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Xalapa, Ver.-
En la mayoría de los campos agrícolas del país, sus dueños aún se niegan a brindar seguridad social a los jornaleros, o “la dan a medias”, por unos meses para después quitarles ese derecho, denunció Sara, una mujer náhuatl originaria de la Montaña de Guerrero, que desde niña ha trabajado en los surcos. A su vez, Alexandra Haas, directora ejecutiva de Oxfam México, destacó que más del 86 por ciento de las personas jornaleras agrícolas carecen de seguridad social y siete de cada 10 no tiene acceso a servicios de salud. En un foro en la materia, organizado por la Conferencia Interamericana de Seguridad Social y Alianza Campo Justo, enfatizó que “la migración interna, viajar de estado a estado para seguir las cosechas, no puede seguir siendo el pretexto para dejarla (a esta población) fuera de la ley. Necesitamos transitar a una cobertura universal”. Para lograrlo, indicó, el Estado debe garantizar los derechos, “pero el sector agroempresarial tiene la obligación ineludible de cumplir. La responsabilidad empresarial debe traducirse en contratos formales, salarios reales y respeto a la dignidad”. Sara destaca que en los campos “el patrón simplemente no nos da el seguro social” o sólo lo hace por unos meses. “Nosotros vamos por temporada, son seis meses, a los tres meses nos da de baja”, ejemplificó. Refirió que su hija labora en un campo en Sinaloa y hace una semana “se desangró…, ahorita está en cama y no tiene nada, no le pagan. ¿Por qué?, porque no trabaja”. La secretaria de las Mujeres de Oaxaca, Rogelia González, resaltó que la migración de mujeres indígenas para trabajar en campo no siempre es una opción, “es con frecuencia la respuesta a una marginación extrema”. También se van porque sus territorios “han sido castigados por los desastres humanos, por la falta de escuelas o la carencia de empleos”. Igualmente, es “una ruta de escape” frente a matrimonios forzados, o la violencia familiar, mencionó. La mujer jornalera, dice, “no sólo dobla la espalda en el surco, al llegar a su vivienda sigue trabajando: preparando alimentos, cuidando a las hijas y a los hijos, elabora sus artesanías, hace las tortillas para completar el ingreso. Para ellas, el derecho al descanso y al cuidado es un lujo inexistente”.
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