De Veracruz al mundo
RAÚL VÁZQUEZ MONTOYA
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2025-11-27 / 19:46:22
EL PODER DEL SILENCIO
“La democracia es el gobierno de las reglas, no de los hombres.” Norberto Bobbio.
El silencio de los ciudadanos pesa más que cualquier discurso: la abstención, el voto nulo y la indiferencia

son la verdadera mayoría.

Cuando la política deja de resolver, deja de ser necesaria y empieza a fallar.

La democracia se hunde en un pantano de desconfianza y la política está en rebaja: instituciones

desacreditadas, partidos políticos al dos por uno, liderazgos evaporados, urnas vacías, militantes en fuga,

legitimidad en descuento y gobiernos sin respaldo.

En medio de esta erosión, los ciudadanos, cada vez más desconfiados de las instituciones y de quienes

las representan, dibujan un panorama desolador justo cuando se requiere enfrentar problemas que golpean

el tejido social y económico de las generaciones presentes y futuras.

Los gobiernos se justifican con promesas incumplidas y pierden su esencia cuando olvidan al pueblo y se

aferran al poder.

Los partidos políticos se desgastan en alianzas sin sentido, cuando deberían ser puentes entre la

ciudadanía y el poder, garantizando representación, pluralidad y participación democrática.

El ciudadano ya no cree, no confía ni espera. Pero el pueblo, tiene la oportunidad de aceptar o rechazar a

quienes lo gobiernan.

Las elecciones federales y estatales concentran mayor interés mediático y movilización partidista, mientras

la lista nominal robusta contrasta con un 40% de abstención y un 3% de votos anulados, expresión de

inconformidad. En cambio, las municipales exhiben apatía y desconfianza hacia las autoridades locales.

En este poder del silencio, uno de cada tres electores define su voto en las últimas semanas de la elección.

La legitimidad electoral se sostiene sobre una base limitada: ningún partido logra superar el 30% de la lista

nominal en votos efectivos. El resultado es claro: abstención y voto nulo suman casi la mitad de la lista

nominal, debilitando la representatividad y el respaldo de los gobiernos electos.

Un país que necesita cohesión y gobiernos con resultados recibe discursos y promesas recicladas. Los

partidos políticos se hunden en su propia crisis: pierden militantes, carecen de simpatizantes y exhiben

una ausencia de liderazgos que vacía las tribunas, la agenda pública y la oferta política.

Los gobiernos decepcionan, los partidos se desgastan y los políticos son rechazados. Mientras cuatro de

cada diez electores permanezcan en silencio, los resultados seguirán reflejando más la capacidad de

movilización partidista que la voluntad general de la población.

La desconexión con el electorado responde a múltiples factores: desgaste generacional, lejanía con sus

representados, falta de estrategias innovadoras, escándalos de corrupción, rigidez en la designación de

candidaturas y ausencia de una agenda política. No es una sola causa, sino un conjunto que erosiona la

confianza ciudadana y dificulta la representación efectiva.

Los partidos siguen dependiendo de estructuras tradicionales y olvidan la voz ciudadana y las nuevas

formas de participación. Incapaces de despertar interés, ofrecen alianzas que más que sumar, restan. En

ocasiones, esas coaliciones terminan ahuyentando al voto indeciso, ese voto fantasma que aparece y

desaparece, pero que en muchas elecciones define el rumbo del poder.

Los ciudadanos deben ser guardianes y protagonistas de la democracia: voces críticas, responsables y

activas en la toma de decisiones, vigilando a sus representantes y defendiendo sus derechos y libertades.

Cuando la ciudadanía calla, no desaparece: se convierte en la fuerza que redefine el mapa político. Y ese

silencio, tarde o temprano, termina cobrando factura.

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