Francisco Cabral Bravo
Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil
Como lo he mencionado en otras ocasiones Jesús Reyes Heroles logró inventar un sistema genial con el que se desactivó un grave problema gestado 50 años antes. Tuvo imaginación, tuvo innovación y tuvo inspiración.
Creo que es importante el conocimiento de algunos capítulos de nuestra historia de hace un siglo para entender el actual debate sobre una reforma electoral. Me refiero a lo que han declarado gobiernistas y oposicionistas, aunque ninguno de los dos bandos ha prestado iniciativa alguna.
La Revolución Mexicana fue un proceso esencial en la configuración nacional. Fue altamente benéfica y negarlo es mezquino. Pero fue brutalmente violenta y negarlo es cobarde. Fueron 20 años desde el primer disparo de los Serdán en 1910, hasta el último disparo de la Cristiada en 1930. Ello costó más de un millón de vidas, incluidas las de 3 presidentes asesinados y de 50 importantes líderes revolucionarios.
Así, llegó el momento de consolidar las prerrogativas de la Revolución y de serenar las furias, las cuales estaban encarredadas para seguir matando y fuertemente armadas "hasta los dientes", pero ahora más que antes porque ya eran dueños de todo. La solución de Plutarco Elías Calles fue también genial. La creación de un partido de la más amplia inclusión y de la más fuerte unión. Nació lo que ahora conocemos como PRI. La fusión de 400 partidos locales y organizaciones gremiales y territoriales.
Es lógico que un partido así naciera invencible, aunque no unánime. Pero no nació para ganar una elección. Eso sería una fruslería carpera. Nació para evitar la matanza de otra revolución. No para ganar votos, sino para preservar vidas. Para estabilizar al país durante ya 100 años. Pero fue su propia fortaleza la que generó su flaqueza.
No podía perder en lugar alguno, aunque tuviera tan solo 60% de las voluntades. Pero las izquierdas y las derechas fueron avanzando y lograron, digamos, que 40% de los sufragios, que no les serviría para nada. La solución no fue castigar a las mayorías anulando sus triunfos, sino incorporar a las minorías. Es decir incluir a todos y gobernar con todos, no gobernar con todo. Desde luego, hubo que sacrificar algunos factores de pureza democrática. No es el caso distraernos en argumentos zafios, sino discutir y resolver para el futuro el fondo de una realidad política que es más fuerte que la teoría política. Hoy, 35 millones no votan y otro tanto lo hacen sin entusiasmo y sin esperanza. Sienten más confianza y creen más en las empresas que en el gobierno.
Este 70% de los ciudadanos hoy necesita un nuevo Calles y un nuevo Reyes Heroles que inventen una nueva solución que garantice para México lo que ya se había logrado y que hoy se ha perdido. Nos hacen falta hoy y más falta nos harán en el futuro. La política es ciencia exacta. El que no sabe cuál es el destino, no sabrá cuál es el camino.
Continuando con el tema de la IA los profesores encargan a los alumnos tareas, y ellos usan herramientas de inteligencia artificial para resolverlas. Los profesores, a la vez, usan herramientas de inteligencia artificial para calificar las tareas de los estudiantes. También la inteligencia artificial seguramente los ayuda a diseñar exámenes para sus alumnos.
Es muy posible que, si no controlamos cómo y para qué usamos estas herramientas, acabemos en un mundo en el cual la educación sea simulación. Los alumnos hacen como que aprenden, los profesores hacen como que enseñan y califican, y las únicas que aprenden son las inteligencias artificiales.
¿Qué se puede hacer? Prohibir el acceso o restringirlo, probablemente hará más daño que bien.
Se me ocurre que los profesores deberían pedir a sus estudiantes; en ciertos trabajos, que sean el mediador de un debate entre dos inteligencias artificiales. Que elijan un tema de los vistos en un semestre. Me gustaría ver cómo los estudiantes lidian con las respuestas correctas e incorrectas; las desviaciones del tema, los sesgos cognitivos; y todo lo que resulta de ahí. Las inteligencias artificiales están aprendiendo a un ritmo vertiginoso. Los estudiantes humanos (Homo Sapiens), no pueden seguirles el paso. En una de esas, las IA y no los muchachos, son los sucesores de la especie humana. Es posible que ellas sean las que conquisten el espacio y continúen la existencia de algo parecido a nuestra especie. También, si nuestro deterioro cognitivo por usarlas en exceso aumenta, corremos el riesgo de convertirnos, si no todos, sí la mayoría, en animales de zoológico para ellas. No sé hasta qué grado controlan ya la circulación humana. Pero ¿llegamos al killer tech qué puede hacer que el orden global se rompa irremediablemente? ¿Creamos al Golem, ese gigante de la mitología hebrea sin cerebro, que tiene el soplo de vida, pero no tiene alma, y por tanto puede destruirnos?
Algunos matemáticos e investigadores en la frontera de las ciencias básicas dicen que las IA no pueden darnos respuestas afuera de los límites de nuestro propio conocimiento (o ignorancia) debido a que el modelo probabilístico que preside la siguiente palabra que diría un individuo enterado de un tema, no te puede sacar de las fronteras de la ciencia. Es decir, las conjeturas y problemas intrazables de las matemáticas y las ciencias naturales. Pero es posible que ellas, las IA, inventen otro mundo donde no quepamos nosotros. Parece inevitable el conflicto entre lo que desean ellas y lo que necesitamos nosotros.
Normalmente pienso que, a menos que las IA tengan patrimonio propio y personalidad jurídica, no van a poder conquistar el mundo. Proliferarán Homo Sapiens Eterus por todas partes, para bien o para mal. Algunos nos ayudarán a algunas cosas, como ángeles. Otros como diablos, podrán quedarse con nuestras cosas y destruir nuestras vidas.
El individuo es el enemigo número uno del ciudadano, escribía Alexis de Tocqueville en su diagnóstico sobre el presente y el futuro de la democracia en América argumentando que, mientras el bienestar del primero puede desligarse de la comunidad, el ciudadano sólo existe en función de una causa y de una idea compartida de justicia.
En otro contexto, cuando el PRI dominaba la escena política, algunos analistas señalaban que la derrota de ese partido tendría que surgir de su propia militancia. Y así sucedió. La salida de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez fue el principio del cambio en ese partido y en el sistema político mexicano.
El desprendimiento de la entonces llamada corriente crítica abrió paso a nuevas asambleas del PRI, más abiertas a la militancia. Se empezaron a impulsar demandas de cambio para avanzar en la democracia, pese a resistencias internas. Los resultados de la elección de 1988 y la polarización que se registró tuvieron una salida hacia adelante con procesos electorales que se profundizaron en las siguientes décadas; así se dio la alternancia en los gobiernos estatales y, posteriormente, en el federal.
El PAN llegó al poder, pero la estrategia de Fox, al no incorporar a panistas de tradición en su gabinete y pretender y poner su investidura al partido, género quiebres que derivaron en la candidatura de Felipe Calderón, quien no era la carta que el presidente quería jugar. Pese a todo, se unificó buena parte del panismo.
El PRI cayó y la contienda se redujo a dos fuerzas. El triunfo de Calderón por menos de un punto porcentual fue cuestionado. AMLO había cometido varios errores en su campaña y, aún cuando las encuestas registraban un posible triunfo, el voto de los priistas y de un sector de la sociedad se inclinó hacia Calderón. Nunca se aportaron pruebas del fraude que alegaba el PRD. Sin embargo, mediáticamente se produjo un quiebre que radicalizó a AMLO y dio paso a una nueva estrategia de Calderón en la conducción del país. También hubo fracturas PRD e inició la construcción de Morena como movimiento, y después, como partido.
El fracaso de Enrique Peña para combatir la desigualdad y su tolerancia a la corrupción abonaron a un nuevo rumbo. Así ocurrió, y el presidente Peña prácticamente dejó el espacio al gobernador de la contienda. Si hubo pactos y de qué tipo, no lo sabemos.
Para finalizar, el libro Ni perdón ni venganza es el anuncio de un conflicto en la cúpula. ¿Qué tan profundo será el desgaste? Espero que no sea tanto. Frente a los que quieran que todo fuera caos, hago votos porque no se cumplan sus deseos. No se dan cuenta de que el sistema político colapsó y no hay nada real que pueda sustituirlo aún. Espero que Claudia Sheinbaum logre consolidar el poder en su favor frente a ese personaje que quiso y de alguna forma logró hacerse del país entero, México al igual que el mundo entero, vive tiempos de enorme incertidumbre.
No hay en quien confiar. ¿Qué permitirá que las personas reencuentren la estabilidad emocional pérdida? Es difícil saberlo. Al incluir la palabra perdón abre un horizonte para el verdadero debate. ¿Podremos perdonarnos por el sistema que hemos construido? ¿Podemos cambiarlo? ¿Cometeremos ese error nuevamente?
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