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XALAPA.- A raíz de la pandemia de Covid, escanear un código QR se volvió un gesto automático: pedir la carta, pagar una cuenta o acceder a una promoción toma apenas segundos, sin embrago ciberdelincuentes también lo usan para estafar. El uso de códigos QR se expandió con rapidez en servicios cotidianos, desde comercios hasta trámites digitales. En ese terreno, los estafadores han comenzado a adaptarse, advierten expertos en ciberseguridad. A diferencia de los enlaces tradicionales, estos códigos fraudulentos no permiten visualizar la dirección web antes de acceder, lo que reduce la capacidad del usuario para detectar señales de alerta y aumenta la probabilidad de caer en engaños, precisan los especialistas. La mecánica es sencilla: al escanear el código, el usuario es dirigido a una página que puede simular ser una plataforma legítima. Ahí se solicitan datos personales, credenciales o incluso pagos. En otros casos, los códigos funcionan como intermediarios para instalar software malicioso o redirigir a ciberestafas mediante suplantación de identidad de empresas (phishing). El riesgo se amplifica porque el QR elimina un paso intermedio: la lectura consciente del enlace. En correos electrónicos o mensajes tradicionales, la dirección web puede revisarse antes de dar clic. En el caso de los códigos, ese filtro desaparece o queda reducido a una vista previa que muchos usuarios ignoran o no saben interpretar. “Los códigos QR son herramientas útiles, pero también pueden ser manipulados con facilidad. Al no poder ver el destino del enlace antes de interactuar, los usuarios pueden ser dirigidos a sitios maliciosos sin darse cuenta. Por eso es clave mantener una actitud de sospecha frente a cualquier código que no provenga de una fuente confiable”, advierte Iskander Sanchez-Rola, director de inteligencia artificial (IA) e innovación de la firma de ciberseguridad Norton. Norton recomienda a los usuarios mantener una postura cautelosa y preventiva. Entre las principales medidas destaca no escanear códigos ubicados en lugares públicos o provenientes de fuentes desconocidas, sobre todo si están ligados a pagos o promociones. También sugiere verificar cualquier aviso directamente con la empresa o institución correspondiente antes de proporcionar datos o realizar transacciones. Este paso, aunque sencillo, puede evitar caer en estafas que dependen de la reacción inmediata del usuario. Otro punto clave es revisar con atención el sitio al que dirige el código. Direcciones web con errores, dominios inusuales, diseños inconsistentes o solicitudes de información delicada son señales que deben encender alertas. En caso de duda, la recomendación es no continuar con el proceso. En paralelo, herramientas de protección digital han comenzado a incorporar filtros específicos para este tipo de amenazas. Soluciones como Norton 360 integran sistemas de detección que bloquean sitios maliciosos incluso cuando el acceso proviene de un código QR, lo que añade una capa adicional de seguridad en entornos donde el riesgo pasa inadvertido. Estas herramientas funcionan mediante el análisis de patrones, reputación de dominios y comportamiento de las páginas a las que se intenta acceder. Aunque no eliminan por completo el riesgo, sí reducen la probabilidad de que un usuario llegue a sitios diseñados para el fraude.
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