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XALAPA.- El primer ministro de Canadá, Mark Carney, advierte que el orden internacional basado en reglas atraviesa una ruptura profunda, provocada por hegemonías que ya no respetan tratados ni acuerdos multilaterales cuando éstos limitan sus intereses estratégicos. Durante su intervención en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, señaló que el mundo ha dejado atrás una “ficción cómoda” en la que las normas internacionales garantizaban previsibilidad y cooperación. Destacó que las grandes potencias han comenzado a utilizar herramientas económicas —como aranceles, integración comercial, infraestructura financiera y cadenas de suministro— como mecanismos de presión y coerción, debilitando a las instituciones multilaterales que durante décadas sirvieron de marco para la resolución de conflictos. En este contexto, dijo, las reglas se aplican de forma selectiva y la lógica de la fuerza vuelve a imponerse en las relaciones internacionales. Ante este escenario, el primer ministro canadiense afirmó que los países de poder intermedio no son actores pasivos y deben actuar con mayor honestidad y coordinación para construir nuevas alianzas que defiendan la soberanía, la integridad territorial y el respeto al derecho internacional. Advirtió que la alternativa —un mundo fragmentado en bloques y “fortalezas”— sería más inestable, más desigual y menos sostenible. En su discurso inició diciendo que en este momento crucial que atraviesan Canadá y el mundo y pareciera que “todos los días se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias, que el orden internacional basado en reglas se desvanece, que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. Al destacar que las instituciones multilaterales en las que las potencias intermedias han confiado —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura misma de la solución colectiva de problemas, están bajo amenaza. Como resultado, muchos países están llegando a la misma conclusión: deben desarrollar una mayor autonomía estratégica en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las reglas ya no te protegen, debes protegerte a ti mismo. “Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible. Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la apariencia de reglas y valores para perseguir sin restricciones su poder e intereses, las ganancias del transaccionalismo serán cada vez más difíciles de replicar”. Las hegemonías no pueden monetizar indefinidamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Buscarán seguros, aumentarán opciones para reconstruir su soberanía —una soberanía que antes se sustentaba en reglas, pero que cada vez más se anclará en la capacidad de resistir presiones—. Quienes están en esta sala saben que esto es gestión de riesgos. La gestión de riesgos tiene un costo, pero ese costo de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que cada quien construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades generan beneficios de suma positiva. La pregunta para las potencias intermedias como Canadá no es si debemos adaptarnos a la nueva realidad —debemos hacerlo—. La pregunta es si nos adaptamos simplemente levantando muros más altos, o si podemos hacer algo más ambicioso. En su largo discurso no mencionó al presidente estadounidense, Donald Trump, pero señaló: “Cuando negociamos solo de forma bilateral con una hegemonía, lo hacemos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Eso no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación”. “En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por el favor, o unirse para crear un tercer camino con impacto”, indica. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las reglas seguirá siendo fuerte, si decidimos ejercerlo juntos, agrega.
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