El Plan B, esa fallida reforma que pretendía convertirse en un campo minado en contra de la oposición -y hasta de sus aliados- durante el próximo proceso electoral, empieza a estallar bajo los pies de la presidenta Sheinbaum y Morena.
Si la primera iniciativa rechazada por el Congreso se trataba de la ruta hacia un partido de Estado, el Plan B significa una trampa en la que ni los partidos aliados al régimen quieren caer: formaliza la inequidad en la contienda, no hay ahorros que disminuyan el costo de las elecciones y mantiene la obsesión por debilitar al instituto electoral.
Si el propósito de la reforma fuera legítimo, bastaría con cumplir la ley electoral y evitar el despilfarro del erario en campañas políticas anticipadas. Morena ya arrancó la elección federal intermedia y la de 17 gubernaturas del país del próximo año violando la ley.
Basta decir que cuando inicie el proceso electoral en el mes de septiembre, Morena ya tendrá a sus candidatos a gobernadores, diputados federales y presidentes municipales, quedando pendientes sólo los diputados locales.
Hace unos días, Morena acordó que el 22 de junio se elegirán a quienes competirán por las 17 gubernaturas en los comicios de 2027. Para ajustarse a los tiempos del INE serán nombrados internamente como “coordinadores estatales”, encargados de preparar su propia elección.
Con este embuste podrán hacer campaña política de manera abierta y desproporcionada, meses antes del tiempo establecido por la ley, sin la posibilidad siquiera de fiscalizar lo que se gastan. El calendario electoral será papel higiénico en el excusado morenista.
Si quieren una verdadera democracia, ¿por qué el Plan B no considera una sanción ejemplar a los actos anticipados de campaña ocultos bajo la farsa de “coordinadores”, según la elección de que se trate?
Pero si las campañas anticipadas no fueran suficientes, entonces el Plan B propone que la presidenta Shienbaum también vaya en la boleta electoral mediante la figura de revocación de mandato, lo que le permitiría hacer campaña abiertamente, como ya lo hizo López Obrador durante su gobierno. Aquel ejercicio fue un caro y rotundo fracaso.
Esta inequidad perjudica incluso a sus propios aliados del PT y PVEM, lo que plantea la posibilidad de que el Plan B también se vaya a la basura y la presidenta no pueda hacer campaña a favor de Morena. Por eso tanto enojo.
El Plan B no significa ningún ahorro: campañas anticipadas, dinero público en apoyo a los “coordinadores” morenistas, movilización de la burocracia a actos partidistas, y peor aún, la posibilidad de que todos los estados del país celebren procesos de revocación de mandato que costarán miles de millones de pesos que podrían destinarse a obras y servicios como hospitales, escuelas y apoyo al campo.
Finalmente, debilitar al INE sólo busca reducir su capacidad de vigilancia y fiscalización, lo mismo del financiamiento ilegal que del gasto de candidatos disfrazados de coordinadores.
Morena cultivó el huevo de la serpiente que terminará por devorarlo.
La puntita
Coincido con Esteban Bautista, coordinador de los diputados locales de Morena cuando dice que Cuitláhuac García fue un lastre para los veracruzanos. Pero discrepo en que la mayoría legislativa de Morena haya aprobado todas sus cuentas públicas, repletas de raterías, al jefe del cartel de las uñas largas y la presidenta Sheinbaum lo haya premiado con una chambita federal. |
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