José Miguel Cobián
La historia de este amor comienza con una desilusión. Programé un viaje, y en determinada fecha estaré en una ciudad con un restaurante que ha sido mi ilusión conocer para degustar sus platillos. A mi edad ya no hay muchas ilusiones, así que cuando recordé que el restaurant estaba en esa ciudad, de inmediato acudí al internet para hacer la reservación. Cabe aclarar que todavía faltan más de cuatro meses para mi llegada.
Se ponen sus moños, y resulta que solo por internet se puede reservar. Tienes que entrar a su página web, presionar un enlace, aceptar una serie de condiciones, y luego meter tu dirección de correo electrónico y esperar la llegada de la confirmación y el enlace a la página de reservaciones.
Una vez en dicha página web, debes recorrer las fechas, hasta que llegas a la que deseas, y optar por comida o cena. Vuelves a presionar un botón y te lleva a otra página dónde te indica si hay lugar o no. Me rompieron el corazón porque ya no había lugar para dos personas. Pero avisan que hay cancelaciones hasta dos horas antes de la hora de llegada, así que puedes optar por entrar todos los días a dicha página y verificar si alguien canceló, o hacer fila en el restaurant, rogando a Dios que te bendiga con un retraso carretero, o un accidente o muerte de algún comensal, para que puedas aspirar a entrar.
Eso de estar entrando a cada rato para ver si alguien canceló me aburre. Resignado estaba a perder toda esperanza, cuando se me ocurrió que una inteligencia artificial podría verificar disponibilidad y hacer la reservación. Yo trabajo generalmente con Copilot, Gemini, Chatgp, Deepseek, Grok, Q.Ai, Meta Ai, y Claude. Ninguna puede hacer ese trabajo repetitivo porque hay que llenar formatos y cambiar de página, pero te puede ayudar a programar. Así que conforme a la recomendación de Claude, decidí que el programa se hiciera en Python, usando a Twilio para enviar el mensaje cuando hubiera disponibilidad y con Selenium para llenar los datos en las páginas web.
Clalude fue la gran desilusión, comenzó a cometer errores infantiles y repetitivos a la hora de programar. Me solicitaba datos, pero no era capaz de explicar a detalle el dato y donde encontrarlo, en los códigos de la página web o del correo electrónico con el que me enviaron el enlace.
Había que inspeccionar la página, abrir el lenguaje de programación en que se había creado, que en este caso era C+ y HTML. Me enteré que las inteligencias artificiales no pueden acceder a esa información directamente, así que tuve que buscar entre los ¨div id¨ que son muchísimos, hasta encontrar los códigos escondidos y poder compartirlos a la IA, ya que siempre opta por la solución más fácil, en lugar de la más robusta, para ubicar los check box, y los cuadros desplegables.
Después de 15 horas trabajando con Claude, me harté de sus repetidos errores y la imposibilidad de ver la luz al final del túnel. De ahí me traje el trabajo a Copilot, sólo para hacer el experimento, sin ninguna esperanza, ya que Anthropic creado por disidentes de Open AI, supuestamente mucho más robusto que la IA de Microsoft.
Para mi sorpresa, Copilot pudo revisar el trabajo de Claude, y encontrar –siempre mediante prueba y error-, cómo superar lo que Claude había demostrado que era insuperable. Incluso, cuando Claude daba solo una opción para resolverlo, Copilot presentaba dos o tres caminos para resolver el mismo problema.
Resulta que Claude tiene una suscripción que cuesta, mientras Copilot es –hasta hoy- gratuito. Gratísima sorpresa me llevé con Copilot. Hasta este momento llevo aproximadamente 8 horas trabajando con Copilot, y he avanzado muchísimo en el proceso, aunque hasta este momento todavía no está terminado.
Me he dado cuenta de que incluso con la IA, si quieres desarrollar un programa para realizar alguna tarea repetitiva, sobre todo cuando compete con páginas webs cuyos programadores decidieron hacer muy complicado y parcialmente oculto su código fuente, tienes que tener también un mínimo de idea sobre la lógica de programación, para poder hacerle sugerencias a la IA, darle ideas alternativas, insistir en que no repita el mismo error una y otra vez, y darte cuenta, cuando lo está cometiendo, para obligarla a escoger otro camino para solucionar el problema.
Definitivamente quién no se dedique a aprender IA en estos momentos, puede quedar obsoleto y rezagado en cuando al desarrollo tecnológico e incluso dejar de ser atractivo para el mercado laboral.
Es increíble cuántas veces tuve que darle la misma instrucción e hizo caso omiso de ella. Más de 20 veces le di la URL con el token correcta para que pudiera acceder a la primera página del proceso, y más de 20 veces cambió esa URL por otra, para que yo tuviera que decirle que llegaba a la URL equivocada, y explicarle que no debía pedirme la dirección con el token porque yo ya se la había enviado, y ya había tenido acceso a la página respectiva. Decidí que no se puede llamar inteligencia artificial Es bruta artificial. Fuerza bruta para procesos de datos, pero con muy poca inteligencia.
Ver que ya había resuelto un paso y luego en las siguientes ¨mejoras¨ del programa, volviera a los mismos errores es desesperante. Dicen los que saben que tener una IA es como tener a un experto a tus órdenes. Yo ya hubiera despedido al experto en sistemas y programación en Python, por ser tan bruto y no entender nada. Llevo ya 10 horas con Copilot y avanzamos un paso y retrocedemos dos.
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