DEMOCRACIA, VALORES Y EDUCACIÓN

Gilberto Nieto Aguilar
05/Octubre/2008

 
Lo que molesta a los mexicanos

No vemos las cosas como son, las vemos de acuerdo con
nuestro modo de ser. Anaïs Nin

En el número de octubre de 2007, Selecciones de Reader's Digest publica una encuesta sobre lo que irrita a los mexicanos, realizada, según la revista citada, a través de su página de Internet en la que participaron 3 mil 328 hombres y mujeres de todo el país. De este sondeo sobre los entornos, personas, situaciones y circunstancias que tienden a sacarnos de quicio, se obtuvo una lista de las diez cosas que molestan más a los mexicanos cuando está en la calle, en la casa, al volante, en el trabajo, consultando Internet o utilizando los servicios públicos.
Según el sondeo realizado, uno de cada dos mexicanos consideró la calle como el ámbito que genera más situaciones de enojo, salvo los habitantes del sureste del país quienes consideraron su trabajo el lugar donde más fácilmente llegan a perder los estribos, y sus colegas como las personas que los hacen enojar con mayor facilidad. Para los primeros el trabajo ocupa el segundo lugar como generador de situaciones irritantes.
Las mujeres, a decir del sondeo, demostraron más irritabilidad en las tareas diarias del hogar mientras para los adolescentes el hogar es simplemente la fuente de mayores fastidios. Los hombres, en cambio, se molestan más cuando van al volante. Entre las situaciones más molestas para casi todos están las provocadas por los conductores de taxis y de transportes públicos por sus imprudencias, seguidos por los vendedores y los que atienden los servicios al cliente. Después siguen los coches estacionados en doble fila y los agentes de tránsito cuando agudizan la carga vial.
En casa, coincidieron la mayoría, lo que más les molesta es que usen sus pertenencias sin permiso, las amas de casa que nadie le ayude a recoger la mesa, la persona que cambia constantemente los canales de la tele, los vecinos ruidosos y los vendedores que tocan a la puerta. En otro plano, sobre todo en los menores de 20 años, les molesta la falta de respeto de los hombres hacia las mujeres, los trámites que no especifican claramente qué papeles requieren, la gente que se cuela en las filas y la impuntualidad.
No ceder el asiento a personas vulnerables, el maltrato físico o verbal hacia los niños, la basura tirada en las calles y banquetas, los policías que piden “mordida”, las calles sin nombre, los semáforos mal sincronizados, los autos mal estacionados y, cuando salen a divertirse, el servicio lento y la necesidad de hacer fila para utilizar algún servicio.
Algunas costumbres fueron comparadas con otras análogas de otros países y el grado de irritación que provocan, pero concluye el artículo que “a los mexicanos, definitivamente, nos molesta más… la gente que prefiere callar en lugar de hablar muy fuerte y claro para denunciar la corrupción, [y] las… violaciones de tantas normas de convivencia social... ”.
En las respuestas no aparecen referencias a la burocracia, a la desigualdad social, la mala administración de la justicia, el deterioro ambiental, el abuso de poder, la continua falta de respeto hacia los demás, cual si en México fuera muy natural la falta de respeto por el prójimo y la carencia de una educación ciudadana… y lo peor: que se gozan los propios defectos.
Claro que ésta no es la conducta total del mexicano. El mexicano, dice Francisco González Pineda en “El mexicano: psicología de su destructividad” crea con frecuencia una relación contradictoria, pues mientras por un lado pretende amar por otro produce lejanía o sobreprotección amorosa y culpable. Se pretende amar mucho y sin embargo el niño mexicano es fácilmente abandonado a su soledad o a segundas o terceras manos. Más tarde, cuando ya hay comunicación verbal y el niño ha sido frustrado en numerosas áreas por madre, padre y hermanos, la relación más frecuente en México es la de mentir al niño con extraordinaria frecuencia y, en cambio, exigirle la verdad, siempre a base de castigo o produciéndole la sensación de culpabilidad.
El hijo es vivido –continúa González Pineda– como posesión, cosa totalmente poseída por la madre y el padre, cosa para ser usada por ellos, cosa por lo tanto con pocos o ningunos derechos. En cuanto al comportamiento colectivo, Samuel Ramos, en “El perfil del hombre y la cultura en México” manifiesta que “Platón sostenía que el Estado es una imagen agrandada del individuo… en efecto, el mexicano se comporta en su mundo privado lo mismo que en la vida pública”.

gnietoa@hotmail.com


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