Este viernes 24 de abril tuve la oportunidad de regresar a un espacio que, más allá de lo académico, representa una conversación viva sobre Veracruz: la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana.
Invitado por el Dr. Raúl Arias Lovillo, participé como economista por la UNAM en el panel titulado “Reflexiones sobre los cambios de planes de estudio en las licenciaturas de economía”.
No fue una mesa más.
Fue, en realidad, un ejercicio de contraste entre generaciones, enfoques y modelos educativos.
Un espacio donde no solo se discutieron ajustes curriculares, sino algo mucho más de fondo: cómo se está formando hoy al economista en México y qué tan preparado está para enfrentar una realidad que ya no responde a las lógicas con las que se diseñaron muchos de estos programas.
Porque hablar de cambios en los planes de estudio no es un asunto técnico. Es, en el fondo, una discusión sobre el tipo de país que queremos entender —y transformar— desde la economía.
Sesenta años no son solo una cifra. Son historia acumulada, generaciones formadas, debates abiertos y una identidad construida a lo largo del tiempo.
La Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana llega a su 60 aniversario como una de las instituciones clave en la formación de economistas en el sureste del país. No se trata únicamente de celebrar su permanencia, sino de reflexionar sobre el modelo educativo que ha sostenido durante estas seis décadas y su pertinencia frente a un mundo que cambia aceleradamente.
Desde su origen, la Facultad ha apostado por una formación integral. Su programa académico no se limita a la transmisión de conocimientos técnicos, sino que busca articular dimensiones humanas, sociales y profesionales en la formación del economista. La estructura curricular combina teoría económica, herramientas cuantitativas y análisis aplicado, con una orientación clara hacia los problemas regionales y nacionales.
Esta apuesta ha permitido formar economistas con una visión crítica y comprometida, capaces de analizar fenómenos económicos no solo desde los modelos, sino desde su impacto en la realidad social.
Su misión lo deja claro: no basta con entender la economía, hay que intervenir en ella con responsabilidad ética y sentido de bienestar colectivo.
Sin embargo, para dimensionar el valor de este modelo, es necesario colocarlo en perspectiva comparativa.
La Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México representa una tradición distinta.
Su programa destaca por su pluralidad teórica y su profundidad histórica, integrando corrientes como la economía política, el pensamiento clásico, el keynesianismo y el marxismo. Su estructura curricular —organizada en núcleos básico y terminal— permite una formación amplia que privilegia el análisis crítico de los sistemas económicos y sus contradicciones.
Por su parte, el Instituto Tecnológico Autónomo de México encarna un modelo orientado a la especialización técnica. Su formación se caracteriza por el rigor matemático, la econometría avanzada y una fuerte vinculación con sectores financieros y mercados globales. Aquí el énfasis está en la precisión analítica, la modelación y la competitividad en entornos internacionales.
Frente a estos dos polos —la crítica estructural de la UNAM y la especialización técnica del ITAM—, la Facultad de Economía de la UV ha construido una identidad propia.
Su principal fortaleza radica en el equilibrio.
Equilibrio entre teoría y práctica. Entre análisis cuantitativo y comprensión social. Entre formación académica y compromiso con el entorno.
Mientras otras instituciones pueden inclinarse hacia la abstracción teórica o la sofisticación técnica, la UV mantiene una conexión constante con la realidad regional, formando economistas capaces de entender y atender problemas concretos.
Este enfoque no es menor. En un país con profundas desigualdades territoriales, la capacidad de analizar economías locales, diseñar políticas públicas estatales y comprender dinámicas regionales es una competencia estratégica.
La UV no forma economistas en abstracto; forma economistas situados.
A ello se suma una segunda ventaja: su orientación ética.
En un contexto donde la economía suele reducirse a indicadores de crecimiento o eficiencia, la Facultad insiste en formar profesionales comprometidos con la equidad, la sustentabilidad y el bienestar social.
Esta perspectiva no solo responde a una tradición académica, sino a una necesidad contemporánea. Y, finalmente, una tercera fortaleza: la integración de conocimientos. Su plan de estudios articula teoría económica, metodología, historia y herramientas cuantitativas, permitiendo una formación integral que evita la fragmentación del conocimiento.Pero cumplir 60 años también implica reconocer los desafíos.
El entorno actual exige economistas con habilidades que hace algunas décadas no eran centrales: manejo de grandes bases de datos, programación, inteligencia artificial aplicada, análisis predictivo y comprensión de fenómenos globales complejos como el cambio climático o la transición energética.
En este punto, la comparación con instituciones como el ITAM evidencia la necesidad de fortalecer las capacidades cuantitativas avanzadas y la vinculación con sectores de alta especialización. Del mismo modo, frente a la UNAM, el reto es mantener la profundidad crítica sin perder competitividad técnica.
Por ello, pensar en el economista del futuro implica ir más allá de los modelos actuales.
El economista que México necesita no puede ser únicamente teórico, ni exclusivamente técnico. Debe ser capaz de integrar ambas dimensiones. Debe dominar herramientas analíticas avanzadas, pero también comprender los contextos sociales y políticos en los que opera. Debe ser capaz de interpretar datos complejos, pero también de traducirlos en decisiones que impacten positivamente en la sociedad.
En ese sentido, las propuestas para fortalecer la formación económica hacia el futuro son claras.
Es necesario incorporar de manera sistemática habilidades digitales avanzadas: ciencia de datos, programación y análisis de información a gran escala. Es indispensable fortalecer la interdisciplinariedad, integrando conocimientos de áreas como medio ambiente, políticas públicas y tecnología. Se requiere, además, ampliar la internacionalización del conocimiento, no solo mediante movilidad académica, sino mediante redes de colaboración global. Y, sobre todo, es fundamental mantener y profundizar la formación ética, como eje transversal de la disciplina.
En este contexto, el 60 aniversario de la Facultad de Economía de la Universidad Veracruzana no es solo una celebración.
Es una oportunidad.
Una oportunidad para consolidar su identidad, fortalecer sus capacidades y proyectarse hacia el futuro sin perder aquello que la ha definido durante seis décadas: su compromiso con la formación de economistas críticos, integrales y vinculados con la realidad.
Porque al final, más allá de comparaciones institucionales, la pregunta de fondo permanece abierta.
¿Qué tipo de economista necesita México?
Y quizá la respuesta más honesta es que necesita economistas capaces de entender el mundo, pero también de transformarlo. Ese ha sido, durante 60 años, el desafío de la Facultad de Economía de la UV.
Y será, sin duda, el reto de los próximos sesenta.
Por eso, desde mi óptica, la mejor definición del economista la escribió Keynes, quien afirmaba: “…el gran economista debe poseer una rara combinación de condiciones.
Tiene que llegar a mucho en diversas direcciones y debe combinar facultades naturales que no siempre se encuentran reunidas en un mismo individuo. Debe ser matemático, historiador, conocedor de la política y la filosofía.
Debe dominar el lenguaje científico y expresarse y hacerse entender en lo vulgar, contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y concreto con la misma altura.
Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vistas al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre ni de sus instituciones debe ser olvidada por él. Ha de ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista y, sin embargo, tan cerca de la tierra como un político…” |
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