José Miguel Cobián 28/02/26
Amanecemos con la noticia, –no por esperada menos desagradable-, de que Estados Unidos e Israel de manera conjunta, sin previo aviso y sin previa declaración de guerra, atacan a Irán en pleno día.
Se habla de un ataque preventivo, cuando no hay evidencia de que hubiera un peligro inminente por parte de Irán. Se justifica ante la posibilidad de que Irán obtenga en futuro lejano armas nucleares, aunque hace poco el presidente Trump había informado de la destrucción total del programa nuclear Iraní, después de la anterior guerra de doce días. Informe por cierto que nadie informado creyó. Irán afirma que su programa de enriquecimiento de Uranio tiene fines pacíficos, pero el nivel de enriquecimiento supera por mucho los usos civiles del mismo.
El momento es oportuno, debido a que el régimen islámico de Irán pasa por un momento de vulnerabilidad: está pasando por una severa crisis económica, todavía no se recupera de los daños causados en la guerra de hace un año, que debilitaron brutalmente sus defensas, y su apoyo popular es bajo, debido a la represión de las protestas, detención e incluso asesinato de sus propios ciudadanos. Un momento que no podían dejar de aprovechar Israel y Estados Unidos para debilitar a quién mediante sus proxis en Medio Oriente, ha atacado y debilitado la posición de ambos países en esa zona.
Benjamín Netanyahu tendrá elecciones a fines de este año, y Donald Trump tiene elecciones de mid term en noviembre. La guerra es un acto político, en un momento político para lograr un posible beneficio político. Tanto en Israel como en Estados Unidos, la evidencia demuestra que la población apoya a un líder fuerte en momentos de tensión bélica, y la guerra de Bibi contra Hamas en los últimos dos años, le ha traído simpatías electorales.
Ambos líderes le dicen al pueblo iraní, que una vez terminando los ataques, será su momento de liberar la nación del régimen islámico. El problema es que en enero pasado, Trump le dijo a quienes protestaban en Irán que la ayuda venía en camino y jamás llegó. Sólo estimuló las protestas, cuya represión fue más sangrienta por parte del régimen. Los iraníes descontentos con el régimen se sintieron defraudados. Hoy habría que preguntar a los venezolanos que perciben de su presente y futuro con la caída de Maduro.
No existe ningún precedente histórico de que bombardeos sin intervención militar terrestre puedan tumbar a un régimen político. Incluso si Israel lograra asesinar al ayatola Alí Khamenei, o a algunos otros líderes de la revolución islámica, no existen opciones fuera del propio gobierno iraní, para sustituirlos. Estamos ante un gobierno organizado, en un país enorme. La línea de sucesión está perfectamente definida, y la capacidad de la guardia revolucionaria islámica para reprimir no se verá mermada con los bombardeos. Así que esperar un cambio de régimen posterior al fin de la guerra, es una posibilidad muy remota.
Ofrecer inmunidad a la guardia revolucionaria o a los militares, olvida una parte fundamental de la ideología religiosa del Islam, el gran atractivo del ¨martirio¨. Morir por la patria, morir por la religión, morir por los líderes¨. Todo ello forma parte de la cultura de las fuerzas armadas. No temen a la muerte, así que es una oferta vacía, que no toma en cuenta ni ideología ni creencias.
El ataque viene cuando se realizan pláticas de paz, en las cuales, cada vez que los iraníes estaban a punto de ceder para lograr un acuerdo, Estados Unidos incrementaba sus demandas, como eliminar el programa de misiles iraní, o cancelar apoyo a los proxis en medio oriente. Un signo evidente de que se estaba ganando tiempo, no buscando evitar un conflicto armado.
El liderazgo iraní tenía la opción de ceder y perder el control del país, o enfrentar una guerra y organizarse para continuar en el poder. Optaron por la segunda opción. Sabían que los ataques vendrían, sus líderes están ocultos y protegidos, aunque contra la inteligencia americana eso pueda ser inútil.
No veo interés en Estados Unidos de generar un caos similar a los causados en Irak, Siria y Libia. Países en los cuales con su ayuda se derrocó al gobierno en turno, para hundirlos en una eterna guerra civil, en la cual, los señores de la guerra locales mantienen control de pequeñas porciones del territorio, y son susceptibles de ser comprados, cooptados o convertirse en aliados de los dos principales adversarios de occidente: China y Rusia.
Israel pretende reducir a cenizas el poderío militar de Irán, con el fin de ser la única potencia militar regional. Teme al programa nuclear iraní ya que la evidencia de Corea del Norte, demuestra que a pesar de tener a la población en eterno sufrimiento y pobreza extrema, un régimen enemigo puede sobrevivir a todo tipo de sanciones, si es capaz de mantener un sistema represivo que impida a la población civil derrocar al gobierno.
China y Rusia se lamen los bigotes. Cualquier problema que tenga Estados Unidos en cualquier lugar del mundo, los beneficia. Por eso, la situación interna de México se vuelve tan delicada. México es muy vulnerable a manipulación de las potencias. México se convierte en territorio de guerra entre las tres hegemonías actuales. Ello explica mucho de la situación actual del país. Como la expansión de los envíos de precursores de fentanilo y otras drogas desde China, el apoyo chino y ruso a las organizaciones criminales nacionales, y la preocupación de Estados Unidos ante el crecimiento económico y control territorial y gubernamental mexicano de estas mismas organizaciones.
Por eso México se ha convertido en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos.
Ésta, como todas las guerras, sabemos cómo comienza, no sabemos cómo termina… veremos.
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