Nadie objetará si se afirma que el IMSS y el ISSSTE son instituciones de seguridad social con prestación de servicios médicos de calidad; tampoco se podría negar que en la actualidad ambas instituciones de salud están rebasadas, saturadas, por la creciente demanda y el endeble desarrollo institucional. El IMSS y el ISSSTE fueron creadas durante los gobiernos “emanados de la Revolución Mexicana, en 1943 con Avila Camacho el IMSS y en 1959 el ISSSTE con López Mateos, también surgieron los grandes Institutos de especialidades: Cardiología, Nutrición, Infantil, Neurología, Traumatología, etc., trece en total, que por cierto resintieron el duro impacto de la reducción presupuestal implementada durante el gobierno de López Obrador. Paradójicamente, el expresidente que inventó el cuento del “humanismo mexicano” y prometió servicios de salud de los mejores del mundo ahora exhorta a los mexicanos a solidarizarse con aportaciones económicas para ser entregadas “al pueblo de Cuba”, un subterfugio para decir al gobierno de Cuba.
Pero, nunca faltan los peros, cualquier mexicano bien nacido, ubicado en la oportunidad de servir a sus connacionales debiera voltear hacia el drama mexicano para aliviar en parte la patética situación por la que atraviesa un derechohabiente del IMSS o del ISSSTE. Un caso de escenario donde el drama humano se intensifica en toda su magnitud es el área de urgencias de la mayoría de los hospitales de salud pública en nuestro país. La descripción de lo que allí se vive es atroz: con el área de internamiento totalmente ocupada, los enfermos que acuden de urgencia se amontonan en esa área, entonces médicos, enfermeras, paramédicos se multiplican para atender la desesperación de enfermos y familiares. Una señora de la tercera edad, infartada, se mantiene por horas en una silla de ruedas porque ya no hay más espacio, ante la protesta de familiares de otro enfermo de gravedad, bastante grave diría el gallego, le consiguen una camilla ocupada por un difunto de reciente deceso. Un paramédico corre a conseguir un tensiómetro, aparato para medir la presión de un recién llegado, lo consigue cuando lo iban a usar en otro enfermo ya estabilizado. No se exagera si se afirma que en el área de urgencia hospitalaria se vive el drama humano donde la desesperación, la impotencia y la desesperanza son el común denominador. Allí es donde se escucha el sarcasmo de un presidente ofreciendo servicios de salud “como en Dinamarca”, y después “de los mejores del mundo”. El mismo expresidente que ahora clama por ayuda humanitaria para el pueblo de Cuba. |
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