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XALAPA.- Aunque hay quienes consideran que las llamadas “bolsas de nicotina” sirven de reemplazo para dejar de fumar cigarros, no son una alternativa, pues existe la posibilidad de generar una nueva adicción por su contenido de nicotina y otras sustancias químicas, alerta la académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, Guadalupe Ponciano Rodríguez. La también coordinadora del Programa de Investigación y Prevención del Tabaquismo indica que además su uso crónico provoca afecciones a la salud y los únicos tratamientos que han demostrado su seguridad y eficacia para dejar de fumar en México son los parches y la goma de mascar, al igual que los tratamientos no nicotínicos como el bupropión y la vareniclina que son tabletas. Detalla que las “bolsas de nicotina” son conocidas también como productos modernos de nicotina oral, de tamaño pequeño –uno por dos centímetros–, rellenas de diferentes fibras, por lo general vegetales, empapadas en nicotina que la mayoría de las veces es sintética, además de que algunos contienen compuestos químicos contaminantes con alto potencial cancerígeno. Indica que las bolsas son similares a las de té y se colocan entre el labio superior y la encía donde la nicotina es absorbida; al hacerlo a través de la mucosa bucal y de la circulación sanguínea se distribuye por todo el organismo, añadió. Guadalupe Ponciano explica que los estudios disponibles muestran un aumento sostenido en su uso, en especial en jóvenes y en los países nórdicos reportan prevalencias de hasta 20 por ciento en adultos jóvenes. Mientras que en EUA su consumo en adolescentes va en ascenso. Explica que las “bolsas de nicotina” surgieron en Europa, a principios de la década de 2010, como derivación del snus sueco e impulsadas por empresas tabacaleras que buscaban nuevas formas de expansión frente a restricciones al tabaco combustible. Su crecimiento se aceleró a partir de 2017 con el ingreso de marcas globales. Sin embargo, la experta de la UNAM advierte que al mantener las “bolsitas” en la boca en promedio 30 minutos, producen aftas o úlceras; abscesos periodontales que pueden llevar a la pérdida de dientes, gingivitis o inflamación de las encías, además de que modifican totalmente la microbiota y la composición de la saliva. Cuando la nicotina llega al cerebro genera dopamina, un neurotransmisor que producimos ante estímulos placenteros y de bienestar, por ejemplo al comer, escuchar música de nuestro agrado o ver una obra de arte que nos agrada. En este caso el placer es doble: la nicotina y el sabor del que vienen acompañadas las hace más adictivas.
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