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Xalapa, Ver.- Cada 14 de abril se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad de Chagas, una fecha orientada a generar conciencia sobre este mal transmitido por la llamada “chinche besucona”, que afecta principalmente a poblaciones en condiciones de vulnerabilidad. Y es que, a pesar de ser una enfermedad endémica de México, el Chagas continúa como un padecimiento poco visible en regiones como las Altas Montañas de Veracruz, donde el subregistro de casos y la falta de información desagregada impiden conocer su verdadera dimensión. Sin embargo, en la práctica, la información disponible sigue siendo limitada, especialmente a nivel local. De acuerdo con datos oficiales, entre 2018 y 2024 se han confirmado más de 6 mil 400 casos de Chagas en el país, mientras que sólo en 2024 se notificaron cerca de 800. Sin embargo, estas cifras carecen de desglose por jurisdicción sanitaria o municipio, lo que dificulta ubicar focos específicos en zonas como Córdoba-Orizaba o la Sierra de Zongolica. Sumado a lo anterior, aunque el sistema federal de vigilancia epidemiológica concentra la información, el acceso público no siempre es oportuno ni detallado. De acuerdo con el boletín de Vigilancia Epidemiológica correspondiente a la semana 14 de 2026, en Veracruz se han registrado al menos tres casos en fase aguda y 17 en fase crónica de la enfermedad de Chagas. A nivel nacional, el mismo reporte indica un total de 13 casos agudos y más de 150 crónicos, lo que confirma la presencia activa del padecimiento. No obstante, estos datos no incluyen un desglose por municipio o región, lo que impide conocer con precisión en qué zonas del estado se concentran los contagios, incluyendo áreas como Córdoba-Orizaba o la Sierra de Zongolica. Más allá de los registros oficiales, estudios científicos han identificado zonas con transmisión activa en Veracruz. Una investigación publicada en la revista Biomédica documentó una seroprevalencia de 1.9 por ciento de infección por Trypanosoma cruzi en menores de 15 años en comunidades rurales del municipio de Tempoal, en el norte del estado. Este hallazgo confirma la existencia de transmisión reciente en esa región, considerada históricamente como uno de los principales focos del padecimiento en Veracruz. El estudio también advierte que la vigilancia en México se basa principalmente en la detección pasiva, es decir, en personas que acuden a servicios de salud, lo que deja fuera a quienes no presentan síntomas o no tienen acceso a atención médica. El Chagas es considerado un padecimiento subdiagnosticado, ya que puede permanecer sin síntomas durante años. Esto provoca que muchas personas desconozcan que están infectadas hasta que la enfermedad evoluciona a su fase crónica. En esta etapa, las complicaciones pueden ser graves, principalmente a nivel cardiaco, incrementando el riesgo de mortalidad si no se atiende a tiempo. Diversos reportes epidemiológicos ubican a Veracruz entre las entidades con presencia histórica de la enfermedad, particularmente en regiones del norte del estado. No obstante, en zonas del centro como Córdoba-Orizaba, así como en la Sierra de Zongolica, existen condiciones que podrían favorecer la transmisión, como viviendas con materiales precarios, presencia del vector y acceso limitado a servicios de salud, aunque no se cuenta con datos públicos desagregados. El Chagas está estrechamente vinculado a contextos de marginación. Municipios serranos presentan rezagos en acceso a vivienda, salud y educación, lo que incrementa tanto el riesgo de contagio como las dificultades para recibir diagnóstico y tratamiento. Además, la ausencia de campañas permanentes de información y detección contribuye a que la enfermedad permanezca invisibilizada. Aunque el Chagas es prevenible y tratable en sus primeras etapas, especialistas coinciden en que el principal desafío es hacerlo visible. La falta de datos claros a nivel regional, el subregistro y la escasa difusión mantienen a esta enfermedad en segundo plano, pese a su impacto potencial en comunidades vulnerables. Lo cierto es que el Chagas sigue presente en regiones como las Altas Montañas de Veracruz, donde convergen pobreza, dispersión poblacional y limitaciones en los servicios médicos.
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