De Veracruz al mundo
MOMENTO DE ACOTAR
Francisco Cabral Bravo
2026-02-09 / 13:42:39
La realpolitik. Ignoramos e ignoramos (Séneca)


Francisco Cabral Bravo

Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil

He retirado que la desconfianza en los demás es un rasgo de la sociedad mexicana ampliamente documentado. Es más común verla como un problema, una carencia de la cultura política nacional y una pieza faltante en la canasta básica de actitudes y creencias favorables para la democracia. La confianza facilita la acción colectiva como ya lo ha señalado el politólogo Francis Fukuyama. La falta de confianza en los demás puede ser un agudo problema y es necesario entenderla como tal.

Durante décadas el debate fue sencillo y lineal: censura o libertad. Callar o permitir hablar. Ese marco hoy es insuficiente, casi ingenuo. El derecho a la información no está siendo erosionado principalmente por prohibiciones explícitas, sino por un fenómeno más sofisticado y eficaz: la saturación informativa sistemática. No se impide el acceso. Se anula la comprensión. No se silencia el discurso. Se lo disuelve en un mar de estímulos intelectuales, fragmentados y emocionalmente manipulados. La información existe, circula y se multiplica, pero ya no orienta. Confunde. Fatiga. Neutraliza. El efecto final es equivalente a la censura, pero sin su costo político.

Primero. El derecho a la información surgió históricamente como respuesta a la oportunidad del poder. Su enemigo era la ausencia de datos. Hoy su enemigo es el exceso. Nunca hubo tanta información disponible. Nunca fue tan difícil comprender la realidad social y política. La saturación informativa no es un accidente.

Es una condición estructural del ecosistema digital contemporáneo. Produce cansancio cognitivo. Reduce la atención. Desactiva el interés por los asuntos públicos. La ciudadanía no deja de informarse por apatía. Deja de informarse por agotamiento. Cuando todo es urgente, nada lo es. Cuando todo es noticia, nada se asimila. El ciudadano se repliega. Desconecta. Simplifica.

Este entorno no fortalece la deliberación democrática. La debilita desde su base. El derecho a la información no se agota en el acceso técnico a datos. Exige inteligibilidad, contexto y relevancia pública. Sin estas condiciones, el derecho se vacía de contenido material.

Segundo. El problema ya no es solo la cantidad de información. Es quien decide su visibilidad. La circulación informativa está mediada por algoritmos opacos, diseñados para maximizar pertenencia y rentabilidad, no comprensión ni interés público. No seleccionan lo más relevante. Seleccionan lo que provoca reacción. La indignación desplaza al análisis. La emoción desplaza al contexto. La velocidad desplaza la verificación. El ciudadano no elige plenamente qué ve. Un sistema invisible jerarquiza por él. Define agendas. Amplifica discursos. Silencia otros por simple y relevancia algorítmica. Aquí no hay censura directa. Hay dilución estratégica. La desinformación contemporánea no opera solo mediante noticias falsas. Opera mediante fragmentación del sentido. Un dato veraz, aislado de su contexto, retirado hasta el cansancio, también desinforma. Un escándalo permanente impide ver los problemas estructurales. Este modelo erosiona el juicio crítico. No destruye la información. Destruye el criterio para evaluarla. El resultado es funcional al poder, público y privado. Un ciudadano saturado no es un ciudadano informado. Es un ciudadano manejable. No porque crea todo. Sino porque deja de creer que comprender sea posible. La UNESCO ha advertido que los entornos digitales actuales generan una crisis global de integridad informativa que afecta directamente a la democracia, la confianza institucional y la cohesión social. No por censura estatal. Por diseño tecnológico. Aquí surge un vacío constitucional grave. Los intermediarios privados ejercen poder estructural sobre derechos fundamentales sin controles equivalentes. No legislan, pero condicionan. No gobiernan, pero influyen. Nos rinden cuentas, pero deciden qué importa.

La censura clásica imponía silencio. La saturación informativa impone confusión. Ambas anulan el derecho a la información. Pero la segunda es más eficaz, más barata y políticamente invisible. Hoy no se prohíbe saber. Se hace inútil saber. Defender el derecho a la información exige abandonar esquemas del siglo pasado. El problema ya no es quién habla. Es quién organiza el sentido. Mientras no se enfrente esta realidad, la democracia seguirá hablando sin parar y entendiendo cada vez menos.

En otro orden de ideas las personas de la generación de hace algunas décadas aún conocimos la educación tanto en nuestro entorno familiar como en el estudiantil ya que nuestros padres y abuelos nos impusieron costumbres consideradas un tanto "restrictivas" que a su vez también ellos recibieron. En ese entonces hablaba de las buenas costumbres, el pudor y la decencia, de cómo comportarnos, fuera una señorita o un joven de familia, sin importar la clase social, anteponiendo siempre lo más importante el respeto y la educación.

Se habla de "usted" a los padres y personas mayores, incluso aún permanecía en algunas familias el besar la mano del patriarca, los niños no estaban incluidos en las pláticas de adultos, los jóvenes tenían un horario que debían cumplir al pie de la letra, porque de otra manera ya no conseguirían el siguiente permiso para salir.

Aún así la juventud de aquella época, supo manifestarse y salir a las calles en busca de su propia libertad, impuso moda y costumbres, como el uso de la minifalda, el bikini, la tendencia psicodélica de los hippies, la marihuana, la música de rock and roll con la llamada "invasión británica" o de EU y las bandas nacionales, que sin duda le dieron identidad a esa generación soltando un poco el yugo de aquellas costumbres quizás arraigadas o poco flexibles, pero que siempre antepusieron la educación y el respeto hacia los demás.

Las nuevas generaciones apoyadas por leyes absurdas y "profesionales" incluso te pueden demandar, poner límites restrictivos, incluso de espacio en tu propia casa, para que ni siquiera te le acerques, tachando la ley de la chancla como maltrato infantil y no sé cuántas barbaridades más.

Así que hoy es triste mirar que nosotros mismos le abrimos la puerta a la educación y el respeto y entonces su ausencia se justifica con medios legales o psicológicos y consecuentemente pocos niños y jóvenes saben comportarse con educación y respeto, porque no conocen límites ni consecuencias de sus actos.

Ojalá, algún día no muy lejano, nuestra sociedad retome esa educación que nosotros recibimos y también ese respeto.

La educación debe mostrar que no hay conocimiento que no esté, en algún grado amenazado por el error y la ilusión (Edgar Morín).

En otro contexto es de reconocer el esfuerzo de los siete convocantes iniciales para la creación de un espacio de expresión para el bien de la nación. En lo que conozco sé que los motiva el bienestar general, el desinterés personal y la concordia nacional. Ese directorio fundador lo ha llamado como Frente Amplio Democrático o FAD y tiene un tema inicial concentrado en la reforma electoral. No se dispersa, por ahora, en los otros cien temas nacionales.

La aspiración política esencial de todo país civilizado reside en tener un buen gobierno. Bien por el país que logra tenerlo. Y, mejor aún, el que, además de un buen gobierno, tiene una buena oposición. Esos dos factores cierran el perfecto círculo virtuoso de la buena política nacional.

La pareja ideal es tener buen gobierno y buena oposición. Lo catastrófico es que ambos sean pésimos. Lo intermedio es que solo sirva uno de ellos. Si el gobierno es muy eficiente, no es tan grave la impotencia de la oposición. Pero si el impotente es el gobierno, la única salvación reside en la oposición.

La oposición es de lo mejor que puede tener un gobierno. Ella lo impulsa ante sus negligencias, lo contiene ante sus excesos y lo guía ante sus extravíos. Es el mejor motor, el mejor freno y la mejor contraloría del gobernante. Le da lo que no le surten ni los leales que suelen disimular los defectos ni los serviles que suelen vitorearlos. Le informa de lo que él no previene. Es el vigía de mástil que le avisa si viene la tormenta, si viene el iceberg o si viene el enemigo.

En la ralpolitik y en la vida real, las organizaciones requieren antagonistas. En ocasiones, hasta deben contratarse. En cada asunto importante, encargar a un inteligente, conocedor y experimentado que busque o hasta invente lo malo de nuestras acciones, como lo haría el mejor de nuestros enemigos. Nos dirá lo que debemos corregir, lo que debemos prevenir y hasta lo que debemos suprimir. En la ralpolitik está proscrito que los gobernantes digan que ellos hacen todo lo que quieren y lo que los gobernados digan que aquellos hagan todo lo que quieran. No es confiable la encuesta de los propios, sino la de los ajenos. Según Mazarino, el amor puede ser fingido, pero el odio siempre es sincero. Ignoramos e ignoramos decía Séneca.

Nos interesa tu opinión

>
   Más entradas
> Directorio     > Quiénes somos
® Gobernantes.com Derechos Reservados 2010