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XALAPA.- Un área colorida y un cuarto de juegos destinada al tratamiento infantil del padecimiento en el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de La Habana exorciza visualmente esa dolencia. La doctora Mariuska Forteza Saéz, responsable de oncopediatría, explica por qué: “El niño que tiene cáncer no es ya”, dice, “un niño que va a jugar o a ir a la escuela. Su vida social va a cambiar completamente. Y se necesita un extra para enfrentar eso. Se requiere acompañar a ese niño y a su familia con todo el apoyo sicosocial necesario, para que se reubique en su nueva realidad y acepte los tratamientos, que siempre son dolorosos y muy complejos. Se necesita que acepten que en su nueva vida va a haber aislamiento social”. El instituto es el centro rector para el tratamiento, investigación y cura del cáncer en Cuba, uno de los nueve centros oncológicos y más de 46 unidades donde se trata el mal. Su sala pediátrica cuenta con 20 camas disponibles. En la actualidad atiende a 12 niños. Muchos de ellos no son de La Habana, sino de provincia. El servicio médico y las medicinas son totalmente gratuitas. El estrangulamiento energético de Donald Trump contra la más grande de las Antillas ha provocado grandes carencias. El doctor Luis Curbelo Alonso, director del instituto, lo explica así: “El oncólogo es un profesional que se va formando en el optimismo. No se da por perdido. Cuando ve una sobrevida de tres o seis meses lo ve como algo grande, porque le prolongó la vida a ese paciente con calidad adecuada”. Pero la asfixia trumpista atenta contra ese optimismo. “En unas condiciones como la de hoy”, explica, “uno tiene el conocimiento, la experticia, el equipo de trabajo para enfrentar algo que puede ser curable o puede ser controlable y, sin embargo, no tener el medicamento. Es algo muy lacerante como profesional, muy cruel. No nos podemos sentar con un paciente y de frente decirle: tiene esta enfermedad y no puedo hacerte nada. Eso no está en nuestra conciencia”. La frialdad de las cifras habla por sí sola. Según el doctor Carlos Alberto Martínez, jefe de la sección de Control del Cáncer en el Ministerio de Salud, Cuba logró tener sobrevida de 80 por ciento en niños con cáncer. Una hazaña. Los países desarrollados logran una sobrevida de entre 80 y 90. Pero con el bloqueo se han ido recrudeciendo las restricciones y eso ha hecho más difícil hacer sostenible esos resultados. De manera que, a partir de la limitación de recursos, han tenido que modificar los protocolos del tratamiento y, en vez de medicamentos de primera línea, utilizar medicinas de segunda línea. Y eso ha hecho que esa sobrevida haya disminuido a 65 por ciento. Una cifra por encima de los propósitos que hoy piden organismos internacionales. Según la doctora Forteza Saéz, “la situación es muy grave en estos momentos. Ya lo era en cuanto a la adquisición de insumos y medicamentos. Pero ahora se recrudece y se complica con otros aspectos. Para los pacientes (como para nuestros trabajadores), el transporte y la alimentación son un problema. La falta de combustible los ha agravado. Los pacientes oncopediátricos –y los oncológicos en general– llevan una dieta diferente al resto de la población. Tienes necesidades diferentes. Ahora es más difícil acceder a esa comida. Algunos tienen familiares en el extranjero y a lo mejor recibían una ayuda, que hacía que su vida fuera un poco más llevadera dentro del ámbito hospitalario. Pero ahora esto tampoco está presente. Donde quiera que se ponga la mirada, hay una complicación extra a la que ya teníamos”.
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