NO HABÍA NECESIDAD
Rafael Martínez Zaleta
07/Octubre/2008

   

“Si quieren que dé mi vida, para que nos hagan caso se las doy”. Éstas fueron las últimas palabras que pronunciara Ramiro Guillén Tapia, dirigente de la Comisión pro derechos humanos A. C. de San Pedro Soteapan; “yo les dije de que era capaz y no me creyeron, pero aquí estoy entregando mi vida” sus palabras llevaban un tono de reproche al dirigirlas a sus compañeros, que pasmados, no fueron capaces o no pudieron impedir el innecesario sacrificio.
No es correcto hacer un juicio de alguien que está ausente o que no pueda defenderse, la costumbre es hablar bien de los difuntos, nunca mal, aunque no hayan sido buenos; pero ciertamente hay testimonios de que se generaba ya una gran desconfianza entre don Ramiro y sus seguidores. Los campesinos del ejido de Ocozontepec en varias ocasiones le reclamaban enfurecidos sobre la solución a su problema agrario, muy presionado emocionalmente don Ramiro Guillén Tapia, les decía que él era capaz de entregar la vida por la causa… ¿por qué los campesinos tenían la potestad de exigir a don Ramiro la solución de su problema?, sin embargo, se burlaban de él.
Tal vez por la tensa relación que venían manteniendo en los últimos meses, en lugar de evitar la inmolación sólo permanecieron atentos corroborando quizás cuanta cercanía tenían las palabras de su protector con los hechos, y más de alguno, pensando quizás que haciéndolo mártir obtendrían más pronto el beneficio que aspiraban. Posteriormente se conocería la realidad de los hechos y circunstancias, que ventilarían que el problema ya estaba resuelto. ¡No había necesidad de llegar al sacrificio!
Grave daño se hizo don Ramiro Guillén Tapia en su afán de demostrar a sus compañeros (para que le creyeran) que era capaz de llegar al suicidio y grave daño le ocasionó a su familia también. Para la opinión pública que desconoce el origen de esta tragedia, tendremos que dejar bien claro que los ideales de estos campesinos del ejido de Ocozontepec seguramente se inspiraron en los derechos difusos, que los son de hecho constitucionales, “Son derechos que tiene el ciudadano, pero cuya exigibilidad está sujeta a la capacidad del estado”, todos los mexicanos tenemos derecho a una vivienda digna, a la salud, al empleo, a obtener una parcela; pero quienes administran la nación irán poco a poco resolviendo estos problemas, iniciando por determinadas causas, obviamente con las que requieren una solución inmediata.
En este hecho tan lamentable como doloroso, justo sería investigar las causas reales que orillaron a quitarse la vida a Ramiro. ¿Realmente tenía antecedentes suicidas y había mencionado, que lo intentaría nuevamente, pero por una causa justa…? Se dice que era un luchador social, no se puede dudar de ello, pero de algo tenía que vivir y parece ser que lo hacía de los recursos de sus defendidos, se dice que por ahí comenzaron los fuertes roces con sus seguidores, virtud a las múltiples cooperaciones económicas que les exigía para alimentos y pasajes a esta capital.
El gobierno y la ley no pueden ni deben aceptar la amenaza “o me arreglas mi asunto o me incinero”, el gobierno y la ley deben –aunque nos resulte doloroso- apegarse al estado de derecho en que vivimos y el destino que le querramos dar a nuestras vidas, habrán de ser cuestiones de índole personal. Hay secretarías, como la Reforma Agraria, donde interiormente los procesos son tardados virtud a los recursos que a cada paso del proceso se pueden interponer, amén de que haya miles y miles en el país pendientes de una resolución, el caso de Ramiro Guillén Tapia y sus representados es uno de ellos.
Triste calvario del maestro en educación indígena. En 1996 acusado por Valentín Martínez Salazar, se le imputó el delito de despojo y fue recluido en el Cereso de Acayucan, por esa lamentable acción perdió su plaza como maestro. Dos años después, al profesor Ramiro le imputaron los delitos de amenazas, robo, daños y lesiones, siendo procesado en el Juzgado Primero de Primera Instancia de Acayucan, su carácter violento e impulsivo lo llevó a ser sentenciado a tres años nueve meses de prisión.
El día 30 de septiembre del año en curso iba a ser atendido, e incluso se le señaló la hora, pero antes de que ésta llegara para recibirlo, se dirigió a la plaza Lerdo y tomó la fatal determinación, logrando su objetivo no sin antes recriminar a sus defendidos, a sus seguidores, que él era capaz de matarse por ellos –pues estos no le creían ya- había perdido credibilidad entre sus adeptos. Sus últimas palabras se llenaron de rencor y de reproche “yo les dije de que era capaz y no me creyeron, peo aquí estoy entregando mi vida”. Minutos después se convirtió en una tea humana. Sus seguidores seguramente ahora si creyeron en la veracidad de sus palabras, lo dejaron solo y despavoridos desaparecieron del trágico escenario, únicamente un primo hermano lo acompañó hasta sus últimos momentos. Conmoviéndonos hasta en lo más profundo de nuestra alma este lamentable suceso repetimos, no había necesidad
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E-mail: rafael_zaleta@hotmail.com



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