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XALAPA.- Tres tanquetas del Ejército colombiano fueron colocadas por el gobierno de Gustavo Petro en el puente internacional Simón Bolívar, en Cúcuta, en la frontera con Venezuela. Los blindados imponentes están visibles para todos los que cruzan hacia el estado de Táchira, una imagen que busca proyectar fortaleza frente a lo ocurrido en Caracas, pero que no pasa de ser una pantomima, ya que horas después se rindió ante Donald Trump con quien sostuvo una conversación telefónica para acordar un encuentro en Estados Unidos. Después de unas horas en el lugar, uno se puede dar cuenta que no hay revisiones a los vehículos que ingresan desde Venezuela a territorio colombiano, no se inspeccionan cargas ni pasajeros, y no existe un control real sobre lo que cruza la frontera. La vigilancia, aunque aparente, es sólo disuasiva, una puesta en escena que no aporta nada más a la seguridad, mientras por ese mismo paso puede ingresar cualquier tipo de cosa. Bajo la sombra de esas tanquetas, la frontera volvió a convertirse en escenario de dolor y espera. En el puente internacional Simón Bolívar, del lado colombiano, familiares de personas detenidas en Venezuela por razones políticas, se manifestaron para exigir respuestas. No llegaron a hacer ruido ni a bloquear el paso. Llegaron a romper el silencio. Aquí, donde dos países se tocan sin abrazarse, hay familias que no cruzan, esperan noticias, esperan respuestas, esperan saber si sus seres queridos siguen vivos. La protesta se da en medio de un clima de alta tensión regional, tras el ataque de Estados Unidos que derivó en la captura de Nicolás Maduro, un hecho que mantiene a la frontera bajo observación internacional. Frente a ese escenario, Colombia optó por reforzar la imagen militar, aunque sin medidas efectivas de control. A pesar del despliegue de tanquetas y de la manifestación, el paso fronterizo permaneció abierto. La gente cruzaba con normalidad, como cualquier otro día, cargando bolsas, mercancía y rutinas.
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