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LARA PLATAS
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2010-02-07 / 23:43:08
Un cura de ocasión
En 1765, una pobre barriada de la ciudad de Valladolid vio nacer a uno de los mayores estrategas del mundo. Del matrimonio de Manuel Morelos, carpintero, y Juana Pérez Pavón nació un “morenito, recio y resistente, cabellera rizada y ojos negros como capulines”. Fue registrado como español, aunque era mestizo con algo de ascendencia negra: José María Morelos y Pavón.

La madre fue maestra de pueblos y ranchos, y quería que el hijo fuera clérigo, para superar la miserable vida que llevaban. Pero la muerte del esposo, cuando José María tenía apenas 10 años, cambió los planes. Juana entregó entonces al niño a un cuñado, que le enseñaría “a ser hombre y a ganar dinero” en el oficio de arrear mulas, así que, a la sombra del tío Felipe, se volvió arriero. Salía de la pubertad cuando empezó a transitar con las mulas por caminos llenos de peligros y sorpresas.

El ímpetu juvenil de José María compensó la falta de escuela con la emoción de conocer nuevos caminos y pueblos. Llegó a ser uno de los arrieros más famosos que cubrían el recorrido con las mercaderías que llegaban al puerto de Acapulco. Buen jinete, hábil comerciante y astuto descubridor de bandidos y contrabandistas, ganó mucho dinero recorriendo el triángulo Valladolid-México-Acapulco, la ruta comercial más importante de la Nueva España.

Cuando hubo ganado lo suficiente, dejó los caminos para cumplir la promesa que le había hecho a su madre: estudiar para sacerdote algún día. Reunió 12,000 pesos, y con el pretexto de un ataque de paludismo, se concentró en aprender a leer y escribir, pues apenas si sabía escribir su nombre. Con la decisión que lo caracterizaba, se presentó como aspirante al Colegio de San Nicolás, del que era entonces rector Miguel Hidalgo.

Morelos tenía entonces 25 años, pero fue aceptado en 1790 por quien 20 años después lo comisionaría para levantar en armas la costa del sur, aquellos pueblos y caminos que tan bien había llegado a conocer como arriero. Aplicado totalmente al estudio, Morelos pronto pudo sustentar con mucho lucimiento un examen de filosofía, materia que impartía el padre Hidalgo.

Algunos historiadores han calificado a Morelos de hombre poco ilustrado, pero otros aseguran que su preparación superaba a la de muchos clérigos de su misma categoría. La evidencia es contundente: a los tres años de estudiar en San Nicolás, recibió las órdenes menores, y en 1799, las sacerdotales. En menos de una década, el humilde arriero había aprendido no sólo a leer y escribir, sino que se había distinguido en humanidades, filosofía y teología. Tres años después, ya había llegado a cura de una parroquia de importancia, con muchos fieles.

En octubre de 1810, José María Morelos y Pavón supo del levantamiento de su antiguo maestro, y el 19 de ese mes salió en busca de la independencia. Antes de irse procedió a fortificar el curato para que pudiera servir a la lucha, aunque él decía a todos que las trincheras eran “para defenderse de los insurgentes, en caso de que llegaran a Carácuaro”. Su astucia para escapar del peligro era herencia, sin duda, de sus tiempos de arriero, cuando conducía valores entre bandidos y contrabandistas.

Morelos e Hidalgo, como insurgentes, se entrevistaron solo una vez, en el camino de Charo a Indaparapeo, Michoacán. De allí partió Morelos a sublevar las provincias costeras del sur. Con increíble destreza logró, en tres años, subvertir poblaciones en los estados de Oaxaca, Veracruz, Morelos y Guerrero. Por la rapidez de sus campañas se le llamó el “Rayo del Sur”. Entre sus más cercanos colaboradores estaban Mariano Matamoros y los Galeana.

Por el Congreso de Anáhuac, instalado en Chilpancingo, fue nombrado “Generalísimo”, pero Morelos, por modestia, declinó tal nombramiento y propuso que lo consideraran “Siervo de la Nación”.

Pocos saben que, antes de caer fusilado en San Cristóbal Ecatepec, se puso de rodillas y exclamó: “Señor, si he hecho bien, tú lo sabes; si mal, me acojo a tu infinita misericordia”.

Créditos: Instituto Nacional de Antropología e Historia, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Archivo Gral. de la Nación.

alaraplatas@hotmail.com
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