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Xalapa, Ver.- Acaso no le falta razón a César Silva Reyes, secretario general de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) en Orizaba, cuando afirma que reducir la carga horaria no resolverá por sí sola las condiciones de desigualdad y precariedad que afectan a millones de trabajadores en el país. El dirigente obrero recordó que México sigue presentando un rezago significativo frente a sus socios comerciales en América del Norte, Estados Unidos y Canadá, en materia de derechos laborales, a pesar de la vigencia del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). "El tratado no ha sido suficiente para emparejar el terreno de juego. Aquí seguimos viendo trabajadores que no tienen acceso a servicios médicos dignos ni pueden aspirar a una vivienda propia por los altos costos y los bajos salarios", sostuvo. En ese tenor, consideró que la iniciativa para reducir la jornada laboral en México a 40 horas semanales hacia el año 2030 ha generado expectativas positivas en amplios sectores de la clase trabajadora, pero también ha encendido alertas entre organizaciones sindicales que advierten que esta medida debe ir acompañada de reformas sociales más amplias para tener un impacto real. Silva Reyes afirmó que si bien una jornada más corta representa un avance en la lucha por condiciones laborales más dignas, su efectividad dependerá de cambios estructurales en otros ámbitos, como el acceso a servicios de salud y vivienda. Refirió que esto mismo señaló durante su participación en un foro nacional organizado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social en la Ciudad de México, en donde afirmó que Otro de los riesgos señalados por el dirigente es el uso de la reducción de horas como un mecanismo simbólico que no necesariamente se traduzca en mejores condiciones reales. En ese sentido, alertó sobre posibles prácticas empresariales que obligarían a los trabajadores a laborar horas extra no remuneradas para compensar la disminución oficial de la jornada semanal. "Sería como maquillar la esclavitud moderna con un barniz de 40 horas, pero sin respeto al descanso ni mejora en la calidad de vida. No se puede permitir que la reforma se convierta en una trampa disfrazada de avance", advirtió. El dirigente croquista en Orizaba también hizo un llamado a que el diseño de la reforma laboral no quede exclusivamente en manos del Poder Legislativo. En su opinión, el diálogo debe abrirse a todos los actores involucrados en el mundo del trabajo: empleados, sindicatos, organizaciones sociales y empresariales. Los trabajadores conocen la realidad desde el piso de la fábrica, la obra o el comercio. Los sindicatos están en contacto directo con las necesidades diarias. Si realmente se busca un cambio justo y eficaz, esas voces deben estar sentadas en la mesa de decisiones, destacó. El dirigente sindical reiteró que una verdadera transformación del modelo laboral mexicano debe estar centrada en el bienestar integral del trabajador, no sólo en la cantidad de horas trabajadas. Para ello, consideró fundamental avanzar en políticas públicas que garanticen servicios médicos accesibles, esquemas de vivienda dignos, salarios justos y espacios seguros para el desarrollo personal y familiar. “La jornada de 40 horas no debe ser el final del camino, sino el comienzo de una discusión mucho más profunda sobre el modelo de vida que queremos construir para quienes sostienen con su esfuerzo la economía de este país”, concluyó.
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