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Raúl Domínguez
2017-06-15 / 19:30:10
Los Fernández Ávila en Aprietos
Enterada la socialité xalapeña del escándalo judicial de los hermanos Justo y Manuel Fernández Ávila, chicos fresas de lo más granado de los círculos sociales de la Ciudad de México y Veracruz, se pregunta ¿De qué privilegios gozaron durante tantos años para que el brazo de la ley no los alcanzara? Y se siguen cuestionando ¿Qué pudieron haberse comido como para que ahora la PGR esté detrás de sus huesitos? Como fuere, el ciudadano de a píe no tiene más que ver hacia el cielo y gritar: Bendito Dios, tardas pero no olvidas.

Para nadie ha sido un secreto en –Xalapa la bella, la verde, la de las Flores, la de hombres letrados e intelectuales de cepa, pero también de sepa la fregada- los Fernández han sido una familia que amasó fortuna desde hace más de un siglo, no solo por la riqueza de abolengo del patriarca Justo Félix Fernández López, sino también por sus nexos con la familia Ávila Camacho.

Solo que ahora la estrella que siempre les ha dado lustre se está opacando y de acuerdo expediente 671/2017 del Juzgado Primero de Distrito, los empresarios solicitaron el pasado 08 de junio del año en curso, la protección de la justicia federal para evitar que la PGR los aprehenda, buscando blindarse contra diversas áreas de la Procuraduría General de la República. De acuerdo a algunos medios digitales, los Fernández Ávila se les indaga sobre temas inherentes a la evasión de impuestos y la edificación sobre áreas naturales protegidas. Pero ya encarrilada la autoridad judicial, seguramente les sacará otros “pendientitos”.

Los Fernández crecieron con la idea que por su linaje podrían asumirse como herederos de la revolución sin que nadie les pusiera un “estatequieto”. Pero además, fieles a su estilo han estado acostumbrados a confrontar mediáticamente sus diferencias, cuando de defender sus posesiones se trata.

El 6 de mayo de 2011, Manuel Fernández Ávila ejerció su derecho de réplica en el portal www.alcalorpolitico.com, para acusar a la familia Cerecedo Beaumont¬-Pardo Ramos, como “sinvergüenzas que construyeron una residencia sobre derechos federales, contaminando las aguas blancas de Las Animas.

En el tercer párrafo de su texto defendía su abolengo y en una actitud totalmente clasista acotaba: No cabe duda que los Fernández, gracias a su estirpe, saben patear a los malvados que los quieren amedrentar y posesionarse de sus bienes “a como dé lugar”, tipejos acostumbrados a llevar a cabo estas prácticas desleales ante personas muchas veces indefensas; sólo que se les olvidó que en este caso: la clase, mata defraudadores (usted juzgue caro lector las vueltas que da la vida).

Desde el sexenio de Fidel Herrera y el de Javier Duarte (hoy huésped de la cárcel militar de Matamoros, Guatemala) estos empresarios, fueron –pongámoslo así- utilizados –dado su linaje- como “embajadores de la buena voluntad”, para introducir a los referidos gobernantes a ese cerradísimo círculo del jet-set mexicano.

Por algo, con jactanciosa actitud, el señor Fernández Ávila en el referido texto para zanjar sus diferendos con la citada familia, exponía en forma petulante:

“Si tan seguros están los perversos individuos de apellido Cerecedo Beaumont, que ganen en tribunales civiles, presentando documentación real atribuible a ellos, en vez de tratar de impresionar, presionando por una vía judicial, no valedera –demanda penal—a quienes son los verdaderos propietarios, -dueños por la gracia de la ley- que amparan con documentos, misma que los servidores públicos de nuestra Entidad, reconocen como válidos” (O sea, somos brothers del gober, wey).

Al respecto www.gobernantes.com en su muy leída sección de memorándums al dar cuenta de la orden estos hermanos, citó textual: Hace unos años, también Manuel Fernández Ávila, diputado federal suplente de Héctor Yunes Landa en la LIII Legislatura (1985-1988), y alcalde de Xalapa en el bienio 1986-1988, se vio involucrado en una demanda por la cual tuvo que ceder la Torre Ánimas, para saldar una millonaria deuda con una institución bancaria, tiempo durante el cual radicó fuera de Xalapa y de Veracruz, e incluso se asegura estuvo fuera del país”.

Por ahora, los Fernández –con toda certeza ya traen a amparito bajo el brazo- aunque en Xalapa y concretamente en el club de Golf ya se les extraña. Como dijera un columnista sureño: Si los ven por el pueblo, díganles que la PGR ha preguntado por ellos.

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