| El corredor transístmico desata una disputa criminal por el control del sur de Veracruz . | ||||||
| El Corredor Interoceanico del Istmo ha intensificado la disputa criminal en el sur de Veracruz, donde grupos locales buscan controlar territorio, obras y politica | ||||||
| Viernes 06 de Febrero de 2026 | ||||||
| Por: Excelsior | ||||||
La violencia que se registra en municipios como Sayula de Alemán, Playa Vicente y San Juan Evangelista no responde únicamente a disputas locales. Forma parte de un proceso más amplio: la lucha por el dominio de un corredor que, en los próximos años, concentrará flujos de mercancías legales, transporte industrial y oportunidades de lavado de dinero a través de contratos públicos. En este contexto, la fragilidad institucional de los ayuntamientos y la persistencia de estructuras caciquiles han facilitado la entrada de grupos que combinan influencia política, poder económico y presunta actividad criminal. Entre ellos destaca un apellido que, desde hace décadas, marca la vida pública del sur de Veracruz: Vázquez. Conocidos en la región como Los Chivos, este grupo familiar ha sido señalado por víctimas, autoridades y actores políticos como una estructura que opera en la intersección entre la economía agropecuaria, la política municipal y el crimen organizado. Su presencia en la zona no puede entenderse sin el contexto del corredor transístmico, un proyecto que ha revalorizado el territorio y ha intensificado la disputa por su control. La historia de Los Chivos —sus orígenes, su consolidación y las acusaciones que pesan sobre ellos— ilustra cómo el crimen organizado se adapta a los megaproyectos y aprovecha los vacíos del Estado para capturar instituciones locales. Es también la historia de un poder que se mueve con soltura entre la legalidad y la clandestinidad, en una región donde la debilidad institucional ha permitido que actores privados administren, de facto, funciones que deberían corresponder al Estado. Una dinastía construida entre obra pública, control político y violencia El origen del poder de los Vázquez no se entiende sin Cirilo Vázquez Lagunes, El Cacique del Sur. Sin ocupar cargos de elección, gobernó de facto municipios como Acayucan y San Juan Evangelista durante los años ochenta y noventa. Su influencia combinaba obra social —carreteras, escuelas, apoyos— con un férreo control político y económico. Su asesinato, el 19 de noviembre de 2006, marcó el inicio de una disputa interna y un reacomodo regional. Fue ejecutado junto con tres escoltas y su suegro tras salir de un juego de beisbol. Meses antes, su hermano Ponciano había sido asesinado en Tabasco. Ninguno de los crímenes fue esclarecido. En ese vacío emergió Erasmo Vázquez González, medio hermano de Cirilo, apodado El Chivo. Junto con sus hijos, Miguel Ángel y Juan Carlos Vázquez Bonilla, habría transitado de empresario citrícola y ganadero a operador político con presunta estructura armada. Autoridades y víctimas los identifican como el núcleo del grupo delictivo Los Chivos, señalado por infiltración municipal, extorsión y violencia sistemática. Las denuncias contra Los Chivos describen un patrón de control institucional y territorial. La acusación más detallada provino de Lorena Sánchez Vargas, alcaldesa de Sayula de Alemán por Morena, quien en 2022 denunció que, tras ganar la elección, fue obligada a abandonar el municipio por presiones del grupo encabezado por Erasmo Vázquez y sus hijos. Aseguró haber recibido como amenaza un video de una persona desmembrada. Según su testimonio y reportes periodísticos, Los Chivos habrían impuesto funcionarios en Sayula de Alemán, Playa Vicente y San Juan Evangelista, además de controlar tesorerías, obras públicas y cuentas bancarias. También señaló la operación de una estructura armada encapuchada, que se presentaba como “policía de élite” y que mantenía presuntos vínculos con Gente Nueva, brazo armado del Cártel de Sinaloa. No obstante, sobre la exalcaldesa también pesan señalamientos de ser hermana de un presunto integrante del Cártel Jalisco Nueva Generación y de haber sido inicialmente cercana a Los Chivos, con quienes habría roto al negarles espacios en la administración municipal y contratos de obra pública. Otros testimonios refuerzan el patrón Remigio Vázquez Martínez, empresario limonero, denunció en 2024 haber sido torturado por el grupo, que le advirtió: “Aquí mandamos nosotros”. Señaló que operaban detrás de los alcaldes de Playa Vicente y San Juan Evangelista. El caso de Alex Ulises Tadeo López, taxista de Sayula de Alemán cuyo cuerpo apareció frente al rancho familiar en diciembre de 2024, detonó un mensaje público de Miguel Ángel Vázquez desafiando a otros grupos criminales. Aunque este hecho no aparece en fuentes públicas, ilustra la narrativa de confrontación que él mismo impulsa. Las denuncias contra Los Chivos incluyen amenazas a autoridades, imposición de funcionarios y control de recursos municipales en Sayula de Alemán, Playa Vicente y San Juan Evangelista. Se les vincula con organizaciones criminales y con el uso de una estructura armada. Miguel Ángel Vázquez, uno de los líderes del grupo, enfrenta acusaciones de homicidio y violencia, aunque en redes sociales busca proyectarse como empresario preocupado por la seguridad. La familia ha logrado influencia política mediante parientes en cargos públicos, en una región disputada por cárteles de mayor alcance. El control de estos municipios permite a Los Chivos influir en obra pública, rutas estratégicas y presuntas operaciones de lavado de dinero, aprovechando la debilidad institucional y la colusión entre poder político, económico y criminal. Mientras esta estructura persista, la violencia seguirá marcando al sur de Veracruz. |
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