Seguramente en su tránsito por las cámaras de Diputados y de Senadores, auxiliando a quien actualmente gobierna Veracruz, Javier Duarte de Ochoa fue aprendiendo algo de la política mexicana, tema en el que quien era su jefe es “una chucha cuerera”.
Está también muy claro que si algo se le quedó, fue aquella expresión –muy a la mexicana- que dice que “la política es el arte de tragar sapos sin hacer gestos”.
Y es que aunque lo estuvo evadiendo, finalmente la presión de la opinión pública y de aquellos que lo siguen, ha obligado al Diputado local con licencia, Héctor Yunes Landa, a enfilar sus baterías contra el “delfín” del Gobernador, asegurando en diversos foros que existe una “cargada” institucional que ponen en riesgo el proceso interno del PRI.
Javier Duarte sabe muy bien que Yunes Landa ha preferido golpearlo a él que dirigir sus embates contra el verdadero responsable de los presuntos bloqueos y actos represivos contra su campaña.
El Diputado federal por Córdoba ha devuelto golpe por golpe. Ha respondido a cada encuesta, con otra suya; a cada mensaje en su contra, con un revire. Ya midió los tiempos y vio que no es momento para quedarse callado.
Y a pesar de esta verdadera guerra interna, Javier Duarte y Héctor Yunes suelen aparecer juntos en diversos eventos, se saludan con notoria cordialidad y nunca faltan los abrazos, las bromas y palmeos en la espalda. Quien los viera sin los antecedentes mediáticos, pensaría que hasta se estiman.
Hay quien asegura que incluso Yunes Landa provoca encuentros “fortuitos” que demuestren que la contienda interna en el PRI se da “en términos de civilidad”.
Para todo es claro que la carrera por la candidatura no debe rebasar determinados parámetros, o de lo contrario los beneficiarios serán “los de enfrente”, que incluso podrían estar incentivando esas confrontaciones.
Para nadie -en el ámbito político estatal- es un secreto que la voluntad política del gran elector en el priismo veracruzano favorece a Javier Duarte de Ochoa. Sin embargo, quienes lo conocen saben que el Gobernador de Veracruz puede cambiar de opinión y adaptarse a las condiciones, por adversas que éstas sean, para sacar ventaja.
Esa es la apuesta de Yunes Landa: Generar tal ambiente de desconfianza en la campaña que realiza Javier Duarte, que obligue al “primer priista de Veracruz” a reconsiderar sus apoyos y sus afectos. Por eso ha sido extremadamente cuidadoso de sacar del debate, de sus reclamos, al Gobernador y, en todo caso, insinuar una suerte de campaña subterránea en la que no estaría participando el mandatario estatal.
Para calificar esta estrategia lo primero que debe quedar claro es: Qué pretende Héctor Yunes Landa.
Si lo suyo es la candidatura para gobernador y nada más, entonces está equivocando la estrategia, pues en el lejanísimo caso de que el Gobernador decidiera no impulsar la candidatura de Javier Duarte, de ninguna manera optaría por Héctor Yunes y en todo caso jalaría por personajes que han sido más institucionales, más disciplinados y de los que no tema una puñalada trapera.
Si a lo que aspira es a vender muy cara la estructura política que posee –y nadie se la niega- en la entidad, entonces podría justificarse que esté coqueteando con su pariente, el todavía Director general del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes Linares, para poner a su servicio dicha red, aunque él se mantenga, como lo prometió, dentro de las filas del tricolor.
El chantaje sería evidente: O me dan una posición relevante, en la que pueda colocar a mi gente en posiciones clave, o hablo con mi pariente y pongo a su ser vicio mi organización.
Ya son muchos los priistas, principalmente los de viejo cuño, que advierten que se está actuando con demasiada soberbia en el PRI, que nadie opera para sumar, que sólo se dedican a golpear a los que no se alinean.
“Si seguimos así, nos vamos a quedar solos”, habría advertido uno de ellos.
Tal vez ya vaya siendo hora de preparar un buen guiso de sapos.
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