¿La diplomacia como coartada o la justicia como pendiente? La pregunta no es menor cuando el nombramiento de Alejandro Gertz Manero como embajador de México en el Reino Unido se anuncia con la solemnidad del servicio exterior, pero se arrastra con el pesado equipaje de expedientes inconclusos, promesas incumplidas y una herida abierta que sigue supurando en Veracruz.
Gertz Manero no llega a Londres como un diplomático cualquiera. Llega como el ex Fiscal General de la República que conoció —y manejó— los casos más emblemáticos de corrupción del país, entre ellos el de Javier Duarte de Ochoa y su esposa Karime Macías. Y fue el propio Gertz quien afirmó que su labor diplomática serviría para “defender los derechos de los mexicanos”. Bien. Entonces conviene preguntar: ¿también los derechos de los veracruzanos saqueados?
Porque mientras se pronuncian discursos sobre legalidad y cooperación internacional, Karime Macías sigue viviendo en Inglaterra con una tranquilidad ofensiva, como si el daño patrimonial causado a Veracruz hubiera sido una anécdota doméstica y no uno de los mayores desfalcos en la historia reciente del país. Durante meses —años— se anunció su inminente deportación. Nunca ocurrió. El expediente duerme. La justicia bosteza.
Y como si el sarcasmo de la realidad no fuera suficiente, desde hace semanas circula la versión de que Javier Duarte podría recuperar su libertad anticipada por “buena conducta”, lo que le permitiría viajar al extranjero y reunirse con su familia. El mensaje es brutal: en México, robar miles de millones puede ser delito; pagarlo, parece opcional.
No se trata de linchar ni de especular. Los hechos están documentados. El sexenio de Duarte significó el mayor saqueo a las finanzas públicas de Veracruz. No fue obra de un solo hombre ni de una sola mujer. Fue una red perfectamente articulada que involucró a secretarios, operadores financieros, prestanombres y cómplices silenciosos. La corrupción no fue accidente: fue sistema.
Durante la minigubernatura de Miguel Ángel Yunes Linares se exhibieron —con espectacularidad mediática— mansiones, ranchos, cuentas bancarias y propiedades en México y el extranjero. Se habló de recuperación de recursos. Se montaron conferencias. Se señalaron nombres. Pero, al final, nadie supo explicar con claridad a dónde fueron a parar esos millones supuestamente recuperados. Mucho ruido, pocas cuentas.
Ahí están los datos duros. En junio de 2018 se presentó la lista de las llamadas “casitas de los veracruzanos” en The Woodlands, Texas. No chozas, no viviendas modestas: un emporio inmobiliario valuado en miles de millones de dólares, adquirido por ex funcionarios duartistas a través de familiares, empresas fachada y testaferros. Direcciones, valores comerciales, fechas de compra, nombres completos. Información precisa, verificable, pública. Y aun así, la impunidad intacta.
Adolfo Mota, Harry Grappa, José Mansur, Antonio Badín, Karime Macías, Salomón Mansur, Salvador Manzur, Arturo Bermúdez. La lista es larga, detallada y escandalosa. Cada propiedad es un recordatorio de hospitales sin medicinas, escuelas abandonadas, carreteras inconclusas y deudas heredadas a generaciones enteras de veracruzanos.
Por eso el nombramiento de Gertz Manero en Londres no es irrelevante ni protocolario. Tiene un peso político, ético y simbólico enorme. Conoce el expediente. Conoce los mecanismos. Conoce a los actores. Y ahora representa al Estado mexicano en el país donde reside una de las principales figuras del saqueo veracruzano. No hay excusas técnicas ni diplomáticas que valgan.
La Ley de Extradición, los tratados internacionales, la cooperación judicial y la voluntad política existen. Lo que ha faltado es decisión. Y cuando la justicia se posterga, deja de ser justicia para convertirse en simulación.
La diplomacia no puede ser refugio de la omisión ni la embajada un archivo muerto. Si el discurso de defensa de los derechos de los mexicanos es sincero, debe traducirse en acciones concretas: reactivar procesos, exigir cooperación, transparentar resultados y rendir cuentas claras. Todo lo demás es retórica hueca.
Veracruz no olvida. No puede ni debe olvidar. Porque la memoria también es una forma de justicia.
Si Gertz Manero cruza el Atlántico para representar a México y no para cerrar el círculo de la impunidad duartista, su nombramiento no será diplomacia: será complicidad.
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