De Veracruz al mundo
MOMENTO DE ACOTAR
Francisco Cabral Bravo
2026-01-05 / 10:49:15
El valor de la honestidad es universal


Francisco Cabral Bravo





Con solidaridad y respeto a Rocío Nahle García y Ricardo Ahued Bardahuil





Prosigo con mi reflexión sobre tres placeres. Ahora se lo dedicaré al placer de conversar y al placer de escuchar. El coloquio es un gozo plural, aunque también se puede dialogar en solitario, tal como lo señalo líneas abajo.

Desde la antigua Hélade se ha dicho que el supremo grupo de conversación no debe exceder de cinco individuos. La vida me ha demostrado que los griegos tenían razón. El grupo de cuatro personas tiende a ser muy coherente y muy cómodo. El trío es delicioso, pero son pocos los participantes y los obliga a intervenir mucho. En el sexteto, por lo contrario, son muchos y les dificulta expresarse en el turno oportuno. Pero en el cuarteto se dan las mejores condiciones, salvo con una excepción. Sólo hay otro formato que lo suele superar en calidades de fondo. Ese es el dueto.

En efecto, son inolvidables las conversaciones inteligentes que hemos sostenido a solas con un amigo o con un jefe o con un colaborador.

En el vis a vis o, como suele decirse, en el tete a tete, donde la conversación adquiere sus mayores riquezas, por lo menos en tres sentidos fundamentales. En el de la franqueza, en el de la presión y en el de la profundidad. Y todos estaríamos de acuerdo en que una conversación que es franca, qué es precisa y que es profunda, es un tesoro para aquilatar. En el formato familiar, esto es muy evidente. Casi todos hemos gozado de nuestras conversaciones en la familia. Es frecuente que sean amenas, interesantes y hasta inolvidables. También es placentero el bien escuchar. Saber dirigir la mirada y no sólo la oreja. La mímica expresiva y la amable atención. La interlocución como refuerzo y no como interrupción. La conversación inteligente combina la buena elocuencia y la buena audiencia. Saber disertar y saber escuchar.

Se ha dicho que, también, se puede platicar en solitario. En efecto, es mucho lo que puede darnos el hablar y el escuchar a nosotros mismos. Bien logrado es un verdadero dueto. Porque esto es, también, un ejercicio de la prefranqueza, con precisión y con inteligencia es una de las mejores actitudes frente a la vida. Evitar que ese otro yo nos ofenda, nos engañe, nos confunda, nos aturda o nos humille. Estoy convencido de que uno mismo puede llegar a ser el mejor conversador que podemos escuchar. Vale la pena intentarlo si es que no se ha hecho.

En otro contexto en plena época de recuentos anuales y de conteos inopinados, no deja de ser sorprendente la capacidad que tenemos de observar lo que sucede a nuestro alrededor con un cierto aire de indolencia, de hartazgo e indiferencia quizá en nuestra memoria no hay espacio para tantas cosas que envuelvan el corazón y nuestra sensibilidad entre los paños de la desgracia que, en lo cotidiano, escuchamos u observamos durante algún noticiero. Y tal vez sea un mecanismo que nos permita transitar cada día para enfocarnos en nuestros asuntos.

Vaya que, a pesar de lo difícil que resulta mantener la esperanza y darle vuelta a la indiferencia es una de las más urgentes tareas de quién es apostamos por subrayar la posibilidad de un mundo en el que se silencien los portavoces del mecanismo y los retruécanos del fascismo, y de quienes prefieren entonar las melodías de engaño y la corrupción como su modus vivendi. Y, sin embargo, construir las alternativas de esa posible realidad es un labor insoslayable.

Quizá, en estos días de recuentos y conteos, radique la clave y la piedra que toque sobre las que se sostendrá esta nueva versión del futuro. Subrayemos las palabras de Rob Riemen que, en su libro El arte de ser humanos, plantea “el orden mundial de la mentira y la estupidez victoriosa siguen vigentes”.

No debería sorprendernos, porque también pululan las larvas de la desolación del no saber y del fanatismo del saber único, y si hay algo que nos enseña la historia, esa que Cicerón nos presentó con orgullo como muestra magistra vitae, la tutora de nuestras vidas es que justamente no aprendemos las lecciones de la historia, sencillamente porque no la conocemos. No tenemos memoria, y por eso la estupidez puede seguir triunfando.

Quizás por ello hay quienes pretenden, con calzador ideológico, rescribir la historia muy a su modo. Y, sí, quizá por ello necesitamos apostar por recordar que, en la tierra fértil del porvenir, la democracia está mucho más allá de una simple andanada retórica. Y ése es un buen inicio para imaginar otro tipo de futuro, reiterando las coordenadas, la esperanza y sin dejar de lado que en los matices se encuentra la brújula para hacer frente a esa perspectiva de opuestos, de blancos y negros, o la que tanto han apostado. Lectora, lector, deseo que disfrutes de un gran año 2026. Te envío un enorme abrazo.

En otro orden de ideas el periodismo es un catalizador de la vida social que permite ampliar los horizontes de la existencia humana evolucionándolos de lo individual a lo colectivo, de lo singular a lo plural, de lo personal a la otredad, y viceversa; actividad históricamente desarrollada ante diversos paradigmas contextuales: tiempo, lugar y circunstancias.

Dicha línea de pensamiento se ha presentado desde la aseveración de que no contar con espacios de libertad de pensamiento y expresión “aniquila la existencia del otro”; el objetivo de la acción periodística es garantizar la libertad de pensamiento y expresión anclado al axioma, y la consideración de que la sociedad divergente ha perdido espacios, la pluralidad ha sido acotada y el disentir ha sido silenciado a través del Periodismo Funcional.

Referir “lo funcional” es la conceptualización de la actividad por su aporte social a partir del registro de las causas próximas de los hechos, finalidad del acontecimiento y entorno inmediato, por su común denominador, anteponer la utilidad política.

El Periodismo funcional es generado (coordinado) desde las bambalinas del poder a través de las organizaciones (medios) y personas (intermediarios) que invocan el interés público, pero ejercen acciones fuera de la ley, transgreden todo parámetro ético, limitan el pluralismo, concentran las decisiones en una reducida élite, minimizan los controles democráticos, las libertades individuales y colectivas, restringiendo los derechos humanos y replicando el discurso oficial.

La ecología del periodismo funcional se sustenta en acciones relacionadas entre sí, que facilitan una visión conjunta simple, sencilla, sin complicaciones.

Una vez “sembrada” la acción proceden a la difusión paralela, todos repiten lo mismo. Estrategia fácilmente detectable porque todos coinciden con abrumadoras semejanzas, adjetivos calificativos, orden de las acciones, los verbos en la narrativa, las peculiaridades que destacan cuando ni les constan los hechos.

El periodismo funcional acrecentó exponencialmente su valor y actividad conforme el impacto de las redes sociales a través del internet. Y en algunas ocasiones pasó de ser un apoyo de gobierno a eje rector de administración política social por lo que subsiste a la par del proceso para detentar el poder. Así, todo tiene origen en una ideología político-partidista que se convierte en estrategia de campaña y eje de gobierno. El objetivo, permanente, es conservar el poder y el pilar fundamental es crear, cumplir, replicar un discurso a través de declaraciones repetidas para que se convierta en difusión de todo lo anterior.

Para finalizar para los mexicanos que viven en Estados Unidos (con o sin documentos) la migración sigue siendo una experiencia marcada por la incertidumbre, miedo y vulneración cotidiana de derechos humanos fundamentales. Migra no debería implicar perder la dignidad, pero en los hechos así ocurre. Hoy, muchas familias mexicanas viven en un entorno cada vez más hostil: redadas, procesos migratorios opacos, discursos de criminalización y una narrativa que reduce a las personas migrantes a cifras o expedientes.

El impacto económico y social de nuestros connacionales no es menor: gracias a su trabajo y sacrificio hoy sostienen la economía de cientos de comunidades mexicanas. Sólo en 2023 las remesas enviadas a México superan los 67 mil millones de dólares. Detrás de cada envío hay historias de esfuerzo, discriminación y riesgo. A ellos se suma un elemento particularmente preocupante: el uso de la tecnología y de los datos personales como herramientas de control migratorio. En los últimos meses el gobierno de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa la posibilidad de evaluar hasta cinco años del historial en redes sociales de personas que buscan ingresar al país.

Aunque sea argumenta que esta medida responde a criterios de seguridad nacional, no pueden ignorarse sus implicaciones para la privacidad, la libertad de expresión y la protección de datos personales especialmente tratándose de poblaciones en situación de vulnerabilidad.

Las redes sociales no son simples plataformas de entretenimiento. Porque migrar no debería significar renunciar a la privacidad, ni aceptar que la dignidad quede detenida en una frontera. Les deseo un mejor 2026, y les agradezco de todo corazón su lectura generosa.

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