José Miguel Cobián
Por años y años, los gobiernos del PRI y del PAN permitieron que algunas ideas se convirtieran en dogmas en el imaginario popular, y ahora van a pagar las consecuencias. Esas ideas pasan por aquello de que los plurinominales son premios de cada partido a sus militantes más fieles y no siempre más honestos. Siguen por la idea de que el voto directo es la máxima expresión de democracia, y a los pluris nadie los eligió en las urnas. De allí pasamos a la voracidad de los partidos políticos, cada año aumentando el financiamiento público, en general para robarse esos recursos. Luego, se continúa con las protestas del monopolio de los partidos, la enorme dificultad que el PRI y el PAN establecieron en las leyes electorales para formar un nuevo partido, lo que limitó por mucho, a aquéllos que deseaban gozar de las mieles del financiamiento público.
Ahora, con la reforma electoral que le ordenaron desde Palenque a Pablo Gómez presentar, todo esto se remedia, logrando un enorme beneficio para el partido en el poder, disfrazado de avance democrático.
La reducción de 100 plurinominales en la cámara de diputados es un avance que la mayoría de la población va a aplaudir, sin lograr entender que la idea utópica de que los plurinominales nacieron para dar voz a las minorías… Cuando en el sistema político mexicano, surgieron para dar una rebanada del pastel del poder, a los partidos de oposición y aligerar tensiones políticas.
La eliminación de los plurinominales en el senado lleva el mismo camino. Ya con dos senadores de mayoría y uno de primera minoría están representadas todas las fuerzas políticas del país. Así que esta primera medida será aplaudida por la población en general, considerando los ahorros que habrá para el gobierno federal. Sin pensar en ningún momento en el uso alternativo que se le dará a esos recursos.
En segundo lugar viene la eliminación del financiamiento público en años en que no haya elecciones, y la reducción a un 25% de ese mismo presupuesto para años en que si haya elecciones. Esta medida, también va a ser muy bien vista por la población mexicana, ya que la idea de gastar de manera excesiva en partidos políticos no evitó que se infiltren todo tipo de negocios sucios en las campañas. En principio, al robarse los líderes nacionales y estatales los recursos destinados a campañas, dejan a los candidatos huérfanos de recursos, de tal manera que es el propio dinero de los candidatos, y de quienes los financian el que se usa en la campaña. Y los comprobantes de gastos para el INE, los envían los candidatos a sus dirigencias, que los usan para justificar la salida del dinero para campañas, hacia sus propios bolsillos.
En segundo lugar, muchos candidatos venden anticipadamente la obra pública que puedan otorgar o gestionar, y cuando no es obra pública son contratos que podrán otorgar a futuro, servicios de computación, uniformes, y hasta el mínimo detalle se negocia previamente a la elección, para obtener recursos para la campaña. Y en último lugar, ya es relativamente común en ciertas zonas del país, que las empresas criminales aporten recursos para las campañas, a cambio ya sea de obra pública y/o posiciones en ayuntamientos, estados y federación o para tener influencia en los
congresos estatales y federal. Así que el mito de que mucho dinero para los partidos los blinda de arreglos ilegales es una gran mentira, por todos conocida. Mentira nacida, creada y generada en los gobiernos del PRI y del PAN. La responsabilidad de que hoy les quiten financiamiento a partidos políticos recae en esos partidos debido a sus enormes abusos a lo largo de los años.
El último punto es la mayor genialidad de la reforma electoral. Permitir la creación de partidos políticos en todo momento, siempre que cumplan con los requisitos establecidos en la ley. Eso atiende una eterna petición de los mexicanos, el facilitar la creación de partidos políticos en todo momento, para poder expresar por la vía de las urnas el posible descontento de la población.
Ya explicamos las justificaciones públicas de la reforma electoral. Ahora vienen los grandes beneficios para el partido en el poder, y para sus aliados:
La reducción de pluris afecta al PT y al Verde, que tendrán acceso a menos recursos públicos para sus militantes distinguidos. Si a eso le añadimos la reducción o eliminación de financiamiento público a los partidos políticos, cualquiera podría pensar que Morena ha decidido desaparecer del mapa electoral hasta a sus propios aliados, pero esto tiene una solución muy sencilla, repartir las gubernaturas de los estados, de tal manera que esos partidos satélites pierdan recursos que podrán compensar disponiendo de los presupuestos de los estados que se les asignen. Claro que siempre estará la espada de Damocles encima de ellos, pues cuando Morena no los necesite, podrá quedarse con esas gubernaturas y hacerlos desaparecer, pero de momento es una solución temporal que estimula la ambición las cúpulas del PT y del Verde.
La joya de la reforma es la creación de nuevos partidos políticos. Surja nada más el de los evangélicos, o surjan varios, esto beneficia al partido en el poder. Un partido que estima que tendrá un 30% del padrón electoral en cada votación, requiere que el 70% se disperse, un buen porcentaje, mínimo un 40% debe irse a la abstención, que además es el promedio histórico en elecciones presidenciales. Con un poquito de estímulo desde el poder, ese porcentaje de abstención puede mantenerse o incrementarse.
Así, se queda la oposición con un 30% del padrón electoral. Y ahí está el gran secreto. No es lo mismo correr el riesgo de una falla de cálculo que permita que la oposición representada por el PRI y el PAN, puedan empatar en una elección presidencial o ganar por pequeño margen, que tener opciones para dividir el voto. Ya de antemano el voto se divide gracias a MC, que jamás va en coalición, pero si además añadimos uno o varios partidos políticos adicionales, entonces la fragmentación del voto será superior, de tal manera que el partido oficial ya no se vea obligado a obtener un mínimo del 30% de los votos, sino que incluso, con un 25% o menos pueda obtener los triunfos que así decidan, sin correr ningún riesgo.
Veamos un escenario hipotético: Abstención 60%, PAN 7%, PRI 4%, MC 5, Evangélicos 2%, PT 2%, Verde 4%, Partido nuevo A 1%, Partido Nuevo B 1%, Morena 14%. Adivinen quién gana la elección presidencial. Ojo, estamos usando porcentajes del padrón electoral, no de votos emitidos. Si de votos emitidos se tratara: Pan 17.5%, PRI 10%, MC 12.5%, Evangélicos 5%, PT 5%, Verde 10%, Partido Nuevo A 2.5%, Partido Nuevo B 2.5%, Morena 35% de los votos emitidos… No contamos ni nulos ni
inválidos. Así, con el 14% del padrón, Morena gana las elecciones sin mayor problema. Se vende la idea de más democracia, cuando en realidad se logra la permanencia de Morena en el poder.
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