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vemos las cosas como son, las vemos de acuerdo con
nuestro modo de ser. Anaïs Nin
En el número de octubre de 2007, Selecciones de Reader's
Digest publica una encuesta sobre lo que irrita a los mexicanos,
realizada, según la revista citada, a través de
su página de Internet en la que participaron 3 mil 328
hombres y mujeres de todo el país. De este sondeo sobre
los entornos, personas, situaciones y circunstancias que tienden
a sacarnos de quicio, se obtuvo una lista de las diez cosas que
molestan más a los mexicanos cuando está en la calle,
en la casa, al volante, en el trabajo, consultando Internet o
utilizando los servicios públicos.
Según el sondeo realizado, uno de cada dos mexicanos consideró
la calle como el ámbito que genera más situaciones
de enojo, salvo los habitantes del sureste del país quienes
consideraron su trabajo el lugar donde más fácilmente
llegan a perder los estribos, y sus colegas como las personas
que los hacen enojar con mayor facilidad. Para los primeros el
trabajo ocupa el segundo lugar como generador de situaciones irritantes.
Las mujeres, a decir del sondeo, demostraron más irritabilidad
en las tareas diarias del hogar mientras para los adolescentes
el hogar es simplemente la fuente de mayores fastidios. Los hombres,
en cambio, se molestan más cuando van al volante. Entre
las situaciones más molestas para casi todos están
las provocadas por los conductores de taxis y de transportes públicos
por sus imprudencias, seguidos por los vendedores y los que atienden
los servicios al cliente. Después siguen los coches estacionados
en doble fila y los agentes de tránsito cuando agudizan
la carga vial.
En casa, coincidieron la mayoría, lo que más les
molesta es que usen sus pertenencias sin permiso, las amas de
casa que nadie le ayude a recoger la mesa, la persona que cambia
constantemente los canales de la tele, los vecinos ruidosos y
los vendedores que tocan a la puerta. En otro plano, sobre todo
en los menores de 20 años, les molesta la falta de respeto
de los hombres hacia las mujeres, los trámites que no especifican
claramente qué papeles requieren, la gente que se cuela
en las filas y la impuntualidad.
No ceder el asiento a personas vulnerables, el maltrato físico
o verbal hacia los niños, la basura tirada en las calles
y banquetas, los policías que piden “mordida”,
las calles sin nombre, los semáforos mal sincronizados,
los autos mal estacionados y, cuando salen a divertirse, el servicio
lento y la necesidad de hacer fila para utilizar algún
servicio.
Algunas costumbres fueron comparadas con otras análogas
de otros países y el grado de irritación que provocan,
pero concluye el artículo que “a los mexicanos, definitivamente,
nos molesta más… la gente que prefiere callar en
lugar de hablar muy fuerte y claro para denunciar la corrupción,
[y] las… violaciones de tantas normas de convivencia social...
”.
En las respuestas no aparecen referencias a la burocracia, a la
desigualdad social, la mala administración de la justicia,
el deterioro ambiental, el abuso de poder, la continua falta de
respeto hacia los demás, cual si en México fuera
muy natural la falta de respeto por el prójimo y la carencia
de una educación ciudadana… y lo peor: que se gozan
los propios defectos.
Claro que ésta no es la conducta total del mexicano. El
mexicano, dice Francisco González Pineda en “El mexicano:
psicología de su destructividad” crea con frecuencia
una relación contradictoria, pues mientras por un lado
pretende amar por otro produce lejanía o sobreprotección
amorosa y culpable. Se pretende amar mucho y sin embargo el niño
mexicano es fácilmente abandonado a su soledad o a segundas
o terceras manos. Más tarde, cuando ya hay comunicación
verbal y el niño ha sido frustrado en numerosas áreas
por madre, padre y hermanos, la relación más frecuente
en México es la de mentir al niño con extraordinaria
frecuencia y, en cambio, exigirle la verdad, siempre a base de
castigo o produciéndole la sensación de culpabilidad.
El hijo es vivido –continúa González Pineda–
como posesión, cosa totalmente poseída por la madre
y el padre, cosa para ser usada por ellos, cosa por lo tanto con
pocos o ningunos derechos. En cuanto al comportamiento colectivo,
Samuel Ramos, en “El perfil del hombre y la cultura en México”
manifiesta que “Platón sostenía que el Estado
es una imagen agrandada del individuo… en efecto, el mexicano
se comporta en su mundo privado lo mismo que en la vida pública”.
gnietoa@hotmail.com
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