PUNTO DE VISTA

Filiberto Vargas Rodríguez
24/Julio/2008

 

Veracruz, pintado de rojo

El rojo.
¡El maldito rojo!
Un tema que ya se ha tratado en este espacio pero que obliga a retomarlo, por esa debilidad del gobernador veracruzano por justificar con dislates su perversa estrategia de propaganda política.
En las artes visuales se establece que, de hecho, el color no existe, no es una característica del objeto, sino una “apreciación subjetiva”.
Se trata de una sensación que se produce en respuesta a la estimulación del ojo y de sus mecanismos nerviosos, por la energía luminosa de ciertas longitudes de onda.
Cuando percibimos un objeto de un determinado color, significa que la superficie de ese objeto refleja una parte del espectro de luz blanca que recibe y absorbe las demás.
En publicidad, el color asume un papel importante. El publicista presenta el producto mediante la forma, pero añade las cualidades del color. El color puede llegar a ser la traducción visual de nuestros sentidos, o despertar éstos.
En la identidad, las empresas u organismos pueden hacer que el color sea el principal elemento de su identidad. Si el color se emplea de manera uniforme en una serie de elementos de la identidad, se termina convirtiendo en la rúbrica de la empresa.
El lenguaje de los colores significa que éstos no sólo se supeditan a representar la realidad en imagen, sino que también pueden hablar.
Cada color posee su propio significado.
La psicología de los colores fue ampliamente estudiada por Johann Wolfgang von Goethe, quien examinó el efecto del color sobre los individuos:
Sobre el rojo –tema que nos ocupa- advierte que éste significa vitalidad, es el color de la sangre, de la pasión, de la fuerza bruta y del fuego.
Expresa sensualidad, virilidad, energía; es exultante y agresivo.
El rojo es el símbolo de la pasión ardiente y desbordada, de la sexualidad y el erotismo.
Este color, sin embargo, puede significar cólera y agresividad. Se le puede relacionar con la guerra, la sangre, la pasión, el amor, el peligro, la fuerza y la energía.
Yo agregaría una característica más: En grandes dosis, el rojo produce un intenso dolor de cabeza.
En su visita, Elba Esther Gordillo revivió la eterna discusión respecto a necedad del gobierno estatal por pintar la entidad de rojo.
Rojas las escuelas, los hospitales, los edificios públicos, los taxis, los uniformes de la burocracia, los uniformes deportivos de las representaciones estatales (borrando de un plumazo el prestigio de la “Ola Verde”), las sillas de rueda, los paraguas, las mochilas, las gorras, las camisetas, las chamarras, las “mangas de hule”, las rosas para adornar las iglesias… En fin.
Qué bueno que a estas alturas, cuando su poder declina, el Gobernador de Veracruz reconozca que hoy lo que les interesa a los veracruzanos es “que haya seguridad (que no la hay) y cesen las ejecuciones (que no han cesado); que no haya levantones (que los sigue habiendo) y que no haya secuestros (que se siguen registrando). Le interesa a la familia que no haya asaltos” (que, lamentablemente, los sigue habiendo).
Qué bueno que ahora, cuando ya va de salida, nos enteramos que al mandatario veracruzano “ni le gustaba el rojo” y que esta tonalidad llegó a él “por alguna otra cuestión” y “pegó”.
Una última observación, señor Gobernador.
Efectivamente, la fiesta de Xico se pintó de rojo. Quizás a usted 14 heridos en una hora le parezca poco.
Tal vez no le informaron bien. No es posible que usted diga, sin sonrojarse, que “a ninguno le pasó nada”. Quiero informarle que Arturo Espinoza, un colega nuestro, fue atacado por uno de los toros y su situación es delicada. Tal vez usted no lo sabía, de otra manera no hablaría de que “no hubo ni una gota de sangre”.
Xico se tiñó de rojo, del mismo rojo que usted ha pintado Veracruz, no sólo con sus ridículos letreros y chocantes edificios.
Usted ha pintado de rojo-sangre Veracruz, porque no ha sido capaz de contener la violencia, el crimen organizado y la impunidad.
El rojo: ¡Ese maldito rojo!

(filivargas@yahoo.com.mx)


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