De Veracruz al mundo
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INOCENCIO YÁÑEZ VICENCIO
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2017-12-20 / 12:23:07
¿Sálvese el que pueda?
No sé cuantos han puesto condiciones para aceptar un cargo en el gobierno o en el partido en el poder, pero yo lo hice y lo hice público cuando en una entrevista que en el canal de televisión del periódico política me realizara Ricardo Gutiérrez, que después enviara a su edición impresa, a propósito de que quien me había ofrecido promoverme a la Fundación Colosio filial Veracruz, había reculado, por atribuirme que se filtrara esa designación, a lo que respondí tajantemente que no era algo que mendingaba y que Fidel sabía que a mí no me contrataban para dirigir un comité de aplausos. ¿Qué si cumplí? Solo puedo decir que conservo las ediciones impresas que dan testimonio de que mientras el gobernador en turno declaraba: “si a la apertura de capital privado al sector energético”, la Fundación Colosio en Veracruz, que Yo presidía expresaba: “No a la apertura del sector energético al capital privado”.



En la contienda por el CEN del PRI entre Beatriz Paredes y Enrique Jackson, denuncié que se dilapidaban recursos a favor de Jackson.



Cuando le iba a dar posesión a Carlos A. Luna Escudero, como presidente de la filial en Xalapa, convocamos tres días antes a una conferencia de prensa, donde expreso que al cumplirse cuatro años de gobierno, en el campo político, Fidel ha sido un fracaso, lo que impidió concretar el nombramiento citado y otras cosas.



De nosotros salió la propuesta para definir al PRI, como un partido socialdemócrata, legitimando así al interior del partido no solo la lucha por repartir el gasto (limitante de AMLO) sino también, la riqueza, a fin de sumar a la igualdad ante la ley, realizar la igualdad de condiciones materiales para el ejercicio pleno de los derechos humanos, concibiendo la libertad individual de manera inseparable a la libertad republicana como no dominación.



En 1973, el tema del imperialismo, primero, me había enfrentado a Fidel Herrera, en Oaxtepec, Mor.; en un congreso de las juventudes partidistas latinoamericanas y, más tarde, en ese mismo año, positivismo o materialismo dialéctico, nos confrontaron en el congreso por la reforma y democratización de la enseñanza, así que nada nuevo tiene que a un mes de iniciar su mandato, al enterarme de que preparaba a Javier Duarte, para gobernar Veracruz, nos volviésemos a enfrenar. En enero de 2005, escribo un artículo con el título: La sucesión dinástica, que antes de enviarlo al diario más importante de la capital del Estado, lo muestro a mi gran amigo Domingo Alberto Martínez Reséndiz, quien me advierte que de hacerlo me expulsarían del paraíso, como sucedió. Únicamente me dieron una plaza de jefe de departamento, intervino el gobierno para que durante los seis años siguientes no me publicaran y sus efebos me rotularan enemigo de la juventud. Duarte se vengó no solo no dándome ni un día de trabajo, lo que es peor, no dejando que otros lo hicieran.



Cuando hay vergüenza es difícil hablar en primera persona, pero quienes pedimos de otros congruencia, estamos obligados a rendir cuentas y a ser consecuentes con los valores que profesamos.



No hay duda que la crítica tiene valor si es consecuente. O nos mantenemos indefinidamente fuera de todo tipo de poder o desde sus entrañas no cambiamos la libertad de nuestro pensamiento y de nuestra voz por la seguridad de cobrar la próxima quincena. ¿Qué calidad intelectual o académica puede tener alguien que fue el más crítico del gobierno que no le dio



empleo y calla las tropelías del siguiente gobierno, por el sólo hecho de trabajar en él o estar en su nómina?. ¿Con qué cara podrán mirar a sus hijos los que colaboran en un gobierno que entre sus integrantes hay personas que en el pasado fueron señaladas de adjudicar, en licitaciones amañadas, contratos del ISSSTE a sus laboratorios favoritos por miles de millones de pesos, un fiscal que vela por la familia del gobernador antes que por los ciudadanos, un poder judicial reducido a brazo vengador del titular del ejecutivo local, un poder legislativo sometido al capricho del mal llamado mandatario, que suprime en los hechos las libertades que contempla la Constitución, que amenaza con una sucesión dinástica, que nos ha llevado a la peor inseguridad de todos los tiempos, que empobrece cada día más a la población, que ha llevado a la quiebra la vida institucional con tantas acciones al margen del Estado de derecho.



Lo que nos han enseñado esos intelectuales y académicos es que si el próximo gobierno no los emplea, no hay duda, estarán ocupados ventilando sus errores, para poder vender sus servicios al que sigue.



No se preocupen. Lo menos, son cómplices de las atrocidades de este gobierno cuyo desprestigio ya los alcanzó y del cual no los salva ni su rentable apartidismo.

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