Andi Uriel Hernández Sánchez
El próximo domingo 8 de febrero se realizará la VI Jornada Nacional de Oratoria, convocada por el Movimiento Antorchista Nacional en las 32 entidades federativas del país, con la intención de impulsar y rescatar una actividad artística e intelectual, bastante desdeñada en el país, pero con gran valor para la formación de la juventud mexicana y herramienta útil para las clases trabajadoras del país.
Según la convocatoria que ha emitido nuestra Comisión Cultural Nacional, los interesados en participar podrán hacerlo en alguna de las siguientes categorías: juvenil A (estudiantes del nivel secundaria), juvenil B (jóvenes de bachillerato), libre estudiantil (universitarios), magisterial, campesino, obrero-popular y activistas del Movimiento Antorchista.
La participación de sectores de la clase trabajadora, convertirán a nuestra Jornada Nacional de Oratoria en un evento sui generis, único y extraordinario en el país, porque implica dar la lucha en contra de los esfuerzos de las clases dominantes para proscribir la elevación espiritual y cultural de los estratos más humildes de la sociedad.
Los antorchistas consideramos a la oratoria como el arte que perfecciona la capacidad de comunicación entre los seres humanos mediante la palabra hablada; es sumamente apreciada entre nosotros, toda vez que sostenemos que, a pesar de que la humanidad ha inventado muchos otros medios de comunicación, la palabra hablada continúa siendo el principal y más eficaz método de transmisión de ideas entre las personas.
De ahí que no compartimos la opinión de quienes sostienen que la oratoria consiste única y simplemente en el uso florido, rebuscado, elegante o altisonante del lenguaje, pues la palabra hablada no es más que la vestidura material del pensamiento, por lo que lo realmente valioso y bello de la oratoria se encuentra en el contenido, en el carácter profundo, crítico y verdadero de las ideas disertadas a través de una pieza oratoria. De lo contrario, la oratoria se vuelve hueca, ridícula y aburrida.
Por ello, quien desee convertirse en un buen orador debe procurar el entrenamiento permanente, disciplinado y metódico de su pensamiento, debe trabajar seriamente en la formación de un cerebro que conozca con precisión la realidad material del mundo y la sociedad que lo rodea y que domine la metodología del conocimiento, algo que, aunque no se logra de la noche a la mañana, es la esencia de la buena oratoria.
Por lo tanto, la oratoria bien entendida y practicada, puede convertirse en una herramienta poderosa para impulsar el amor por el conocimiento, desarrollar el pensamiento crítico y combatir la enajenación de la población, particularmente de los más jóvenes. Tarea sumamente necesaria e ineludible en los tiempos que corren, cuando las clases dominantes del mundo entero libran una guerra en toda regla, utilizando medios de propaganda poderosos, para apoderarse del pensamiento de la gente y alejarlas del conocimiento científico y profundo, para que no se cuestionen su realidad y menos se dispongan a cambiarla.
Aunque la lectura es el vehículo más efectivo para allegarse conocimiento, en nuestro país, cada año cae de manera sostenida el número de lectores. Según el Módulo Sobre Lectura del Inegi, en 2025 sólo el 69.6% de la población mayor de 18 años que sabe leer, declaró haber leído libros, revistas, periódicos, historietas o páginas de Internet; ese dato fue 14.6 puntos porcentuales menor, con relación a la cifra del primer levantamiento realizado por el Inegi en 2015, cuando fue del 84.2%. Además, de acuerdo con los datos del año pasado, el 30 por ciento de quienes saben leer declararon no hacerlo nunca.
Hay más. Según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), los mexicanos somos el pueblo latinoamericano que menos libros lee al año: apenas 2.9. Y recuérdese que éstos son promedios, frecuentemente engañosos, porque los sectores de mayores ingresos leen más que los sectores populares.
Al mismo tiempo, la situación en las escuelas públicas es grave. “… los niños de sexto de primaria y secundaria están teniendo un nivel de lectura de segundo grado de primaria” (La Silla Rota, 25 de febrero con datos del Centro Kumon), esto significa que las futuras generaciones tendrán un desconocimiento descomunal del español básico y, por ende, una pobre comprensión lectora.
En contraparte, crece la avasalladora y peligrosa influencia de los teléfonos “inteligentes” entre los niños y jóvenes, con lo que ganan terreno las imágenes, fotografías o videos como medio de comunicación super simplificado, se reducen los textos al mínimo y con ello se abandona el esfuerzo mental y la imaginación. México es uno de los países en donde la población pasa más tiempo frente a la pantalla del celular, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país ocupa el tercer lugar ¡a nivel mundial! en uso de dispositivos móviles, ¡con un promedio de ocho horas diarias! ¡Aterrador!
Las consecuencias de este proceso de sometimiento mental son gravísimas. En lo económico, cae el nivel de preparación de la fuerza laboral, con lo que cae la capacidad productiva y, por tanto, la competitividad económica. En el terreno ideológico y político, se ahonda la enajenación total, se deja al pueblo sin criterios para discernir la verdad de las mentiras que difunden los medios de comunicación y las mismas redes sociales, queda vulnerable ante las corrientes ideológicas que promueven el fanatismo, el misticismo y el irracionalismo.
Sin posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico y sin poder expresarlo a través de la argumentación, los mexicanos se despolitizan, van perdiendo la capacidad de ver más allá de sus necesidades y problemas inmediatos y domésticos, se les corta la posibilidad de tener perspectivas más amplias, nacionales y mundiales, y con ello, se vuelven presa fácil de los engaños y espejismos de los políticos mentirosos y arribistas, como muchos de los que prometieron acabar con la pobreza y con la corrupción. Ya vemos que nada de eso ocurrió.
Así pues, si los antorchistas realmente aspiramos a emancipar política y económicamente a las clases trabajadoras mexicanas y construir una sociedad sin tantas injusticias y con un reparto equitativo de la riqueza social, necesitamos echar mano de todas las herramientas de que dispongamos para elevar la conciencia y la actividad política del pueblo mexicano, tarea para la cual, el desarrollo del arte de la oratoria, tiene absoluta cabida.
Ojalá que nuestro trabajo en este terreno no se reduzca a los concursos y nos dispongamos realmente a impulsar de forma decidida el desarrollo del pensamiento crítico y el conocimiento científico, así como el amor por la palabra hablada, para conquistar la simpatía y la conciencia de millones de mexicanos. |
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