|
|
Foto:
Google .
|
Xalapa, Ver.-
Stephen Miller, subjefe de gabinete de Estados Unidos, es tan poderoso que algunos de los funcionarios lo llaman “el primer ministro”. Es el arquitecto de la brutal política antimigrante del actual gobierno y, según versiones extraoficiales, está entre quienes proponen ataques militares en México. También se ha convertido en uno de los voceros más confiables del mandatario Donald Trump –lo ha acompañado desde su primer periodo presidencial– y que de manera frecuente explica las medidas más extremas tomadas por el magnate. En México y otras partes de América Latina, Miller es conocido como el hombre en el centro del esfuerzo para deportar a un millón de inmigrantes cada año, y el funcionario que convoca una teleconferencia diaria a las 10 de la mañana para monitorear el progreso de esta campaña. Durante la primera presidencia de Trump, Miller se enfocó casi exclusivamente en la política migratoria, incluida la táctica de la separación forzosa de más de 5 mil niños, algunos bebés, de sus padres como forma de “disuadir” la inmigración de familias y de otras medidas extremas. Ante el fracaso de alcanzar sus metas en ese primer periodo, desarrolló planes para una política aún más agresiva para este segundo periodo, que incluyó no sólo esfuerzos para deportar un millón de persona anualmente, sino también cambios fundamentales en las leyes de migración, la anulación de programas temporales de protección de ciertos extranjeros, limitar visas, anular efectivamente el derecho de asilo, cuestionar la ciudadanía por nacimiento en Estados Unidos y acciones más agresivas contra los flujos de extranjeros desde México y otros países. “En los primeros meses de este gobierno, Miller, el arquitecto de las políticas antimigrantes y de control fronterizo, y su equipo empezaron a discutir sobre poner en marcha una nueva guerra contra las drogas con ataques a cárteles y supuestos traficantes en México”, reportó The Washington Post en diciembre. Ni el subjefe de gabinete o el presidente han desmentido eso. Aunque el gobierno de Trump giró su atención más al sur con Venezuela, la presión sobre México permanece y reaparece públicamente una y otra vez. Miller, el secretario de Estado Marco Rubio y el “zar” antiterrorismo de la Casa Blanca, Sebastian Gorka, han hecho mancuerna para promover más acciones militares unilaterales de Estados Unidos, como fue el caso de Venezuela y ahora en otras partes del mundo. Por lo tanto, el subjefe de gabinete ya no sólo está enfocado en la política interna estadunidense, sino cada vez más en la proyección del superpoder que tanto elogia. Miller, de 40 años, creció en California, hijo de padres inmigrantes liberales. Sus antecesores judíos llegaron a Estados Unidos desde lo que entonces era Bielorusia para “escapar de las dificultades económicas y la persecución religiosa con el fin de construir una vida mejor para ellos y sus hijos”, según una historia de la familia encontrada por la revista New Republic. Desde joven, en la preparatoria y la universidad, Miller es recordado como un provocador, haciendo declaraciones cada vez más repugnantes para generar atención. “Yo haré cosas que nadie dirá o hará”, afirmó en un video en la escuela obtenido por The Washington Post.
|