| “Si
quieren que dé mi vida, para que nos hagan caso se las
doy”. Éstas fueron las últimas palabras que
pronunciara Ramiro Guillén Tapia, dirigente de la Comisión
pro derechos humanos A. C. de San Pedro Soteapan; “yo les
dije de que era capaz y no me creyeron, pero aquí estoy
entregando mi vida” sus palabras llevaban un tono de reproche
al dirigirlas a sus compañeros, que pasmados, no fueron
capaces o no pudieron impedir el innecesario sacrificio.
No es correcto hacer un juicio de alguien que está ausente
o que no pueda defenderse, la costumbre es hablar bien de los
difuntos, nunca mal, aunque no hayan sido buenos; pero ciertamente
hay testimonios de que se generaba ya una gran desconfianza entre
don Ramiro y sus seguidores. Los campesinos del ejido de Ocozontepec
en varias ocasiones le reclamaban enfurecidos sobre la solución
a su problema agrario, muy presionado emocionalmente don Ramiro
Guillén Tapia, les decía que él era capaz
de entregar la vida por la causa… ¿por qué
los campesinos tenían la potestad de exigir a don Ramiro
la solución de su problema?, sin embargo, se burlaban de
él.
Tal vez por la tensa relación que venían manteniendo
en los últimos meses, en lugar de evitar la inmolación
sólo permanecieron atentos corroborando quizás cuanta
cercanía tenían las palabras de su protector con
los hechos, y más de alguno, pensando quizás que
haciéndolo mártir obtendrían más pronto
el beneficio que aspiraban. Posteriormente se conocería
la realidad de los hechos y circunstancias, que ventilarían
que el problema ya estaba resuelto. ¡No había necesidad
de llegar al sacrificio!
Grave daño se hizo don Ramiro Guillén Tapia en su
afán de demostrar a sus compañeros (para que le
creyeran) que era capaz de llegar al suicidio y grave daño
le ocasionó a su familia también. Para la opinión
pública que desconoce el origen de esta tragedia, tendremos
que dejar bien claro que los ideales de estos campesinos del ejido
de Ocozontepec seguramente se inspiraron en los derechos difusos,
que los son de hecho constitucionales, “Son derechos que
tiene el ciudadano, pero cuya exigibilidad está sujeta
a la capacidad del estado”, todos los mexicanos tenemos
derecho a una vivienda digna, a la salud, al empleo, a obtener
una parcela; pero quienes administran la nación irán
poco a poco resolviendo estos problemas, iniciando por determinadas
causas, obviamente con las que requieren una solución inmediata.
En este hecho tan lamentable como doloroso, justo sería
investigar las causas reales que orillaron a quitarse la vida
a Ramiro. ¿Realmente tenía antecedentes suicidas
y había mencionado, que lo intentaría nuevamente,
pero por una causa justa…? Se dice que era un luchador social,
no se puede dudar de ello, pero de algo tenía que vivir
y parece ser que lo hacía de los recursos de sus defendidos,
se dice que por ahí comenzaron los fuertes roces con sus
seguidores, virtud a las múltiples cooperaciones económicas
que les exigía para alimentos y pasajes a esta capital.
El gobierno y la ley no pueden ni deben aceptar la amenaza “o
me arreglas mi asunto o me incinero”, el gobierno y la ley
deben –aunque nos resulte doloroso- apegarse al estado de
derecho en que vivimos y el destino que le querramos dar a nuestras
vidas, habrán de ser cuestiones de índole personal.
Hay secretarías, como la Reforma Agraria, donde interiormente
los procesos son tardados virtud a los recursos que a cada paso
del proceso se pueden interponer, amén de que haya miles
y miles en el país pendientes de una resolución,
el caso de Ramiro Guillén Tapia y sus representados es
uno de ellos.
Triste calvario del maestro en educación indígena.
En 1996 acusado por Valentín Martínez Salazar, se
le imputó el delito de despojo y fue recluido en el Cereso
de Acayucan, por esa lamentable acción perdió su
plaza como maestro. Dos años después, al profesor
Ramiro le imputaron los delitos de amenazas, robo, daños
y lesiones, siendo procesado en el Juzgado Primero de Primera
Instancia de Acayucan, su carácter violento e impulsivo
lo llevó a ser sentenciado a tres años nueve meses
de prisión.
El día 30 de septiembre del año en curso iba a ser
atendido, e incluso se le señaló la hora, pero antes
de que ésta llegara para recibirlo, se dirigió a
la plaza Lerdo y tomó la fatal determinación, logrando
su objetivo no sin antes recriminar a sus defendidos, a sus seguidores,
que él era capaz de matarse por ellos –pues estos
no le creían ya- había perdido credibilidad entre
sus adeptos. Sus últimas palabras se llenaron de rencor
y de reproche “yo les dije de que era capaz y no me creyeron,
peo aquí estoy entregando mi vida”. Minutos después
se convirtió en una tea humana. Sus seguidores seguramente
ahora si creyeron en la veracidad de sus palabras, lo dejaron
solo y despavoridos desaparecieron del trágico escenario,
únicamente un primo hermano lo acompañó hasta
sus últimos momentos. Conmoviéndonos hasta en lo
más profundo de nuestra alma este lamentable suceso repetimos,
no había necesidad.
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