Convertido ya en el partido en el poder, habiendo ganado en dos ocasiones la presidencia de la república y el gobierno de 24 entidades y casi todas las legislaturas estatales, ya reformó la Constitución General a su modo y transformó el Poder Judicial para supeditarlo a la órbita presidencial, MORENA se enfila ahora a coronar ese cumulo de transformaciones con la Reforma Electoral para retornar a la presidencia imperial de los años setenta y ochenta del siglo pasado. En ese contexto, sin duda este partido, su gobierno, estará en aptitud de permanecer en el poder aun después de 2030. Para asegurar ese diagnóstico requiere de la Reforma Electoral que le permita el control de los resultados y habrá de presentarse a más tardar en la segunda semana de febrero.
Pero por ahora MORENA necesita de los partidos adláteres, sin cuya bancada legislativa no alcanza a completar la mayoría calificada sine qua non para una reforma constitucional. En eso anda el gobierno y sus operadores partidistas de MORENA, porque el PT y el Verde Ecologista, ambas franquicias patrimonialistas, venden caro sus votos y no cederán, sobre todo el Verde, si no consiguen la satisfacción a sus propuestas. Pero, si nos atenemos a la máxima de que “todo lo que se pueda comprar con dinero es barato”, es muy posible que MORENA consiga la adhesión del PT y del Verde a sus propuestas de reforma electoral. No es tan fácil el asunto, recordemos que en el senado la votación es apretada porque si a MORENA le falla un senador no le alcanza para ajustar la mayoría calificada. En ese entramado andan las negociaciones en las que Pablo Gómez propone el todo para el vencedor, aunque ahora la pelota está en la cancha legislativa y de los partidos políticos, por cierto, no de la oposición porque ni el PRI, ni el PAN ni MC están invitados siquiera para opinar. La lógica de la especulación conduce a concluir que la reforma electoral se llevará a cabo en términos que benefician a MORENA, lo contrario resultaría en descomunal fracaso para el gobierno. |
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