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El rojo.
¡El maldito rojo!
Un tema que ya se ha tratado en este espacio pero que obliga a
retomarlo, por esa debilidad del gobernador veracruzano por justificar
con dislates su perversa estrategia de propaganda política.
En las artes visuales se establece que, de hecho, el color no
existe, no es una característica del objeto, sino una “apreciación
subjetiva”.
Se trata de una sensación que se produce en respuesta a
la estimulación del ojo y de sus mecanismos nerviosos,
por la energía luminosa de ciertas longitudes de onda.
Cuando percibimos un objeto de un determinado color, significa
que la superficie de ese objeto refleja una parte del espectro
de luz blanca que recibe y absorbe las demás.
En publicidad, el color asume un papel importante. El publicista
presenta el producto mediante la forma, pero añade las
cualidades del color. El color puede llegar a ser la traducción
visual de nuestros sentidos, o despertar éstos.
En la identidad, las empresas u organismos pueden hacer que el
color sea el principal elemento de su identidad. Si el color se
emplea de manera uniforme en una serie de elementos de la identidad,
se termina convirtiendo en la rúbrica de la empresa.
El lenguaje de los colores significa que éstos no sólo
se supeditan a representar la realidad en imagen, sino que también
pueden hablar.
Cada color posee su propio significado.
La psicología de los colores fue ampliamente estudiada
por Johann Wolfgang von Goethe, quien examinó el efecto
del color sobre los individuos:
Sobre el rojo –tema que nos ocupa- advierte que éste
significa vitalidad, es el color de la sangre, de la pasión,
de la fuerza bruta y del fuego.
Expresa sensualidad, virilidad, energía; es exultante y
agresivo.
El rojo es el símbolo de la pasión ardiente y desbordada,
de la sexualidad y el erotismo.
Este color, sin embargo, puede significar cólera y agresividad.
Se le puede relacionar con la guerra, la sangre, la pasión,
el amor, el peligro, la fuerza y la energía.
Yo agregaría una característica más: En grandes
dosis, el rojo produce un intenso dolor de cabeza.
En su visita, Elba Esther Gordillo revivió la eterna discusión
respecto a necedad del gobierno estatal por pintar la entidad
de rojo.
Rojas las escuelas, los hospitales, los edificios públicos,
los taxis, los uniformes de la burocracia, los uniformes deportivos
de las representaciones estatales (borrando de un plumazo el prestigio
de la “Ola Verde”), las sillas de rueda, los paraguas,
las mochilas, las gorras, las camisetas, las chamarras, las “mangas
de hule”, las rosas para adornar las iglesias… En
fin.
Qué bueno que a estas alturas, cuando su poder declina,
el Gobernador de Veracruz reconozca que hoy lo que les interesa
a los veracruzanos es “que haya seguridad (que no la hay)
y cesen las ejecuciones (que no han cesado); que no haya levantones
(que los sigue habiendo) y que no haya secuestros (que se siguen
registrando). Le interesa a la familia que no haya asaltos”
(que, lamentablemente, los sigue habiendo).
Qué bueno que ahora, cuando ya va de salida, nos enteramos
que al mandatario veracruzano “ni le gustaba el rojo”
y que esta tonalidad llegó a él “por alguna
otra cuestión” y “pegó”.
Una última observación, señor Gobernador.
Efectivamente, la fiesta de Xico se pintó de rojo. Quizás
a usted 14 heridos en una hora le parezca poco.
Tal vez no le informaron bien. No es posible que usted diga, sin
sonrojarse, que “a ninguno le pasó nada”. Quiero
informarle que Arturo Espinoza, un colega nuestro, fue atacado
por uno de los toros y su situación es delicada. Tal vez
usted no lo sabía, de otra manera no hablaría de
que “no hubo ni una gota de sangre”.
Xico se tiñó de rojo, del mismo rojo que usted ha
pintado Veracruz, no sólo con sus ridículos letreros
y chocantes edificios.
Usted ha pintado de rojo-sangre Veracruz, porque no ha sido capaz
de contener la violencia, el crimen organizado y la impunidad.
El rojo: ¡Ese maldito rojo!
(filivargas@yahoo.com.mx) |