Es muy corto el espacio para intentar comparar lo que han prometido las reformaseducativas en México desde 1993 hasta 2022, especialmente en educaciónsecundaria. Quizá la Reforma que más elementos formales contiene es la de 1993,que fue capaz de sobrevivir durante tres sexenios, todo un record en la segundamitad del siglo XX, sólo comparable con el Plan de Once Años.Para evaluar los efectos de una reforma educativa, sugieren los expertos, senecesita al menos 15 años con una metodología de seguimiento y evaluación,cuestión que ha presentado deficiencias en el entorno mexicano. La reforma aludidaduró trece años, de 1993 a 2006, pero no se hicieron estudios exhaustivos de suslogros. Venía, hay que reconocerlo, de una revolución educativa planteada enmarzo de 1990 en la Conferencia sobre Educación para Todos celebrada enJomtien, Tailandia.En Tailandia, convocados por la UNESCO, participaron delegados de 155 países,150 organizaciones gubernamentales y no gubernamentales (ONG), más de milquinientos participantes, con temarios desahogados previamente por regiones, conla finalidad de universalizar la educación básica, encontrar fundamentos sólidospara facilitar los aprendizajes y reducir el analfabetismo en el mundo.Con los elementos expuestos en la Conferencia, México reorganizó y modernizó elSistema Educativo Mexicano y configuró la educación básica de 9 grados,inexistente hasta 1993. Declaró la federalización del Sistema (descentralización), laobligatoriedad de la educación secundaria, el enfoque en habilidades, incrementóuna hora a las asignaturas de español y matemáticas, se apropió de un programapor asignaturas en lugar de áreas, y se comprometió una asignatura que permitierala reflexión sobre los valores, la convivencia y la ciudadanía, que se concluyó hasta1999.De los tres elementos clave para el desarrollo de los alumnos, señalado en laConferencia de Tailandia, faltó profundizar la comprensión sobre la necesidadinminente de desarrollar habilidades de comunicación y pensamiento lógicomatemático para apropiarse de cualquier conocimiento, y de igual importancia parala humanidad, habilidades para la vida en la reflexión valoral, las creencias,actitudes y autorregulación de las emociones.
La Nueva Escuela Mexicana (NEM) ─33 años y tres reformas después─, insiste hoyen un enfoque humanista, plural, inclusivo y comunitario. El Plan 2022 afirma que,en lugar de “formar capital humano… para perfiles del mercado laboral”, la escueladebe “formar niñas, niños y adolescentes felices; ciudadanos críticos… capaces detomar decisiones que beneficien sus vidas y las de los demás”. El perfil de egresoprioriza competencias sociales, cívicas y artísticas, aprendizaje para aprender,equidad de género y lazos comunitarios (el estudiante como sujeto de derechos yagente de cambio).En julio próximo saldrá la primera generación de alumnos de educación secundariaque se educó bajo los preceptos de la NEM. Dentro de tres años (2029) será máscompleta la experiencia en secundaria y egresará la primera generación de primaria.Si pudiera haber un seguimiento puntual y una evaluación de estos dos momentosy de los sucesos intermedios, en cuanto a participación de los padres, actualizaciónde los docentes, facilidades institucionales para el desarrollo educativo,oportunidades para la evolución social, movimiento de la fuerza laboral, etcétera, talvez sabríamos en dónde estamos.El apartado de “antecedentes” del Acuerdo Nacional para la Modernización de laEducación Básica (ANMEB), de mayo de 1992, dice: “la calidad de la educaciónbásica es deficiente en que, por diversos motivos, no proporciona el conjuntoadecuado de conocimientos, habilidades, capacidades y destrezas, actitudes yvalores necesarios para el desenvolvimiento de los educandos y para que estén encondiciones de contribuir, efectivamente, a su propio progreso y al desarrollo delpaís.” Quisiéramos encontrar, en este preciso momento, que estos “antecedentes”no se estén repitiendo en nuestra historia educativa.gnietoa@hotmail.com |
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