| El precio del olvido, demencia en casa: 50 mil pesos en cuidados que sólo 10 % de los hogares mexicanos puede afrontar. | ||||||
| Mientras Sebastián agota los ahorros reunidos por su padre en cuatro décadas para pagarle enfermeros en Coyoacán, Xóchitl pone un negocio en Iztapalapa para cuidar al suyo que fue ausente. Dos historias que revelan por qué en México los cuidados de la demencia son un privilegio financiero y un sacrificio humano que afecta la salud mental de quienes asisten. | ||||||
| Lunes 16 de Febrero de 2026 | ||||||
| Por: animalpolitico.com | ||||||
Sin embargo, al acudir con especialistas supieron que se trataba de un diagnóstico de demencia, un síndrome que, económicamente, les ha costado hasta ahora más de un millón de pesos. “Hemos tenido que sobrellevarlo como hemos podido porque lo que más ha habido en estos años son gastos y gastos. El que haya un enfermero las 24 horas del día cuesta unos 40 mil pesos al mes, más los medicamentos, cuestiones legales y las adecuaciones que se tienen que hacer en la casa”, explica el profesor de 41 años. “Excede nuestros presupuestos”, afirma. Ni su salario como maestro de secundaria y preparatoria en la Ciudad de México, sumado a las aportaciones de su esposa y lo que también pone la exesposa de su papá, son suficientes. El pago de enfermeros, médicos especialistas y medicinas lo solventan echando mano de los ahorros que su padre reunió en más de 40 años de trabajo como profesor universitario, aunado al monto de su finiquito; pero esos recursos tienen fecha de caducidad. “Se va a esfumar en tres años”, asegura Sebastián. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), de un total de 38.83 millones de hogares en el país, sólo el 10 % —pertenecientes al decil X, es decir, los más ricos— cuenta con ingresos suficientes para pagar cuidados especializados para personas con demencia, con 78 mil 699 pesos al mes. El estudio indica que, en promedio, el ingreso corriente de los hogares en México es de 27 mil 307 pesos mensuales. Esto deja al 90 % de las familias con algún caso de demencia en casa, ante un panorama de suma dificultad, que se vive puertas adentro, para encarar el costo de los cuidados, que además de económico es emocional. En el caso del padre de Sebastián, de 81 años de edad, la supervisión de las labores de cuidados se la reparten entre él y su hermana, pero es tan demandante que están rebasados. Como ella vive en el mismo domicilio, dedica más tiempo a la atención constante de sus necesidades. Él, que vive muy cerca en el mismo barrio de Coyoacán, acude varias veces al día para ayudarla. Como los esfuerzos que hacen no son suficientes, están buscando una residencia para personas adultas mayores, que pudiera costarles más o menos lo mismo que de por sí gastan en enfermeros, médicos y medicinas, y que pudiera garantizarles una asistencia cubierta por completo. El Plan Nacional de Demencia, un documento publicado por la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Geriatría en 2024, describe a este síndrome como “un problema de salud pública prioritario“, ya que se estima que en México viven 1.3 millones de personas con esta condición y la cifra podría triplicarse para 2050. El padecimiento, relacionado al deterioro de la función cognitiva, afecta la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio, lo que implica cambios de personalidad, apatía, alucinaciones o paranoia. En etapas avanzadas, genera problemas para caminar, tragar alimentos e incontinencia urinaria y fecal. Conforme las manifestaciones se intensifican, las necesidades de apoyo aumentan, hasta el punto en que las personas se vuelven completamente dependientes. Cuidar porque no hay de otra: el deterioro cognitivo frente a un bolsillo vacío Xóchitl tiene 41 años y vive en una casa en Iztapalapa que se ha convertido también en su espacio de trabajo.Hasta hace un par de años laboraba en una oficina, pero renunció para tener tiempo de cuidar a su papá, lo que la llevó a autoemplearse en la elaboración y venta de productos naturistas de belleza. Aunque su padre, de 77 años, sigue siendo autónomo en la mayoría de sus necesidades, Xóchitl describe como “frustrantes” las tareas de cuidados que lleva a cabo. Retomaron apenas en 2021, después de toda una vida sin convivencia debido a que él estuvo ausente y no se hizo cargo de sus responsabilidades. Debido esa circunstancia familiar, no viven en la misma casa. Aun así, de un momento a otro, tuvo que asumir como hija la responsabilidad de acompañarlo tanto a trámites legales, como en consultas médicas en las que le diagnosticaron el deterioro cognitivo que padece. “Me di cuenta de los síntomas porque pidió apoyo para una situación legal que se presentó. Fuimos a una oficina donde estaban llevando el asunto y un funcionario me dijo ‘es que ya ha venido su papá como cinco veces y ya le explicamos’. Ahí fue cuando empecé a poner el foco en su comportamiento. Dejé a un lado ese tema y le puse más atención a la cuestión de la salud”, recuerda. Entre citas médicas y pruebas pasaron dos años, hasta que supo que su padre estaba entrando en un proceso de demencia. Calcula que el costo de los cuidados de su padre no supera los mil pesos mensuales, pues hasta ahora la atención médica que recibe es en hospitales públicos. No obstante, esto implica hasta 10 meses de espera entre consultas, periodo durante el cual avanzan las manifestaciones del síndrome y aumenta el nivel de apoyo que requiere su padre. Consciente de que el padecimiento llegará a una etapa avanzada, en la que su padre se volverá completamente dependiente, ha considerado llevarlo a una residencia para personas mayores. “Sé que son caras y con lo que él percibe de su apoyo —6 mil 400 pesos bimestrales de la Pensión para el Bienestar que brinda el gobierno federal— no alcanzaría; además de que no sé si él va a estar cómodo”, reflexiona Xóchitl. Datos de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC), realizada por el INEGI, indican que en 2022 había 20 millones de personas de 60 años o más, de las cuales 2.9 millones tenían alguna discapacidad o dependencia. De ellas, un millón 900 mil (65.2 %) recibieron cuidados, mientras que un millón (34.8 %) no. De las personas adultas mayores con alguna discapacidad o dependencia, los principales cuidadores fueron su cónyuge o pareja (49.2 %), seguidos de su hija o nieta (32.4 %), e hijo o nieto (11.3 %), según arroja el estudio. “Ahorita no es una opción, pero ya estoy en la posición de decir que en algún momento no voy a seguir invirtiendo más de mi tiempo o mi tranquilidad cuidando a una persona que tampoco estuvo conmigo cuando la necesité”, dice. Según la Organización Mundial de la Salud, en la actualidad la demencia es la séptima causa de defunción y una de las causas principales de discapacidad y dependencia entre las personas adultas mayores a nivel internacional. En 2019, este síndrome tuvo un costo de mil 300 millones de dólares para las economías del mundo, la mitad correspondientes a la atención de los cuidadores informales, quienes dedican en promedio cinco horas diarias a las labores de atención. Carolina Bernal, especialista en Geriatría y Medicina Interna, subraya que la Encuesta Nacional de Cuidados de 2022 reportó que en México la mayoría de las personas cuidadoras —que en su mayoría son mujeres— dejan sus empleos porque la demanda de atención puede extenderse a las 24 horas del día, sin ningún tipo de apoyo adicional. En el webinar “‘Hacia una agenda justa de cuidados para personas con demencia”, que se llevó a cabo en octubre de 2025, la experta de la Fundación Familiares de Alzheimer Aguascalientes A.C, explicó que la dificultad de los cuidados de las personas con demencia es que requieren atención especializada, lo que representa un reto de inversión pública, pues los pacientes pueden tener trayectorias de vida de hasta 18 años en los que “se evoluciona a través de distintas etapas que requieren diferentes niveles de cuidado”. Al referirse a la conformación de un sistema público de cuidados, que ha sido una de las promesas de la presidenta Claudia Sheinbaum, Bernal apunta que en lo que respecta a las necesidades de personas que viven con demencia “es un costo que difícilmente a nivel institucional se puede” cubrir. La doctora afirma que estas características de atención resultan “incosteables” incluso en países europeos donde el envejecimiento de la población ha llevado a las autoridades a diseñar políticas públicas enfocadas en los adultos mayores, antes que en otras partes del mundo. “Este costo —parcial o totalmente— lo absorben las propias familias”, señala. En el caso mexicano, las necesidades se cubren, encima de todo, sin la posibilidad de tener un ingreso extra pues la persona que cuida deja de trabajar para poder brindar la atención. Al costo de los cuidados se suma la atención de la salud mental de los cuidadores Sebastián cuenta que a pesar de no ser el cuidador primario de su padre, estar pendiente de su salud —que no sólo tiene complicaciones por la demencia, sino por la diabetes con la que vive desde años atrás— le ha traído sentimientos de frustración y culpa, por lo que ha requerido atender su bienestar emocional, en lo que gasta cerca de 2 mil pesos al mes. “Desde hace años he tenido terapias, aunque a raíz de todo este contexto busqué una más adecuada y me ha funcionado en el sentido de que está basada, digamos, en el presente. No se trata de ir a la historia de tu vida, sino de generar estrategias para enfrentar lo que está sucediendo, para entender por qué hago las cosas y desde dónde las hago”, platica. Esta terapia, cuenta, le ha ayudado con la determinación de delegar el cuidado de su padre a una residencia de adultos mayores, “porque es algo que está basado en el valor del bienestar, tanto de mi papá como del núcleo familiar. Entonces mitiga, o más que eso, me hace entender por qué tiene sentido tomar las decisiones a pesar de la tristeza que sienta, la nostalgia, la culpa”. Aunado a la terapia psicológica, Sebastián ha tenido un seguimiento psiquiátrico “para poder lidiar con la ansiedad, con la depresión y con todo lo que implica además tener una vida propia, porque justo eso es lo complicado, no olvidarse de que uno tiene una vida y tiene un proyecto personal, y que también eso vale la pena”. Para Xóchitl, el apoyo psicológico ha tenido un costo de alrededor de 500 pesos por sesión, más el tiempo que invierte en acudir desde su casa, en el oriente de la Ciudad de México, hasta el consultorio de su terapeuta, en la zona de San Jerónimo, al sur de la capital. “Me he estado acercando a psicólogos y a terapias porque llega un punto en que sientes tanta presión que no sabes, y a veces no puedes externar tus emociones a tu familia para no preocuparla. A veces me desespero, porque pienso ¿cómo ayudo a mi papá? Pero ahora sé que si yo no estoy bien tampoco voy a poder apoyar al resto de mi familia”, detalla. Para reforzar su salud emocional, Xóchitl acude a terapias alternativas como acupuntura y temazcales, así como a libros, podcast y otras recomendaciones del psicólogo “que me han servido para poder entender la enfermedad, porque a veces te sacas de onda, no sabes ni cómo tratar ni cómo actuar. Eso y estar elaborando mis productos”. “Es algo muy extraño, pero de todo se va aprendiendo. A veces pienso que esas situaciones se van presentando porque a lo mejor la vida me quiere mostrar algo, cosas que no entiendo, pero justo estoy en ese camino de pensar qué me está dejando todo esto para en el futuro mejorar como persona“, reflexiona. Aunque sus realidades parecen opuestas, los testimonios de Sebastián y Xóchitl evidencian que en México la demencia no es solo un problema de salud, sino una sentencia de insolvencia para 9 de cada 10 hogares. Mientras el Plan Nacional de Demencia avanza en el papel, en la práctica el cuidado especializado sigue siendo un lujo reservado para el 10 % más rico del país. Por: Eréndira Aquino |
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