Francisco Cabral Bravo
Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil
La política siempre ha sido un terreno fértil para la propaganda, la exageración y, en no pocas ocasiones, la mentira. Desde los panfletos anónimos del siglo XIX hasta la guerra sucia televisiva del final del siglo XX, cada avance tecnológico ha sido aprovechado por los actores políticos para ganar ventaja en la disputa por el poder. Sin embargo, lo que vislumbra rumbo al proceso electoral de 2027 podría marcar un punto de inflexión: la irrupción masiva de la inteligencia artificial en la contienda política amenaza con desbordar cualquier marco de control existente.
Si no se toman acciones mínimas de regulación, lo que veremos en los próximos procesos electorales será una auténtica tormenta de propaganda.
En la antesala de la contienda electoral de 2027, los partidos políticos han comenzado a mover sus piezas con una anticipación que revela no solo nerviosismo, sino también una clara conciencia de que el escenario ya no les pertenece por completo.
La ciudadanía, esa que durante años fue regalada a un papel meramente testimonial, se ha convertido en el botín más codiciado. Y en ese contexto, el anuncio del PAN de abrir sus candidaturas a perfiles ciudadanos mediante la figura de "Defensores de la Patria" no es menor.
El problema es que la idea no es una nueva. La oposición, en lugar de construir una identidad propia, parece caer en la tentación de replicar, de forma poco creativa, los mecanismos que tanto ha criticado.
Y sin embargo, más allá de la copia burda, el fondo del asunto merece atención; la apertura a candidaturas ciudadanas es una exigencia social que ningún partido puede seguir ignorando.
No es casual que, casi de inmediato, el PRI y PT hayan salido a anunciar movimientos similares.
Mientras tanto, el Verde ya opera discretamente en territorio para posicionar a sus propios perfiles rumbo a las 17 gubernaturas que estarán en juego, además de la renovación de la Cámara de Diputados.
Todos quieren subirse al tren de la "ciudadanización" de la política, aunque en muchos casos se trate más de una estrategia cosmética que de una convicción democrática.
El PAN, sin embargo, enfrenta un dilema mayor. Su apuesta implica ceder espacios de poder a perfiles externos, lo que inevitablemente generará resistencias internas.
Las estructuras tradicionales no suelen ceder terreno sin dar batalla, y menos cuando se trata de candidaturas que podrían desplazar a cuadros con años, o décadas de militancia. Pero también es cierto que Acción Nacional tiene poco margen de maniobra: necesita reinventarse. Morena vive una efervescencia interna donde cada grupo busca imponer a sus propios candidatos.
La unidad que en su momento fue su mayor fortaleza comienza a mostrar grietas evidentes. A eso se suma lo que algunos ya califican como una "rebelión en la granja", protagonizada por sus aliados del PT y el Partido Verde.
En paralelo, el llamado "Plan B" de la Reforma electoral sigue generando controversia. Más que inequidad no puede haber. El tablero, pues, está configurado en medio de tensiones cruzadas.
La reyerta política ha entrado en un torbellino frenético que arrastra todo lo que toca.
No hay que perder de vista a otro elemento clave: las cuatro agrupaciones que buscan convertirse en partidos políticos. Todas ellas están literalmente, con el Jesús en la boca. La elección de 2027 no será una más. Será, en muchos sentidos, un referéndum sobre el rumbo del país. La ciudadanía, podría convertirse en el factor decisivo.
Estados Unidos ha dejado de ser una democracia liberal y México es una autocracia electoral. Eso concluye el informe de la Democracia 2026 del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo en Suecia.
La marea autoritaria que recorre el orbe ha erosionado los avances de la llamada tercera ola de la democratización que iniciará en 1974 con la revolución de los claveles en Portugal, y nos coloca en una situación similar a la de 1978 cuando se mantenían en pie múltiples dictaduras surgidas de la Guerra Fría.
En otro contexto el quehacer político es fundamental para el desarrollo de las naciones. Sin embargo, esta labor ha desaparecido porque el poder ha corrompido su verdadera esencia. Lograr hacer de la política el campo común de convivencia de las diferencias, para avanzar juntos en un mismo proyecto, parece haberse desvanecido.
Que en una sociedad existen distintos puntos de vista, divergentes formas de solucionar un problema o perspectivas que parecen muy alejadas entre sí, solo refleja que la sociedades actuales son plurales y ofrecen una gran variedad de opciones para abordar un mismo problema.
Los estadistas se diferencian de los políticos precisamente por su capacidad para convocar a todos bajo un mismo proyecto, pese a las diferencias, y para ubicar en el plano de largo plazo la convivencia pacífica y armónica. Esto implica que nadie es mejor que el otro; son simplemente diferentes aproximaciones a una misma realidad las que marcan posibles conflictos. Estos pueden superarse, como lo explicó Habermas, mediante el debate racional, donde nadie tiene la verdad por ser mejor, sino por tener el mejor argumento. La racionalidad se convierte así en el camino a recorrer para encontrar la mejor solución, la más viable.
Lo contrario es polarizar: enfrentar, con o sin argumentos, al otro simplemente por ser diferente. México ha perdido territorio, población y avances por guerras internas y externas. Por eso los mexicanos rechazamos la confrontación. La Revolución Mexicana mermó familias enteras y esa experiencia pervive en la conciencia nacional, al igual que otros muchos episodios que nos debilitaron. Confrontarnos puede ser algo natural si se escucha al otro y se trata de entender su causa.
Descalificar sin escuchar es una vanidad que a veces cuesta sangre. Los mexicanos parece que hemos olvidado la enseñanza histórica de lo que implica hacer política.
Estamos inmersos, además, en un mundo también polarizado, con guerras y ataques para decidir el nuevo orden y geopolítico. No hay razones: ay La búsqueda del poder, de más fuerte, no de la razón ni de la construcción común. Parece que hemos perdido siglos de civilización; que las armas nucleares, capaces de acabar con el planeta, de nuevo se esgrimen; que los países han decidido invertir más en armamento que en desarrollo. Y surge la inteligencia artificial. La democracia se basaba en el pensamiento humano; hoy hay quien afirma que es incompatible con la libertad. Y parece que las nuevas tecnologías han hecho que perdamos la carrera de la inteligencia, pero no así la de la conciencia. La política avanza ya nuevos horizontes, nuevas formas de plantear los debates, de comprender al otro, de entender nuevas soluciones y de abrir caminos a la conciencia, única vía para construir un mejor desarrollo.
El quehacer político es la única vía para poder avanzar juntos: reconocer diferencias y encontrar convergencias para avanzar por el mejor camino, aquel que guíe nuestras divergencias y privilegie nuestras afinidades. Dejemos atrás la ofensa y la descalificación; abracemos nuestras mentes y nuestra conciencia a una mejor convivencia. Eso lo merecemos.
Para finalizar la Semana Santa suele asociarse con alguna de esas dos actividades: tomar la oportunidad para unas vacaciones y/o acudir a servicios o celebraciones de carácter religioso.
Una encuesta nacional de El Financiero revela que este año, durante esta semana santa, 21% de las y los mexicanos están planeando viajar para tomar unas vacaciones, mientras que 37% prevé asistir a una celebración religiosa. El 8% planea hacer ambas cosas. Por cada mexicano que planea viajar, hay dos que planean asistir a templos, congregaciones o iglesias. Pero casi la mitad, 48%, no planean hacer ninguna de esas actividades en esta Semana Santa.
El sondeo nos da una idea acerca de la magnitud de las vacaciones y de las religiones en estas fechas, sobre todo de la mayoría católica y de las múltiples vertientes cristianas, evangélicas o protestantes.
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