| Permiten a periodistas ingresar a centro de niños migrantes en Texas. | ||||||
| Debido a que miles de niños y familias han arribado a la frontera sur de Estados Unidos en semanas recientes y llenado las instalaciones, Biden está bajo presión para implementar más transparencia al proceso. | ||||||
| Martes 30 de Marzo de 2021 | ||||||
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Debido a que miles de niños y familias han arribado a la frontera sur de Estados Unidos en semanas recientes y llenado las instalaciones, Biden está bajo presión para implementar más transparencia al proceso. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés) les permitió a dos periodistas de The Associated Press y a un equipo de la cadena CBS recorrer la instalación en Donna, Texas, en el Valle del Río Grande. La instalación tiene una capacidad de 250 personas, pero más de 4 mil100 estaban siendo albergadas en el sitio el martes. La mayoría eran menores no acompañados procesados en tiendas de campaña antes de ser llevados a los albergues operados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos y entonces colocados con un familiar o un patrocinador. Los niños estaban durmiendo por centenares en ocho recintos de unos 297 metros cuadrados (3 mil 200 pies cuadrados). Muchos de los recintos alojaban a más de 500 niños. Oscar Escamilla, director interino de la Patrulla Fronteriza en el Valle del Río Grande, dijo que entre 250 y 300 niños entran al centro cada día, y una cifra mucho menor sale. El martes, los periodistas vieron el procesamientos de los niños: Iban a una pequeña habitación para un examen de salud y una inspección de piojos. Les rociaban el pelo con mangueras, y las toallas eran lanzadas a un depósito con la inscripción “Piojos”. Los menores —muchos de los cuales hicieron largas travesías para llegar a la frontera, incluyendo tramos a pie— también eran examinados para detectar sarna, fiebre y otros males. No se realizaban pruebas de coronavirus a menos que un menor mostrase síntomas. Enfermeros administraron además pruebas psicológicas, preguntándoles a los niños si tenían pensamientos sobre suicidio. Todos los cordones de zapatos fueron retirados para prevenir daños. Los niños eran llevados seguidamente por un largo pasillo a una habitación grande. A aquellos de 14 años o mayores se les tomaban las huellas dactilares y una foto. De ahí eran llevados a una segunda sala en la que recibían notificaciones para comparecer ante una corte de inmigración. Agentes de la Patrulla Fronteriza les preguntaban si tenían algún conocido en Estados Unidos y les permitían a los niños hablar con esas personas por teléfono. Los niños recibían brazaletes con un código de barras que muestra cuándo se ducharon y sus condiciones médicas. |
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