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XALAPA.- La basura se convirtió en el desafío que enfrentaron en su inicio las nuevas administraciones municipales en la región centro de Veracruz. Desde los primeros días de gobierno, el servicio de limpia pública evidenció rezagos acumulados durante años, obligando a los alcaldes entrantes a priorizar acciones emergentes para evitar una crisis sanitaria y contener el descontento ciudadano. En términos operativos, municipios de tamaño medio generan entre 100 y 200 toneladas de residuos sólidos al día, mientras que el manejo integral del servicio puede absorber hasta 20 por ciento del gasto corriente municipal, especialmente cuando se carece de infraestructura propia o se depende de rellenos sanitarios externos. En Nogales, el alcalde Libni Zuriel de la Cruz reconoció desde el arranque de su administración que el servicio de limpia pública operaba con serias limitaciones, principalmente por el estado mecánico de los camiones recolectores. En entrevistas concedidas en semanas previas, admitió que el municipio tuvo que concentrarse en reparaciones urgentes y en la reorganización de rutas para mantener el servicio funcionando. Aclaró que se trataba de un problema heredado y que la prioridad era “evitar que la basura se acumule en las colonias”, aun cuando ello implicara destinar recursos extraordinarios que no estaban considerados originalmente en el presupuesto. Una situación similar se presentó en Huiloapan, donde el alcalde Héctor Omar Urbano Dávila reconoció que el problema de la disposición de desechos se agravó por la falta de recursos y por la necesidad de atender compromisos financieros previos. En declaraciones públicas, sostuvo que el municipio estaba haciendo lo que estaba a su alcance, mientras se analizaban alternativas de apoyo externo para mejorar el servicio e incluso agradeció a su homólogo de Orizaba por apoyarle. Limitaciones similares presentaron los municipios de Río Blanco, Mendoza e Ixhuatlancillo, mientras los dos primeros parecen haber tomado las acciones para regularizar la situación, en el caso del último hubo varias quejas ciudadanas al no pasar el camión en los días establecidos. El alcalde José Manuel González explicó que la problemática se debía a que de dos camiones recolectores, uno no servía y el otro se descompuso después del primer día. Más allá de las diferencias entre municipios, el diagnóstico es compartido: el problema de la basura es estructural. En muchos ayuntamientos, los camiones recolectores superan los 10 o 15 años de antigüedad, con costos de reparación que oscilan entre 50 mil y 150 mil pesos por unidad, sin garantía de operación continua. A ello se suma que menos del 10 por ciento de los residuos se recicla, ya que el único que tiene un programa permanente y Centro de Transferencia es Orizaba, mientras que para el resto la mayoría de sus desechos termina en rellenos sanitarios con vida útil limitada, lo que encarece el servicio y reduce el margen de maniobra de los gobiernos locales.
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