Francisco Montfort Guillén
Que se dé muerte a delincuentes, de grandes o de pequeñas famas, no significa que, desde el gobierno, en sus tres niveles y poderes, se tenga una estrategia definida, operativa, eficiente y eficaz para combatir el crimen organizado. Con la extensión y profundidad que ha alcanzado la actividad criminal en México, los enfrentamientos, buscados o fortuitos, entre maleantes, y entre estos y las autoridades del orden, resultan inevitables y, por esta razón, las abundantes muertes y sus vaivenes no pueden ser tomadas como un indicador de la eficiencia y eficacia de las acciones gubernamentales. Menos muertes no significa menos corrupción, menor número de transacciones ilícitas, disminución de delincuentes a las sombras, disminución de ganancias para los criminales.
La muerte de un gran maleante, asesino y líder de asesinos, que sembró terror en todo el país es, por sí misma, una buena noticia, porque nadie puede negarle sus capacidades para iniciar y hacer crecer desmesuradamente, sus negocios criminales. Así que su desaparición física, como el encarcelamiento en Estados Unidos de otros líderes, causa una debilidad inicial en sus organizaciones delictivas. Aunque siempre es posible que alguno de sus sucesores no solo mantenga la operatividad conquistada, sino que resulte más hábil y refuerce las empresas criminales bajo su mando.
Lo que no es tangible para los mexicanos es que el gobierno cuente con una estrategia que, a estas alturas, ya debería mostrar avances en sus combates a la organización de la delincuencia. Atrapar a los líderes resulta impactante, pero no detiene las actividades de los grupos criminales. Y por supuesto, no esperamos que en una conferencia de prensa nos expliquen sus estrategias. Estas deben guardar secrecía. Son las acciones concatenadas las que deberían exhibir que las tácticas no son palos de ciego con aciertos y errores (en varias ocasiones se pudo detener al famoso líder hoy difunto) sino que obedecen a un conjunto de acciones eslabonadas para desmantelar una a una las bandas delincuenciales que se han apoderado de buena parte del territorio nacional.
En cualquier sociedad, el delito es consustancial a la formación de la sociedad/ nación/Estado según lo evidenció el famoso alemán Karl Marx (Teorías de la plusvalía. “Concepción apologética de la productividad de todas las profesiones”. K. Marx. Elogio del crimen. Ediciones sequitur, Madrid, 2018. Ahora resulta evidente que, desde su tercera campaña, por lo menos, López Obrador sabía que su triunfo requería contar con el apoyo de todos los poderes a su alcance. Y su idea de restaurar un capitalismo de Estado autoritario debía tener su propio capitalismo criminal de Estado. Y eso lo logró, precisamente, con el Cártel Jalisco Nueva generación. Porque sabía, o intuía que el crimen, en su complejidad, no solo es malo, también tiene su antítesis.
Por eso es importante recordar que el delito no es únicamente un problema de moralidad, sino que así mismo expresa la división social del trabajo y la formación del mercado interno. No sólo porque algunas de sus ganancias entran en el circuito financiero legal y permiten la reconstrucción de ciudades, principalmente en destinos turísticos como Miami, Marbella, Ibiza, Cancún y muchos más, sino que aumentan de la misma manera la riqueza nacional de cada país beneficiado.
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<> y permite el desarrollo de las cerraduras y los cerrajeros, las cajas de seguridad y la sofisticación en la elaboración de los billetes y monedas (por los falsificadores) y en fin el desarrollo de la química por las adulteraciones de las mercancías. Hasta aquí Marx.
En México ha surgido toda una industria musical que se ha impuesto en casi todo el país con “música norteña” de corridos homenaje a los narcotraficantes, así como una extendida narco-estética. Sin esta famosa delincuencia ¿qué sería de Arturo Pérez Riverte y su novela La reina del Sur? ¿Qué sería de la fama de Kate del Castillo y su rol de Reina del Sur? ¿Y qué de la industria de telenovelas y series mexicanas y colombianas sobre historias de narcotraficantes convertidos en ídolos? ¿Y qué de la novela negra mexicana de última generación?
El Estado mexicano engendró los súper cárteles de la droga, pero no ha sabido subordinarlos y, ahora, esas organizaciones los sustituyen en buena parte del territorio nacional. Miami creció gracias a las ganancias del Cártel de Medellín de Pablo Escobar igual que algunos destinos turísticos de Estaña, pero en México el dinero de las superganancias de la droga no beneficia colectivamente a nadie, pues o sacan sus fortunas a Estados Unidos y a paraísos fiscales, o su comportamiento es idéntico al de los grandes empresarios de AMLO y Sheinbaum (Slim, Bailleres, etc.), que actúan como un club de compadres: sólo entre ellos hay beneficios (bueno, ahora hay que incluir a los hijos de AMLO y a sus amigos).
Por estas razones en Estados Unidos las drogas no se legalizan para su consumo, porque representan grandes negocios como actividades ilícitas y como males a combatir. Y en México ni se obtienen grandes beneficios para el bienestar colectivo ni se combaten efectivamente porque los primeros beneficiados son algunos de los integrantes de las clases políticas en los tres niveles de gobierno y en los tres poderes y en todos los estados.
En otros términos: tenemos una delincuencia que alcanza el ranking de los más grandes gánsteres, bandas internacionales, pero sus grandes ganancias no se quedan en México. Y aquí entra la estupidez como categoría analítica: los beneficiarios parasitarios de las clases políticas mexicanas hacen sus fortunas gracias a la colusión, complicidades y corrupción, pero carecen absolutamente de capacidades para conducir el Estado. Alimentaron a unos delincuentes pero ahora corren el riesgo de perder el Estado
Y es que la actual clase gobernante cumple perfectamente con la Quinta Ley Fundamental de la Estupidez (según Carlos M. Cipolla, En Allegro ma non tropo, Il Mulino, Bolonia, 1988, pp.73-74:
Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe
Y el corolario de la ley es:
El estúpido es más peligroso que el bandido
<> ( En K. Marx., op.cit).
<> (de la película El Tercer Hombre, de Orson Welles (Ibid).
En el mundo, durante los últimos diez años se ha consolidado China como primera potencia manufacturera, D. Trump cambió los mercados mundiales, Brasil recuperó, con Lula, la izquierda democrática. En México ¿qué se ha producido? Al Peje, al senador Noroña, al comisario Pablo Gómez.
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