En México millones de mujeres llegan a la vejez en condiciones económicas más frágiles debido a décadas de desigualdad laboral... el sistema de salud también les falló
MEMORANDUM 1.- En México, envejecer no significa lo mismo para todas las personas. Tampoco se vive igual ser una mujer adulta mayor en la Ciudad de México que en Oaxaca, Chiapas o Michoacán. Especialistas reunidos en el I Coloquio Internacional Vulnerabilidad socioterritorial de las personas mayores: retos y perspectivas, organizado por el Instituto de Geografía de la UNAM, advierte que millones de mujeres llegan a la vejez en condiciones económicas más frágiles debido a décadas de desigualdad laboral, trabajo de cuidados no remunerado y acceso limitado a seguridad social. La investigadora de la UNAM y coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez, Verónica Montes de Oca Zavala, señala que la vulnerabilidad es resultado histórico de modelos de desarrollo que distribuyeron de forma desigual el empleo, los servicios médicos, la infraestructura y las oportunidades de bienestar. “La vejez no es una experiencia homogénea”, destaca la especialista al explicar que las condiciones cambian según el territorio, el género, la clase social y el acceso acumulado a servicios durante toda la vida. Mujeres viven más, pero envejecen con menos recursos. Uno de los puntos centrales del coloquio fue la llamada “feminización del envejecimiento”. De acuerdo con Montes de Oca, en casi todas las entidades del país las mujeres representan entre 53 y 54 por ciento de la población adulta mayor. Aunque las mujeres tienen mayor esperanza de vida —79.2 años frente a 72.7 años en hombres, según datos citados de INEGI y CONAPO—, también llegan a edades avanzadas con mayores carencias económicas. La investigadora explica que muchas mujeres dedicaron gran parte de su vida al trabajo doméstico y de cuidados sin remuneración, lo que limitó su acceso a empleos formales, cotizaciones continuas y pensiones contributivas. Sus trayectorias laborales, indicó, suelen estar marcadas por la informalidad, interrupciones y precarización. Eso termina reflejándose en menores ingresos, dependencia económica y sobrecarga de cuidados incluso durante la vejez. El trabajo de cuidados “sostuvo” al país sin paga. Durante su participación, Montes de Oca destaca que el modelo económico se sostuvo en trabajo no remunerado de millones de mujeres. Afirma que las mujeres “donaron” labores de cuidados y domésticas que representan alrededor de una quinta parte del Producto Interno Bruto (PIB), pero sin recibir seguridad social ni garantías para la vejez. La especialista también habló de una “feminización de la deuda”, al señalar que muchas adultas mayores terminan endeudándose para cubrir gastos médicos, medicamentos o cuidados ante las deficiencias de los sistemas públicos de salud. Además, critica que durante años las reglas pensionarias fueron diseñadas bajo criterios patriarcales. Incluso recordó casos en los que viudas trabajadoras no podían acceder a pensiones, normas que posteriormente fueron invalidadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Según datos expuestos en el coloquio, personas mayores representan 12.8 por ciento de población mexicana, con mayor presencia en estados del centro y sur. La Ciudad de México encabeza lista con 16 por ciento de población mayor de 60 años, seguida de Morelos y Veracruz con 14 por ciento; mientras Michoacán, Nayarit, Oaxaca, San Luis Potosí y Sinaloa registran 13 por ciento. Sin embargo, las diferencias se reflejan en acceso a salud. Montes de Oca detalló que Baja California Sur, Chihuahua y Nuevo León tienen niveles de afiliación médica cercanos a 90 por ciento, mientras que entidades del sur y sureste muestran rezagos importantes. Michoacán registra apenas 68 por ciento. El investigador de la Universidad Autónoma del Estado de México, Daniel Lozano Keymolén, alertó además sobre la inseguridad alimentaria en el sur y sureste del país, donde muchos adultos mayores no logran consumir alimentos suficientes o adecuados.