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Esta época es una de las más aciagas y peligrosas
para los periodistas, lo cual no quiere decir que épocas
anteriores no lo hayan sido. Las presiones contra los comunicadores
son incontables, desde los atentados contra los colegas, provenientes
sobre todo desde las bandas del crimen organizado y de filas gubernamentales,
hasta las políticas oficiales del gobierno federal de la
derecha panista, que presiona y pretende asfixiar a medios y periodistas
mediante la negativa a aportar apoyo económico proveniente
de fondos del erario que los funcionarios suponen que son de su
propiedad particular, pero que no lo son ya que proceden de todos
los contribuyentes al fisco. Los funcionarios panistas se arrogan
el uso arbitrario de dichos recursos, con fines partidistas y
parciales, como lo ejemplifica la persecución a innumerables
publicaciones independientes, pero en especial a revistas como
“Forum”, que está en la “lista negra”
del panismo usurpador derechista.
Como
resultado de todo ello, decenas o incluso centenas de colegas
han sido marginados de la actividad periodística, tanto
por la vía de la violencia física y la intimidación,
como por la negativa oficial a aportarles recursos que, repito,
no son de su propiedad sino de la sociedad, con el propósito
de asfixiar económicamente a las publicaciones desobedientes
o incómodas al poder panista de derecha. Pocos son, entonces,
los periodistas que mantienen enhiesta la dignidad y la capacidad
de crítica. Vemos cómo pululan en los medios electrónicos
o impresos los periodistas de consigna o alquiler, lanzados en
todo momento a degollar cualquier expresión popular o social
crítica del panismo que detenta el poder presidencial,
desde empresas periodísticas o mediáticas cada vez
más concentradas en manos de capitalistas privados que
los usan sólo como mecanismos para la defensa de sus intereses
puramente particulares --los de sus negocios, pues, o los de clase.
Las excepciones a esta “regla” no se deben a los intereses
coaligados entre derecha panista y empresas prepotentes, sino
que reflejan aquella vieja sentencia de que “la excepción
confirma la regla”. Uno de estos casos meritorios de excepción
es el de Miguel Ángel Granados Chapa, periodista que durante
más de cuatro décadas ha estado en la descubierta
de quienes luchan por la verdad y la justicia. Este batallar duro
de Miguel Ángel, en que con habilidad y talento se ha sabido
ganar los espacios en los que publica o difunde, le vale ahora
haber sido nombrado para recibir la Medalla Belisario Domínguez
2008, máximo galardón anual que otorga el Senado
de la República a quienes se destacan en promover las causas
cívicas o sociales de la República, aunque no siempre
haya sido elegido el mejor de los posibles adjudicatarios, que
no es el caso de Granados Chapa, quien lo ganó a pulso.
Por su “Plaza Pública”, nombre de la columna
política que publica hace cuatro décadas y la más
antigua existente de las de su género en el periodismo
mexicano, han pasado revista crítica los hechos cotidianos
más importantes del discurrir del país. Dotado de
una enorme capacidad de trabajo y de una cultura política
personal que se ha ido construyendo con los años, ha defendido
y promovido causas --obreros y mineros en lucha, profesores, campesinos--
a las que otros periodistas le sacan el bulto, así en distintas
ocasiones --recurso del polemista-- haya debido utilizar lenguajes
prudentes, con palabras medidas, pero en las que no ha dejado
de expresar sin equívocos su verdad. Lo mismo impugna a
falsos adalides de la democracia que a gobernantes corruptos que
traicionan su cometido popular o republicano, lo mismo a falsarios
de la representación popular que a negociantes encubiertos
de falsa y sacratísima fidelidad a valores trascendentes
del hombre, sean políticos o empresarios, clérigos
o líderes sindicales, y así en adelante.
Muy bien merecida tiene Miguel Ángel la Medalla Belisario
Domínguez 2008, que le otorgan por unanimidad las diversas
bancadas presentes en la Cámara de Senadores. A los periodistas
que lo seguimos con asiduidad en su laboreo cotidiano, nos complace
plenamente este discernimiento del Senado a favor de un colega
de toda una vida, en una época llena de atentados, acechanzas
y presiones contra el ejercicio del periodismo, tanto desde los
ámbitos oficiales como desde los poderes fácticos.
Todo un símbolo, toda una respuesta a quienes menosprecian
la labor del analista y comentarista político desde las
filas de la información periodística.
pojulio2@gmail.com |