asistieron aparte de pagar por un boleto de costo elevado tuvieron que caminar más de un kilómetro para llegar al estadio. Agregado a esas molestias, el desempeño de la selección nacional no cubrió las expectativas del público que, ya molesto por la excesiva incomodidad se volcó en abucheos contra los futbolistas, la rechifla fue fenomenal a cargo de más de 80 mil personas en coro de aire. No fue una reinauguración de ensueño sino de intensa preocupación para los organizadores de esa gran fiesta deportiva.
La presidenta Sheinbaum ha puesto en duda su asistencia a la apertura del mundial de futbol, ya declaró que regalará su boleto. Es una decisión soberana, esa sí. Sin embargo, obra en contrario el compromiso del gobierno para organizar la justa deportiva en el país, es decir, se adquirió una obligación institucional, luego entonces, políticamente sería costoso para la presidenta abstenerse de asistir. En su momento asistieron el presidente Díaz Ordaz, aun cuando estaba fresca en la mente colectiva la lacerante herida de Tlatelolco, también el presidente Miguel de la Madrid, cuyo gobierno enfrentaba problemas derivados de crisis económicas recurrentes, combinadas con una muy acelerada inflación, ambos fueron objeto de fenomenal rechifla del respetable público. ¿Teme Claudia Sheinbaum una posible silbatina y de allí su duda en asistir? Nada nos asegura que en este caso necesariamente vaya a haber abucheos contra la figura presidencial, pero es una decisión en que en la balanza está la no asistencia con la consecuente critica internacional, y asistir enfrentando el riesgo de un abucheo generalizado. Ir o no ir, eh allí el detalle. |
|