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FRANCISCO BERLÍN VALENZUELA
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2013-08-26 / 19:29:52
Grandes "Falacias" de la Democracia en México. A propósito de la reforma política
Segunda Parte
En la primera parte de este artículo abordamos un marco general de aproximación al tema de las principales falacias que se han manejado en torno a los partidos políticos. En esta segunda entrega abundaremos respecto de otras cinco falsas argumentaciones que, por sí mismas, constituyen importantes patologías de nuestro sistema político y que es necesario atender para avanzar hacia una democracia desarrollada. Todo esto en el contexto de la realización de una próxima reforma política. Nuestra intención es dotar a nuestros lectores de un mínimo de ideas y antecedentes en la materia para que llegado el tiempo del debate de las iniciativas que se presenten en las cámaras del Congreso Federal -y a través de los medios-, los ciudadanos estén debidamente informados y puedan hacerse una opinión lo más completa e independiente posible sobre los temas que dominaran el futuro inmediato.

Cuarta falacia:

Es falso que vivamos en un régimen evolucionado de partidos políticos con las características propias de una democracia consolidada. Basta con observar la realidad cotidiana -y las condiciones de su participación-, en la vida política del país para percatamos de que forman parte de una ficción alejada de la madurez que se les presume.

Los partidos administran demasiado dinero sin un verdadero control para la rendición de cuentas. Su operación se vuelve cada día más onerosa para la sociedad. Se han convertido en verdaderos “houdinis” del control de los gastos dedicados a las campañas y no hay suficientes medidas de fiscalización y vigilancia para los gastos de las fracciones parlamentarias dentro de los congresos, federal y locales.

Por otra parte es posible presumir negociaciones poco claras en, por ejemplo, la integración de las fórmulas de los ayuntamientos. Entre otras cosas, es común que se hagan cambios a discreción –de último momento-, y sin importar que los futuros ediles, miembros de la fórmula, sean verdaderos desconocidos. Eso, sin dejar de considerar que en muchas ocasiones los cambios se realizan para incorporar a familiares o amigos.

Quinta falacia:

Si hacemos un análisis en perspectiva, veremos que a lo largo de las tres últimas décadas, hemos venido haciendo reforma tras reforma, sin un verdadero ánimo de llegar al fondo del asunto que consistiría en realizar verdaderos cambios sustanciales para dotar al país de instituciones político-electorales de probada eficacia en las democracias desarrolladas. Por ejemplo: régimen semipresidencial; gobierno de coalición; reelección parlamentaria; segunda vuelta electoral; candidaturas independientes; listas abiertas para votar la representación proporcional; voto en blanco contabilizable; organismo electoral nacional, -auténticamente independiente y realmente ciudadanizado-; reglas de mayor equidad en la competencia electoral; entre muchas otras. Ojalá que la nueva reforma supere la lógica de poder actualmente predominante entre los partidos. Es un buen momento para alcanzar acuerdos que permitan lograr un avance sólido, de mayor permanencia y generador de credibilidad. Solo así podríamos observar sus efectos -en el mediano y largo plazo-, respecto de toda la sociedad mexicana.

Sexta falacia

Se ha afirmado que la reelección de los parlamentarios no es conveniente. Esta aseveración aprovecha la animadversión que suscita el concepto debido a la experiencia histórica de la etapa porfirista.

“Sufragio efectivo no reelección” fue el apotegma de Madero y, desde entonces se trata de un tema tabú en la política mexicana. No se ha tenido el cuidado de separar adecuadamente las posibles aplicaciones y/o contenidos de este principio. La reelección en las diferentes titularidades del poder ejecutivo: presidencia de la república; gobernadores; y presidentes municipales es un tema que ciertamente no debe de estar a discusión. Pero la posibilidad de repetir en el encargo como diputado federal o local, y senador, es algo que no se ha aquilatado analizando sus posibles beneficios.

Un legislador puede ser alguien muy útil cuando acumula y se aprovecha su experiencia. Cada tres años los congresos se llenan de gran cantidad de novatos. La curva de aprendizaje ocupa una buena parte de su mandato y cuando comienzan a conocer la materia, se acaba el periodo. Por otra parte, la posibilidad de la reelección favorecería que los representantes populares cuidaran más su relación con sus electores, atendiendo con mayor empeño su trabajo de gestoría y de interlocución ciudadana ya que de ella dependería, en buena medida, su futura ratificación. Es probable que también se traduzca en una reducción de la posibilidad de que ocurra un mecenazgo caciquil porque la primera ocasión pudiera significar un compromiso personal. Sin embargo, en una segunda oportunidad, su confirmación dependerá más, de su desempeño como legislador y gestor que de la buena relación individual que pueda tener con sus líderes partidarios o con los funcionarios de gobierno.

Séptima falacia:

Llama la atención que el tema del financiamiento de los partidos no ocupe las marquesinas estelares de la futura reforma política. Hay muchos aspectos que requieren detallarse en esta materia. Pero las fracciones parecieran más interesadas en las modificaciones que tiene que ver -finalmente-, con el reparto y el ejercicio del poder (segunda vuelta, obligación de formar gobierno de coalición, etc.) que con este asunto que reviste la mayor de las trascendencias.

Resulta impostergable asegurar los controles de la procedencia y el ejercicio de los recursos destinados a las campañas. En los pasados procesos electorales sonaron las alarmas en algunos puntos de la geografía del país. Por ahora, se trato de sitios muy focalizados y las perturbaciones versaron sobre situaciones de violencia y de amedrentamiento. Pero habrá que tener precauciones extremas para evitar la posibilidad de que los recursos provenientes del crimen organizado se trasminen a los asuntos comiciales. Sobre todo porque, conforme a la dinámica que se ha venido dando en la forma de hacer campañas, su sustentación se vuelve cada día más cara y, si se continúa en esa lógica, cuando los dineros no alcancen, existirá la tentación de obtenerlos de alguna parte.

Si algún rubro resulta estratégico para preservar el ejercicio de la soberanía popular ese es, precisamente, asegurar la no intervención, en la política electoral del dinero procedente del crimen organizado. En esto, debe de haber tolerancia cero a través de una singularmente estricta y cuidadosa regimentación que lo impida o, después que nadie se asuste de los terribles resultados de voltear hacia otro lado por descuido o negligencia. Estamos en el momento y ante una coyuntura política favorable para ponerle diques efectivos a esa oprobiosa posibilidad.

Octava falacia

Se ha venido sosteniendo que los partidos políticos constituyen la mejor opción para organizar y canalizar los liderazgos políticos, generar consensos y ofrecer cuadros profesionales para gobernar. Pero las candidaturas ciudadanas terminarán con esta falsedad y harán evolucionar a nuestra democracia para hacerla más participativa.

Hasta hace muy poco nuestro sistema fue muy reacio a aceptar las candidaturas independientes. Actualmente el texto constitucional las permite pero en los hechos, ha quedado pendiente su positividad porque falta regularles en la ley secundaria. Precisamente, el pasado 10 de agosto se venció el plazo -de un largo año-, establecido en los artículos transitorios de la reforma política de 2012 para emitir la reglamentación a este mandato constitucional. El incumplimiento de esa disposición revela -una vez más-, el manifiesto desinterés de los partidos por atender a tan fundamental exigencia popular.

Lo cierto es que posibilidad de que existan las candidaturas independientes constituye el primer paso para comenzar a fragmentar el monopolio de representación que durante décadas han tenido en forma exclusiva los partidos políticos. La concesión de este privilegio tuvo como consecuencia negativa la conformación de una partidocracia que todo lo invadió. Su presencia -e influencia-, se desbordó hacia, prácticamente todas, las áreas administrativas, jurisdiccionales y de ejercicio del quehacer político.

Las candidaturas independientes son una respuesta directa a la falta de democracia existente hacia el interior de los partidos. Es otra forma de hacer política. Una que realmente proviene de los ciudadanos y, en ese sentido, enriquecerá la vida pública del país. Será un avance porque como dijo Bobbio, este tipo de candidaturas constituye una ampliación de la democracia. Definitivamente son una mejor manera de aprovechar el descontento que, de otra forma, se expresa en votos nulos o en exitosas candidaturas de animales.

En resumen, se dice que los partidos políticos son el vehículo idóneo y eficaz para realizar la representación política de la ciudadanía. Pero como hemos visto existen muchas -y muy diversas-, razones para cuestionar su papel. Por eso, a la luz de los problemas e insuficiencias registrados se hace necesario contar ya con una Ley de Partidos Políticos que norme y regule todos los aspectos relacionados con ellos para evitar las lagunas y amplios márgenes de discrecionalidad con los que actúan. Sobre todo en lo relativo a su nacimiento; régimen interior; reglas básicas para la renovación de sus dirigencias; normatividad para solucionar los casos de conflicto en sus comités; forma de integración de candidaturas y de sus listas de representación proporcional; rendición de cuentas; reglas para su coalición; obligatoriedad de trabajo en campaña para los candidatos que se registren como fórmulas; condiciones para la preservación de sus registros; y en general, disposiciones precisas para acotar razonablemente la amplia manga ancha existente en el manejo de los “asuntos internos” de los partidos.

A la vista de esta breve relación de inconsistencias e insuficiencias en diferentes ámbitos de la materia político-electoral es conveniente comenzar a reflexionar sobre cuáles serían las mejores propuestas de legislación en donde se formulen las previsiones necesarias para superar los problemas que se generan a partir del abuso, imprevisión, discrecionalidad y/o exiguo control legal, actualmente existente.

De no realizarse las modificaciones e innovaciones necesarias tendríamos que aceptar que la calidad de la democracia mexicana seguirá siendo cuestionable.

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